"Y entonces dijo Jesús:
«Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada».
Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él".
Al leer esta frase de Jesús me acordaba de aquella que, muchas veces, decimos nosotros: "sólo valoramos las cosas cuando las perdemos". Y eso le quería decir Jesús a los fariseos y escribas, que, mientras estaba con ellos buscaban con qué acusarlo para darle muerte y quitárselo del medio, pero sólo verían su divinidad luego de su muerte.
Así nos pasa, también, a nosotros, no somos capaces de valorar todo lo que tenemos hasta que lo perdemos o lo neceistamos. Con la fe en Cristo nos pasa lo mismo, no valoramos los misterios de nuestra fe, el valor que tiene el creer para darle un sentido verdadero a nuestras vidas, con sus dolores y alegrías, pero cuando nos llega un momento de mucha oscuridad o cruz, no sabemos qué hacer para que ocurra un milagro o no sabemos cómo poder encontrar la fortaleza necesaria para sobrellevar lo que se nos pide vivir.
Estamos a unos días de poder vivir la semana más importante de nuestra vida de Fe: la Semana Santa, y, para muchos cristianos, sobre todo católicos, es una semana de vacaciones. Algo que está bien en otro momento pero no en Semana Santa, pues es el momento de traer a la memoria lo que Jesús hizo por nosotros, de recordar cómo fue y qué alto fue su Amor por cada uno de nosotros.
Cuando levantemos en alto al Señor y veamos cómo entrega su vida al Padre para darnos Vida, podemos llegar a recordar que esa es la Verdadera Prueba de Amor que necesitamos para iluminar, fortalecer y darle esperanzas a nuestras vidas, sabiendo que Él es el Amor que se nos entrega y la Vida que se nos da, para que nosotros, como Él podamos, también, entregar nuestra vida por amor.
La Cruz seguramente nos dará pesar y nos hace sufrir cada vez que se acerca a nosotros, pero es también el instrumento que el Padre quiso para darnos la Vida, por eso, nuestras cruces unidas a la de Jesús, también dan vida cuando la ofrecemos por amor, como diría san Pablo: "ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia". Nada queda sin recompensa cuando lo unimos a la Cruz de Cristo y lo ofrecemos por amor al Padre para que lo utilice para el bien del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.