"El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrará la estepa y florecerá como flor de narciso, festejará con gozo y cantos de júbilo.
Le ha sido dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón.
Contemplarán la gloria del Señor, la majestad de nuestro Dios".
El Profeta anima al Pueblo, le habla de esperanza y de gozo por lo que vendrá, pues siempre se necesita un horizonte más bello y brillante para el futuro, cuando el presente se presenta oscuro y sin brillo, cuando las esperanzas van perdiendo fuerza.
Pero también nos habla de un futuro totalmente Nuevo como nunca lo habían visto en sus tiempos, por eso este Domingo es Gaudete, de Gozo, de Alegría por que está cerca el cumplimiento de la Promesa del Señor.
Aquella Promesa que los Profetas narraban se hizo realidad en María de Nazaret y se dio a conocer en Belén: el nacimiento del Redentor, el nacimiento del Hijo de Dios, el Mesías, el Señor. Aquél Dios que se hizo hombre para venir a traernos la Buena Noticia del Amor de Dios, de que todo se cumplirá, de que nacerán los cielos nuevos y la tierra nueva, y que todo será posible para el que cree en Su Palabra.
No queda nada para celebrar el Nacimiento de Dios en la tierra, para celebrar el día en que el Cielo se une a la Tierra para hacer de la historia una historia de salvación, una historia donde nuestra vida estará unida a Su Vida y así llegaremos a ser hijos de Dios.
Por eso, también se nos invita a Esperar, pero no a sentarnos a esperar sino a vivir en Espera, pero no a una espera inactiva sino activa, una espera que vive en la Esperanza de construir un Hombre Nuevo porque ha sido divinizado por un Dios que se hizo hombre, y que nos enseñó el camino para llegar a Dios. Ya no tenemos que desobedecer a Dios y comer del fruto prohibido para ser como Él, sino que Él mismo nos dio su espíritu y nos divinizó para que, siguiendo sus pasos, alcancemos aquello que deseamos: la vida en Dios.
Como nos aconseja san Pablo "esperad con paciencia también vosotros, y fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca". Y a veces está tan cerca que no nos acercamos a Él y así vamos perdiendo la fuerza en la espera, vamos perdiendo la gracia en el dolor, la alegría en la vida, porque no sabemos esperar en el Señor, no sabemos vivir en Él. Cuando veamos que la esperanza pierde su color, cuando veamos que la alegría pierde su brillo, recurramos al que nos da la Vida Nueva, al Señor de Belén, y volvamos con Él a ser niños para creer en la Promesa, para que nos ayude a brillar con Su Luz y así poder decirle a los demás lo que hemos visto:
Jesús les respondió:
«Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los cojos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!».
domingo, 14 de diciembre de 2025
Id a anunciar
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