El Señor le dijo a Saúl:
«¿Quiere el Señor holocaustos y sacrificios
o quiere que se obedezca su voz?
La obediencia vale más que el sacrificio;
la docilidad, más que la grasa de carneros.
Como pecado de hechicería es la rebeldía;
como crimen de idolatría es la contumacia".
Un tema que, para todos, es muy urticante: la obediencia a Dios. Nos gusta, quizás, todo lo que atañe a nuestra religión, a nuestra fe, a lo que podemos pedir y a lo que nos puede dar el Señor, pero cuando nos pide algo que no nos gusta, o cuando Su Voz dice algo que no está dentro de nuestros parámetros, simplemente hacemos lo que nos da la gana. Preferimos ofrecerle cualquier otra cosa al Señor, menos la negación a nosotros mismos, que es lo que implica la obediencia.
Por que obedecer implicar renunciar a nuestro yo, a nuestro querer, a lo que nos parece, a lo que nos gusta, y ponernos a trabajar, primero en la escucha de Su Palabra para luego poder hacer Su Voluntad. Claro que no es fácil. Claro que resulta difícil hacer la Voluntad de Dios, pero ése es el Camino que hemos decidido recorrer cuando hemos decidido ser cristianos.
Quizás no desobedezcamos a Dios haciendo grandes y crueles pecados, sino que muchas veces la desobediencia está en no escuchar Su Voz, en hacer oídos sordos a lo que Dios nos dice en Su Palabra, en lo que Dios nos dice por nuestros hermanos, en lo que Dios nos dice a través de los signos de los tiempos. Porque, simplemente, creemos que ser cristianos es cumplir con ciertos requisitos sociales: bautismo, comunión, misa, alguna que otra oración por ahí, y alguna que otra cosilla con olor cristiano.
Pero no, no creo que Jesús haya querido nacer, crecer, predicar, y entregarse a la muerte de Cruz para que nosotros simplemente pongamos "cara de cristiano" y tengamos el corazón vacío de Cristo.
No, Jesús no se entregó para poner un remiendo a una religión que se había quedado sin Dios, sino que por su muerte y resurrección nos dio la posibilidad de re-crear al Hombre, de transformarnos en Hombres Nuevos, con mentalidad nueva basada en la Palabra de Dios, Palabra Viva y Verdadera, que da Vida y renueva la Faz de la Tierra. Y así no "sólo quien dice: ¡Señor, Señor! entrará en el Reino de los Cielos, sino quien escuche la Palabra de Dios y la practique".
Claro que para eso tenemos que creer que La Palabra de Dios, es Palabra de Dios y no solamente palabra de hombres religiosos, porque la palabra de los hombres no da Vida, en cambio la Palabra de Dios da Vida Nueva. Y es esa Palabra la que hace de la vida vieja, una Vida Nueva llena de Luz, capaz de iluminar las tinieblas del Mundo para que el Hombre encuentre el Camino a la Paz, al Amor, a la Vida.
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