sábado, 13 de diciembre de 2025

Mala cosa la ansiedad

 "Cuando bajaban del monte, los discípulos preguntaron a Jesús:
«¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?».
Él les contestó:
«Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido, y no lo reconocieron, sino que han hecho con él lo que han querido. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos».
Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista".
Cuando conocemos las profecías queremos saber exactamente qué es lo que dicen o a qué se refieren, sobre todo porque al saber qué dicen podemos saber a qué tiempo se refieren. Esa ha sido siempre la inquietud del hombre: conocer el tiempo exacto en que sucederán las cosas anunciadas. Pero, ya sabemos porque nos lo ha dicho Jesús, que nadie conoce el tiempo exacto salvo el Padre.
Igualmente, los discípulos al preguntarle a Jesús por la profecía del regreso de Elías querían saber cuándo sucedería o si ya se estaba por cumplir la profecía. Con la respuesta de Jesús creyeron entender que se refería a Juan Bautista, pero tampoco hacía referencia a él, pero ya se quedaron tranquilos.
La ansiedad es la que nos genera impaciencia y la impaciencia nos hace ver cosas que no son, pensar cosas que no son ciertas, nos produce temor ante lo que no conocemos y tantas otras cosas más. Pero, sobre todo, la ansiedad no nos permite vivir en el tiempo de Dios. La ansiedad como la impaciencia nos hacen vivir fuera del tiempo de Dios y nos llevan a no vivir en la Voluntad de Dios que nos pide que tengamos paciencia, que sepamos discernir su Voluntad y vivirla de acuerdo a lo que Él nos pide y nos va indicando. Por eso, cuando no somos pacientes no sabemos escuchar, porque la Voz del Padre sólo se escucha con un corazón en paz, con un corazón que sabe esperar y sobre todo que sabe encontrar el silencio en el tiempo para poder dialogar con el Padre.
Cuando el no saber nos lleva a ese plano de ansiedad es cuando no podemos escuchar, ni a Dios ni a los hermanos, porque lo único que queremos es escuchar lo que queremos escuchar y eso no es así, sino que debemos aprender a escuchar Su Voz y nuestros deseos. Y, como digo muchas veces, Dios tiene toda la eternidad pero nosotros vivimos en el tiempo, por eso siempre nos pide que confiemos en Él y no en nosotros mismos pues muchas veces nos engañamos a nosotros mismos y dejamos de vivir en Él.

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