«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta:
«Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros"».
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer".
Último domingo del tiempo de Adviento y ya próximos a la Navidad y la liturgia nos vuelve a ayudar a meditar sobre la disponibilidad de un corazón justo que confía en la Palabra del Señor.
José como María confiaron, casi a ciegas, en la voluntad de Dios. Digo casi a ciegas porque no fue el mismo Dios quien les habló sino que ha sido por medio de los instrumentos que el Señor ha querido utilizar, y, ni tampoco del modo que a uno le hubiera gustado que se manifieste el Señor. Sobre todo a José vemos que no le habló, como a María, directamente el Ángel sino que lo hizo en los sueños de José. Sueños que le permitieron colaborar de un modo extraordinario en la Obra de Salvación que Dios Padre había dispuesto para sus hijos los hombres.
Esa disponibilidad silenciosa de José nos hace pensar en nuestra disponibilidad a la Voluntad de Dios que, muchas veces, no aceptamos porque no ha venido del modo que queremos sino que se nos ha manifestado por medio de quién, quizás, no esperábamos una palabra, un gesto, e, incluso, de quien no quisiéramos ni oír una palabra.
Sin embargo, el Padre, sabe cuándo y de qué modo quiere hacernos llegar su Voz, y, por eso nos pone como ejemplos en la vida, especialmente a José para que nos guíe en ese camino de la disponibilidad silenciosa, de la instrumentalidad presurosa porque no dejó pasar el tiempo para hacer lo que Dios le pedía, sino que, como María, presuroso se levantó para hacer lo que el Padre le pedía realizar.
En estos tiempos de tanta necesidad de ruidos, de voces, de exponer nuestra vida para que otros vean cómo hacemos las cosas, Dios nos invita a meditar en el silencio instrumental de José, de ver en él la calma y la seguridad con la que se aceptar, en todo momento, y por medio de instrumentos creíbles, la Voluntad de Dios.
Así también nos lo hace ver san Pablo en la carta a los romanos:
"Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para el Evangelio de Dios, que fue prometido por sus profetas en las Escrituras Santas y se refiere a su Hijo, nacido de la estirpe de David según la carne, constituido Hijo de Dios en poder según el Espíritu de santidad por la resurrección de entre los muertos: Jesucristo, nuestro Señor.
Por él hemos recibido la gracia del apostolado, para suscitar la obediencia de la fe entre todos los gentiles, para gloria de su nombre. Entre ellos os encontráis también vosotros, llamados de Jesucristo".
"Suscitar la obediencia de la fe entre todos los gentiles", así ha de ser nuestra vida en este mundo en tinieblas, somos testigos de la Buena Noticia de Jesús, y lo mostramos con una vida de obediencia a la voluntad del Padre.
domingo, 21 de diciembre de 2025
Obediencia silenciosa
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.