«¿A quién compararé esta generación?
Se asemeja a unos niños sentados en la plaza, que gritan diciendo:
"Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos entonado lamentaciones, y no habéis llorado".
Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: "Tiene un demonio". Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores".
Pero la sabiduría se ha acreditado por sus obras».
La indignación de Jesús por aquella gente que, constantemente, le pedía un signo, un milagro, para poder creerle es tan evidente que si volviera hoy ¿diría lo mismo? ¿Pensaría lo mismo de nosotros?
Creo que sí. Creo que se volvería a indignar y no con nuestra falta de fe, sino con las quejas que tenemos cada día que pasa. Siempre estamos quejándonos por algo o por alguien, no hay nada que nos conforme y nos llene la vida. Es más, hay, quizás, una generación que no tiene sentido para su vida y vive sin sentido, buscando en el ritmo acelerado de todos los días la satisfacción de hacer mucho para no obtener nada. Y no estoy hablando de los adolescentes o jóvenes, sino de adultos que viven contra reloj para alcanzar algo que nunca llegarán a tener porque se han olvidado de disfrutar de lo que tienen.
Hoy tenemos que detener ese tren de alta velocidad que no nos conduce a ningún lugar, y poner los pies sobre la tierra y el corazón en el cielo para poder ocuparnos de lo que en verdad importa, pues nadie se hará cargo del sentido de nuestras vidas más que nosotros mismos. Y nadie se hará cargo de llenar el vacío de la vida sino nosotros mismos.
Por eso debemos detener nuestras prisas y ponernos frente al Señor de la Vida y del Tiempo para que nos ayude a encontrarnos y a encontrar su Rostro para que, en el diálogo sincero y abierto, podemos volver a descubrir cuál es el sentido de nuestras vidas, cuál es Su Voluntad para que podamos alcanzar lo que deseamos.
Es cierto que, a veces, nos da miedo detenernos para descubrir que no hemos alcanzado lo que deseábamos y que hay un vacío que no sabemos cómo llenar, pero si no nos detenemos y miramos hacia adentro y descubrimos su Rostro nunca sabremos cómo seguir para encontrar lo que anhelamos, pues lo que anhelamos está en Su Corazón, y será Él quien nos anime y sostenga para llegar a la meta.
Hoy, como en Guadalupe, María sale a nuestro encuentro, la Madre viene como lo hizo con el indio Juan Diego a mostrarnos su amor incondicional y, si nos dejamos guiar por Su Mano, podremos alcanzar lo que el Padre quiere para nuestra vida. Y Ella nos dirá como a Juan Diego: ""Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, no dejes que nada te asuste ni te aflija, que no se turbe tu corazón... ¿No estoy aquí, yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo?".
Que María de Guadalupe nos sostenga y nos acompañe en la búsqueda de la Voluntad de Dios.
viernes, 12 de diciembre de 2025
Con María de Guadalupe
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