sábado, 6 de diciembre de 2025

Trabajadores del Señor

Entonces dice a sus discípulos:
«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».
Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia.
A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
«Id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».
Hay dos exhortaciones de parte de Jesús en estos párrafos del Evangelio.
En primer lugar haciéndose eco de la situación del pueblo de Israel y de la gente que lo seguía nos hace ver que los que trabajan por el pueblo de Dios son pocos, por eso hay que orar para que los trabajadores sean más y que puedan atender las necesidades de la gente. Por eso nos envía a orar y pedir al Padre que envíe "trabajadores a su mies".
Así, pues, envía a sus discípulos, dándole su poder, a trabajar, a atender a "las ovejas descarriadas de Israel", para llevarles el mensaje de la Salvación, que es Su Propio mensaje: "el Reino de Dios está cerca, convertíos y creed en el Evangelio". Para ello les ha dado el poder de hacer los milagros necesarios, sobre todo para hacerle ver a la gente que el poder de Dios está en ellos y que, por eso, el Reino de Dios está cerca.
Por otro lado, junto con los discípulos, nos invita a nosotros mismos, que tenemos, también, el mismo Espíritu de Jesús a salir de nuestra comodidad y llevar a "las ovejas descarriadas" el mismo mensaje: "El Reino de Dios está cerca, convertíos y creed en el Evangelio". Claro que diréis: pero yo no tengo el poder de curar a los enfermos, de dar vista a los ciegos, etc. Claro que tenemos ese poder: sanando las heridas del pecado, de las divisiones, de las mentiras que acechan cada día el corazón de nuestros hermanos; de hacerles ver, con nuestra propia vida, cuál es el Camino Verdadero del Amor a Dios y del Amor de Dios, mostrarles y acompañarlos para que puedan encontrar, también ellos, el camino que los conduce a la Alegría del Evangelio.
Podemos, también, por medio de nuestra oración y del testimonio de nuestra vida, llevarlos hasta el Señor para que la fe, la esperanza o el amor que se ha muerto en sus corazones vuelva a resucitar y se encuentren, una vez más, con esos maravillosos que el Señor nos regala. También podemos ayudarlos a arrojar de sus vidas los demonios de la envidia, de la soberbia, del orgullo que nos distancia, que nos hace cada día gente solitaria y con más dolores y angustias en el corazón, haciendo que nos endurezcamos y levantemos muros que dividen y separan en nuestras familias, comunidades, pueblos y naciones.
Y todo ello porque "gratis lo hemos recibido y gratis lo hemos de dar", pues en el Bautismo y en los sacramentos recibimos los Dones de la Vida Nueva en Jesucristo, Dones que nos da el Señor gratuitamente y que nos ayudan a tener Vida y Vida en abundancia para que seamos, también nosotros, cada uno, trabajadores en la mies del Señor, trabajadores, discípulos de Cristo en medio de nuestro mundo.

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