Hermosa unión de las dos lecturas: sabiduría y elección de los apóstoles. Unas lecturas que nos vienen de maravillas a cada uno de nosotros, y sobre todo en estos tiempos que vivimos.
¿Por qué nos vienen bien las dos lecturas? Primero para recordar que, como a aquellos apóstoles, también Jesús nos llamó a nosotros, a cada uno de nosotros: "no fuisteis vosotros quienes me eligieron, sino que Yo los elegí y los destiné para que vayan y den fruto". Porque nuestra vida, como la de ellos, es la de anunciar la Buena Noticia que Él nos trajo, cada uno en su propio estilo de vida: laico o sacerdotal o religioso, pero todos anunciamos el mismo mensaje de salvación.
Y en este Camino necesitamos algo muy especial que, con el tiempo moderno en el que vivimos, se nos olvida, pues estamos muy inmersos en el ritmo del mundo sin recordar que no somos del mundo. Por eso, la liturgia hoy nos recuerda qué es lo importante o, mejor, que es lo que más necesitamos en nuestra vida (y no sólo en la vida de los que creemos en Dios, sino en la vida de todo hombre): sabiduría, no sólo la sabiduría que vamos adquiriendo con los años, sino la Sabiduría que viene de Dios para aquellos que hemos sido elegidos por Él para llevar Su Mensaje.
Claro que, junto a la sabiduría, como bien dice el libro: viene la prudencia, que es también, una de las virtudes que menos destacan en la vida de muchos de nosotros. Pero, creo, que las dos andan siempre juntas, porque la prudencia nos hace sabios, y la sabiduría nos hace prudentes. Por eso no hay que confundirlas con otras falsas virtudes que tenemos y de las cuales nos gloriamos.
¿Cuáles? Más de una vez decimos: es que yo soy muy sincero y digo la verdad siempre, siempre digo todo lo que pienso. Y, realmente, ahí no se nota la virtud de la prudencia o de la sabiduría, sólo se descubre un rasgo de (muchas veces) imprudencia porque no siempre puedo decir todo lo que pienso en cualquier momento, y, por supuesto, debo pensar a quién se lo digo y cómo se lo digo. Por que... ¿a tí te gustaría que te hablen así como hablas tú "tan fría y tajantemente"?
Y otras tantas, que sería muy largo exponerlas aquí...
Por eso, en nuestra oración cotidiana hemos de pedir estas dos virtudes que embellecen nuestra vida, nuestro actuar: prudencia y sabiduría.
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