"Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro:
«Es el Señor».
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua".
Es una escena que me gusta mucho para pensar y reflexionar sobre nosotros mismos, en todos los sentidos.
El discípulo amado: puede referirse a cualquiera de nosotros, pues a todos y a cada uno en particular Dios nos ama, Jesús nos ama y dio su vida por nosotros. El discípulo amado amaba a Jesús (no como lo pintan algunos escritores) con una amor de reverencia, de admiración, de discípulo pues en Él, seguramente, había descubierto el sentido de su vida, le daba razones para creer y, sobre todo, desde que estaba junto a Él y a los demás apóstoles, su vida había cambiado. Pero, también, porque cuando se convive con alguien durante mucho tiempo, se lo escucha hablar, se lo comienza a querer (o a rechazar, depende de la personalidad, lo que en este caso no sucedió) Y cuando se ama de verdad, cuando se lo ha escuchado de corazón al otro, se coconoce su voz, sus pasos, su forma de expresarse.
El discípulo amado escuchó la Voz del Señor y lo dio a conocer. Nosotros ¿conocemos la Voz del Señor? O, mejor ¿amamos al Señor como lo amó el discípulo amado? ¿Podremos alzar la voz para decir ¡ahí está el Señor!?
Lo dijo de tal manera que a Pedro no le quedó otro remedio que tirarse al agua e ir en busca del Señor, pues aunque no lo citen como el discípulo amado, pero Pedro amaba a Jesús, lo respetaba, la admiraba, y, estaba seguro que daría su vida por él ¿no es acaso eso amor?
Y es ahí donde quiero llegar: ¿cómo anunciamos la presencia del Señor? ¿Anunciamos con alegría y gozo que el Señor está ahí, presente en la Eucaristía, como para que los demás quieran ir hacia Él? ¿Nuestras voces convencen a los demás de que Jesús es la razón de nuestra vida, nuestra piedra angular y que toda la vida la construimos sobre Él? ¿Amamos al Señor como lo hizo el discípulo amado o como Pedro? ¿Seremos capaces de renunciar a todo por seguirlo? ¿Podremos decir como Pedro "por tí daría mi vida"?
Sí, es una escena que tiene mucho para darnos y para hacernos pensar, pues nuestra vida como discípulos, como seguidores, de Jesús tiene que tener la fuerza y la valentía para poder anunciarlo con convicción, con palabras y obras, para que los que tengan el corazón abierto a creer puedan ver la luz que brota de nestra vida y palabras, que puedan descubrir que Él es la piedra angular para nuestras vidas.
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