sábado, 23 de enero de 2016

El sentido de nuestra entrega

Hoy me ha gustado mucho una frase de San Ireneo:
"Por lo que se refiere a Dios nada hay sin sentido, nada que no tenga su significado y su razón de ser. Y por esto los antiguos hombres debían consagrarle los diezmos de sus bienes; pero nosotros, que ya hemos alcanzado la libertad, ponemos al servicio del Señor la totalidad de nuestros bienes, dándolos con libertad y alegría, aun los de más valor, pues lo que esperamos vale más que todos ellos; echamos en el cepillo de Dios todo nuestro sustento, imitando así el desprendimiento de aquella viuda pobre del evangelio".
Por dos cosas me parece buena para reflexionar esta frase. Una de ellas es lo primero que dice: en "Dios nada hay sin sentido, nada que no tenga su significado y su razón de ser". Claro que nosotros queremos que en el acto le encontremos sentido y explicaciones a las cosas que nos pasan o que pasan en la vida de otros y que nos duelen a nosotros, pero no todo lo podemos responder tan instantáneamente como quisiéramos, sino que todo en Dios, aparte del sentido y significado, todo tiene su tiempo.
Si ante las cosas que suceden nos detenemos más tiempo en la oración y la reflexión, no es que le encontremos rápidamente el sentido, sino que encontraremos la paz necesaria para que podamos aceptar el sentido y el significado que las cosas que Dios nos pide o permite vivir tienen.
Muchas veces creemos que todo tiene que tener un sentido y significado, o mejor dicho, que todo lo tenemos que entender, pero muchas veces, como dice el Evangelio de María tenemos que guardar las cosas en el silencio del corazón, pues es allí donde se nos ayudará a ver su sentido y significado.
Y la otra cosa que me gusta de este párrafo de San Ireneo es acerca de la ofrenda que le hacemos al Señor, pero no sólo la ofrenda de nuestros bienes materiales, sino la ofrenda de nuestra vida. Y mirad: los esclavos se rigen por el rigor de las órdenes, en cambio los libres viven en la libertad de su voluntad. Pero muchas veces que no le entregamos al Señor nuestra libertad, sino que sólo le damos lo justo para cumplir: en minutos para rezar, en minutos para ir a misa, en minutos para... En cambio Él libremente nos entregó su Vida para que nosotros tuviéramos vida en abundancia, pero sólo la tendremos en abundancia si abundantemente nos entregamos a Él y, como María, dejamos que Él obre según Su Voluntad.
Él fue generoso en su entrega, por eso nos pide que también seamos generosos entregándonos a Él.

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