lunes, 1 de diciembre de 2025

No soy digno

Pero el centurión le replicó:
«Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace».
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían:
«En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos».
En esta profesión de fe, según lo que dice Jesús, encontramos dos reflexiones (se me ocurre).
La primera es ver el por qué y de dónde sale que en la Misa, también nosotros decimos: "no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme". Es la expresión que utiliza el Centurión al pedirle a Jesús un milagro. Y ¿por qué le dice que no vaya a su casa? Porque el centurión sabe que si un judío entraba en su casa quedaba impuro, y quiere evitarle a Jesús esa situación. Pero, además, eso le hace pronunciar no sólo un gran acto de fe, sino también de obediencia, por un lado a las leyes judías y, por otro, a la palabra de Jesús. Sabe que sus palabras son obedecidas por la fuerza que tienen y de quién salen, y por eso confía en esa fuerza que tienen sus palabras.
Esa profesión de fe que hace el Centurión Jesús la alaba y esa es la otra reflexión: a veces los que están más alejados de Jesús, o más alejados de la fe o de la Iglesia, son, quizás, los que más pueden llegar a confiar en la fuerza de la Palabra de Jesús. No son pocos los que no se acercan a la Iglesia o a la fe en Jesús, porque se saben muy "pecadores" o saben lo difícil que es vivir el Evangelio y por eso no quieren ser incoherentes con lo que pueden llegar a decir que viven.
Por eso, cuando digamos en la Misa esas palabras del Centurión pensemos en lo que estamos diciendo, pensemos que son un gran acto de fe en Jesús, más aún cuando vamos a recibirlo en Eucaristía, pues ahí estamos diciendo que creemos en el Misterio de la Fe que tenemos delante de nuestros ojos, y que ese Misterio se hace vida en nosotros para que Su Vida sea anunciada y pronunciada por nuestra vida en todo el mundo, en cada momento, y en cada día.

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