miércoles, 10 de diciembre de 2025

Muy quejicas

"¿Por qué andas diciendo, Jacob, y por qué murmuras, Israel:
«Al Señor no le importa mi destino, mi Dios pasa por alto mis derechos»?"
Desde tiempos antiguos, como vemos por el Profeta Isaías, el Señor se asombra de nuestras quejas, porque cuando viene algo que no nos gusta enseguida le ponemos las quejas a Dios, aunque, en algunos casos digamos que somos ateos igual le ponemos quejas a Dios. Las quejas están tan a tiro de nuestra lengua que no nos damos cuenta de lo quejicas que somos, y así vamos dañando nuestra confianza en el Señor.
Más en estos tiempos que vivimos en los que creemos que tenemos derechos y sólo exigimos, y a veces cosas que no nos corresponden, la queja está a la orden del día y con Dios más aún, porque olvidándonos de todos lo que nos ha dado le reprochamos cuando no nos da lo que pedimos o tenemos que aceptar lo que nos viene.
Y nos sigue diciendo, para fortalecer nuestra confianza:
"¿Acaso no lo sabes, es que no lo has oído?
El Señor es un Dios eterno que ha creado los confines de la tierra.
No se cansa, no se fatiga, es insondable su inteligencia.
Fortalece a quien está cansado, acrecienta el vigor del exhausto.
Se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren y no se fatigan, caminan y no se cansan".
Porque no siempre nos acordamos de lo que creemos o de lo que no hemos profundizado en nuestra fe, porque en el camino de la vida de fe, el Señor nos ha ido o nos ha querido enseñar cómo es Él, Jesús mismo nos ha hablado del Padre y nos ha querido llevar a vivir en esa confianza, sabiendo que Él mismo tuvo que aceptar el gozo y la tristeza, la alegría y el llanto, la fatiga y todo hasta abrazar el madero de la Cruz.
Por eso Jesús nos viene a decir:
«Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.
Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Y esto es para que lo meditemos en silencio, para que lo hablemos con Él para saber cuál es su yugo y cuál es su carga, si lo conoces y lo aceptas habrás encontrado la fuerza y el camino para alcanzar la santidad.

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