"Desde los días de Juan el Bautista, hasta ahora el reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan. Los profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo.
El que tenga oídos que oiga».
Hay veces que no nos gusta oír ciertas palabras, y, menos, las de Jesús porque esas Palabras nos "obligan", en cierto modo, a intentar vivir. Aunque siempre encontramos el modo de dejarlas a un lado porque nos resulta urticante ponernos a hablar de ellas. Y éste es el caso: "el reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan". Claro está que no habla de la violencia mundana, de las guerras, peleas y todo eso que está en contra de la instauración del Reino de los Cielos que es Paz, Amor, Fraternidad, Justicia, Verdad, etc., sino de la violencia interna que nos debemos hacer para alcanzar la santidad.
Hay una violencia que, hoy en día, está tapada por aquello de que no hay que sufrir para ser cristiano, no hay que sufrir para ser bueno, no hay que sufrir... hay que disfrutar de la vida así como nos la muestra el mundo, pues ya tendremos tiempo para sufrir por otras cosas. Pero tampoco es el sufrir por sufrir porque Dios no quiere gente mazoquista en sus filas, sino hijos que realmente combatan el pecado en sí mismos y en el mundo, pero que tampoco tenemos que ser tirabombas contra el pecado, sino que nuestra misma vida es una luz para iluminar el pecado que existe en el mundo y poder quitarlo de en medio.
La violencia a la que se refiere Jesús es el mismo combate del que habla san Pablo: pero percibo en mis miembros otra ley que lucha contra la ley de mi razón, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mis miembros. Esa lucha interior es la que tendremos que librar todos los días para no dejar que el pecado avance en nuestra vida, sino que sea el Espíritu de Cristo el que vaya guiando nuestro día a día. Sabiendo que ese sufrimiento que nos produce el luchar contra la carne es el mejor de los sufrimientos pues le vamos ganando al pecado y alcanzamos al Vida esperada: "Pues considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará. Porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios; en efecto, la creación fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por aquel que la sometió, con la esperanza de que la creación misma sería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta hoy toda la creación está gimiendo y sufre dolores de parto. Y no solo eso, sino que también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo".
jueves, 11 de diciembre de 2025
Luchar por el Espíritu
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