martes, 9 de diciembre de 2025

La oveja perdida

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.
Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños».
Es cierto que los animales siguen por costumbre o por instinto la voz del pastor, se han acostumbrado a él y por eso lo siguen, aunque siempre hay alguno que se "despista" y se pierde, pero no lo hace por decisión propia sino por que ha descubierto algún otro pasto mejor o porque lo ha asustado algún otro animal.
Y creo que así también nos suele pasar a nosotros cuando nos acostumbramos a ser cristianos, no por convicción o sí al comienzo, pero nos hemos vuelto rutinarios y hemos perdido el "sabor" de lo divino de nuestra fe y cuando surgen algunas cosas que no nos gustan, o cuando tenemos problemas con otros cristianos, o cuando el mundo nos presenta un mejor panorama o algo más gustoso, entonces es cuando nos perdemos, pero no lo hacemos sin conciencia sino por decisión propia.
A diferencia de la oveja el dejar el rebaño en el que estamos viviendo es una decisión propia, quizás no bien pensada o discernida, pero es una decisión. Y ahí tenemos que, también el resto de la comunidad, descubrir el por qué la gente deja de pertenecer a la comunidad, por qué muchos se pierden en el camino y deciden irse a otras comunidades o abandonar, directamente, la fe.
Esas decisiones le corresponden tanto al pastor como a la comunidad, porque lo mismo que se dice de los matrimonios o parejas que se separan, todo es 50 y 50, nada es 100% culpabilidad de uno o de otro.
Y esto en atención a lo último que dice Jesús en este pasaje: "no es voluntad de vuestro Padre que se pierda ni uno de estos pequeños". Está claro que Jesús no habla de los niños, también, pero lo dice en el sentido de que todos somos pequeños ante Dios, todos necesitamos en todo momento de la ayuda de los demás y de la ayuda del Padre que está en el Cielo. Por eso, no sólo nos perdemos, muchas veces, por inconsciencia sino, también, por no haber madurado lo suficiente en nuestra fe porque alejarnos de Dios por culpa de los hombres es porque he puesto más la confianza en lo humano que en lo divino.
Pero esto no descarta que todos tengamos que poner "nuestras barbas en remojo" para saber qué hemos hecho y qué no para acompañar o no a nuestros hermanos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.