Para finalizar el tiempo de Navidad, la liturgia nos regala una hermosa fiesta: El Bautismo del Señor, la tercera manifestación de Dios hacia Su Hijo, pero también, el gesto hermoso de Jesús de querer hacer lo que todos sus hermanos hacían, no por necesidad sino para ser Fiel al Padre.
Un gesto: ser bautizado por Juan para renovar y transformar un bautismo de agua en un bautismo de fuego y en el Espíritu Santo.
Y miremos la hermosa imagen de sumisión de Jesús, hombre-Dios, que aceptando la Voluntad del Padre, también se deja transformar y así, el Padre, da testimonio de la Verdad del Hijo: "Este es mi Hijo amado, mi predilecto".
No sólo esta imagen, sino esta misma realidad sucede el día de nuestro bautismo. Cuando el agua, ya purificada por Jesús, toca nuestra cabeza se abren los Cielos para que el Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos transforme en hijos a imagen del Hijo, de hombres en hijos de Dios.
Pero también ese día, el de nuestro bautismo, aunque no lo escuchemos con los oídos del cuerpo, pero resuena en nuestra alma la Voz del Padre: este es mi hijo amado, mi predilecto. Y es Él quien nos da Su Espíritu para ver en nosotros el rostro de su Hijo, pero para llamarnos a cada uno por nuestro propio nombre, y cuidarnos a cada uno como amó a Su Hijo.
Por eso, el día de nuestro bautismo es tan importante, por que a partir de ese día nacemos a la Vida Nueva. Así como a partir de ese día comenzó la vida pública de Jesús, a partir de nuestro bautismo comienza nuestra misión de anunciar con nuestra vida el gozo de ser hijos de Dios.
A partir del bautismo del Jordán Jesús comienza a predicar y anunciar el Reino de los Cielos, el Camino hacia el Padre, el gozo de la salvación; por eso, a partir de ese día, el de nuestro bautismo, comienza para nosotros un nuevo Camino: ser testimonio vivo y gozoso de haber sido salvados por el Amor de Dios.
El bautismo es una Gracia: nos hace hijos de Dios; pero también es una misión: somos portadores de una Nueva Noticia, del Evangelio de Jesucristo, y hemos de anunciarlo hasta los confines de la tierra.
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