En aquel tiempo, dos ciegos seguían a Jesús, gritando:
«Ten compasión de nosotros, hijo de David».
Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos, y Jesús les dijo:
«¿Creéis que puedo hacerlo?».
Contestaron: «Sí, Señor».
Entonces les tocó los ojos, diciendo:
«Que os suceda conforme a vuestra fe».
Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente:
«¡Cuidado con que lo sepa alguien!».
Hay situaciones que, aunque nos lo diga Dios, no podemos ocultar porque la alegría llena el corazón e ilumina la vida, como en este caso. El milagro de Jesús le cambió tanto la vida a las dos personas que no podían no contarlo ¿cómo no contar la alegría que invadía su vida? ¿Cómo no contar aquello que hizo que sus vidas cambiara por completo?
Y ¿por qué sus vida cambió por completo? ¿Sólo por volver a ver? También. Pero ese también implica la fe en Jesús, porque Jesús no hizo el milagro sólo porque Él podía, sino por la fe de quienes se lo pedían: "¿creéis que puedo hacerlo? Sí, Señor". Y "que os suceda conforme a vuestra fe". Y volvieron a ver y no sólo volverían a ver el mundo tal y como es, sino que volvieron a ver con ojos llenos de fe en Aquél que les ha devuelto la vista.
Pero ¿no tenían todos la misma fe? Y no todos los ciegos han vuelto a ver, pues ese no era el fin de la Venida de Jesús, sino que se nos abrieran los ojos de la fe para ver el Camino de la Salvación.
El gran milagro es que podamos ver más allá de lo que vemos, y oír más allá de lo que escuchamos, porque la Palabra de Jesús es la que hace el milagro de que alcancemos una Vida Nueva, una Vida plena de sentido, no en el más allá, sino en el ahora y aquí. Que aquí y ahora podamos darle un sentido nuevo a nuestra vida porque la miramos con los ojos de la fe, con los ojos de Aquél que nos llamó a la vida y que, por Amor, nos quiere acompañar a encontrar el camino de la plenitud.
No, Jesús no nos va a quitar las piedras del camino, no nos quitará las obstáculos ni las cruces, pero nos dará Su Gracia para que podamos levantarnos y seguir, nos dará la Fuerza para que la Cruz no nos derriba y si lo hace nos dará su Mano para ayudarnos a seguir caminando, y, sobre todo, le dará el sentido de salvación que Él le dio a su propia Cruz.
Por eso, si creemos en Él no lo busquemos por los grandes milagros sino recurramos a Él para que nos acompañe en el caminar, y como a los discípulos de Emaús, nos vaya haciendo comprender y encontrar el sentido de lo que estamos viviendo y de lo que tenemos que vivir de acuerdo a la Voluntad del Padre.
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