lunes, 15 de diciembre de 2025

Astutos y mansos

En el evangelio de hoy vemos gráficamente cómo Jesús emplea aquel consejo que le dio a sus discípulos: "sed astutos como serpientes y mansos como palomas", pues Él mismo utiliza esa astucia y mansedumbre para no caer en la trampa que le están poniendo los sumos sacerdotes.
La astucia, que es una mezcla de inteligencia, cautela y prudencia, la utiliza Jesús para, también, hacerlos caer a ellos en la misma trampa que le están poniendo a Él: "Jesús les replicó:
«Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?».
No es que no quiera responder a la pregunta de los Sumos Sacerdotes lo que no quería es que por esa respuesta comenzaran a divulgar todo lo contrario, por eso utiliza la astucia para saber si están, ellos, dispuestos a contestar con la misma verdad o se ampararán en otra cosa. Además, como Jesús conoce las intenciones de sus corazones quiere hacerles ver que ellos no buscan la verdad sino que buscan acusarlo de algo que ya tienen preparado de antemano.
Y, también, por eso mismo los trata con calma, con mansedumbre, para no provocar una discusión que no llevará a ningún lado porque, también sabe, que no buscan la verdad y que tampoco van a comprender o querer entender o estar abiertos a la Verdad que Jesús les quiere mostrar.
Por eso, también a nosotros Jesús nos enseña a utilizar los medios necesarios para no caer en esas trampas que no llevan a ningún lado, sino que buscan, sobre todo, culpar al inocente o hacer caer en una discusión que puede provocar divisiones o desuniones innecesarias, sobre todo cuando alguien no está por la labor de querer saber la verdad.
A veces, cuando escuchamos estas frases de Jesús no lo aceptamos del todo porque no creemos que Él nos de estos consejos, pero no lo hace para que nosotros tendamos trampas a otros, sino para que no caigamos, nosotros mismos, en la trampa de los demás. Porque, si pensamos bien, Jesús no siempre actuó así, sino que cuando tenía que dar una respuesta concreta y real aunque le costase el dolor de la cruz la dio sin miramientos. Por eso, la prudencia y la inteligencia nos ayudan a discernir en qué momentos tenemos que defender una verdad y cuándo no, lo cual nos ayudará a educar, también, nuestro temperamento a la hora de no encendernos por cualquier cosa.
Así, al comenzar el día le pediremos al Espíritu Santo que nos ayude con el Don de la Templanza y Prudencia para que sepamos responder o callar en el momento oportuno.

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