domingo, 10 de abril de 2022

Gritarán las piedras

Algunos fariseos que se encontraban entre la multitud le dijeron:
«Maestro, reprende a tus discípulos.»
Pero él respondió: «Les aseguro que, si ellos callan, gritarán las piedras.»
Con la Procesión del Viernes de Dolores hemos comenzado la Gran Semana de la Fe mostrando al mundo que queremos seguir siendo discípulos de Cristo, que nuestra Fe, aunque sea imperfecta, necesitamos mostrarla al mundo para que no sólo el mundo vea nuestra fe, sino para que nosotros también tomemos conciencia que debemos gritar nuestra fe a todos los hombres, pues nuestra fe es lo que nos mueve, nos estimula, nos fortalece, nos da esperanzas de un mundo mejor, de un mundo nuevo, un mundo donde brille la Luz del Amor a Dios y a los hermanos.
Somos nosotros los cristianos los que hemos sido llamados y convocados por Dios para llevar la Luz de la Verdad, de la Paz, de la Fraternidad, de la Justicia, de la Gracia a un mundo que quiere vivir en la mentira, en el error, en la discordia, en el egoísmo, en la injusticia de ideologías que no son igualitarias, sino que condenan a quienes piensan diferentes, y buscando el respeto no respetan. Somos nosotros a quienes el Señor nos dijo que seamos Luz, Sal y Fermento, por eso, en esta Semana llevamos nuestra Fe a las calles, salimos orgullosos de lo que creemos y de lo que, a pesar de nuestras dificultades, tropiezos y errores, queremos vivir: Fidelidad a Dios, a Su Voluntad para que Su Reino venga a la Tierra, y podamos construir un Reino de hermanos que se aman.
Así con la Entrada de Jesús en Jerusalén, comenzamos a vivir su Fidelidad a la Voluntad del Padre. Una Fidelidad que marca no sólo su Vida sino que es el Camino que el Padre eligió para que, también, marcara nuestras vidas, no para que suframos con Él sino para que resucitemos con él a una Nueva Vida en la Gracia, y libres del pecado nos orientemos por el Camino de la santidad, sabiendo que, “si eso han hecho con el leño verde, ¡qué no harán con el seco!”. Sí, la vida de fe de los cristianos es un espejo para la vida del mundo, y por eso, hoy más que nunca tenemos que volver a llenar las calles de nuestro pueblo con el aroma de la Fe, con el aroma de la alegría que da sabernos amados por un Dios que nos ha dado una Vida fundada en el Amor, para que sólo nos quedemos en cumplir con un mandato, sino en que nos esforcemos por vivir un vida de Amor.
Junto con aquellos de antaño digamos con alegría: ¡Bendito sea el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!


 

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