"Pedro replicó:
«Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti».
Jesús le contestó:
«¿Con que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».
A veces nuestras intenciones son muy buenas y están llenas de fervor y entusiasmo, pero, con el tiempo o depende las circunstancias se vuelven nada y hacemos todo lo contrario. Las palabras que decimos o los juramentos que hacemos, en estos días, se vuelven aire y dejan de ser la base y el sentido de nuestras vidas.
El fervor de Pedro se disuelve cuando lo quieren acusar de estar junto a Jesús, y así lo niega tres veces. Así como nosotros, en el día a día, ¿cuántas veces lo negamos a Dios? ¿Cuántas veces negamos la Voluntad de Dios? O ¿cuántas veces negamos conocer la Voluntad de Dios y sus mandamientos?
Podemos, en la vida diaria ser muy fervorosos y seguidores de Jesús, pero cuando el mundo nos seduce y nos tienta, la mayor parte de las veces, dejamos de recordar lo que hemos prometido y hacemos lo que más nos gusta. No renunciamos a nuestra fe, eso está claro, pero tampoco hacemos el esfuerzo de ser más radicales a la hora de tomar decisiones que hacen a nuestra vida cristiana, a nuestra moral cristiana, a nuestro estado de vida, ya sea casado o consagrado. Nos dejamos llevar por el gusto o por los instintos sin ponernos a pensar en lo que, realmente, tenemos que ser o hacer.
Por suerte o por Gracia, Dios sabe lo imperfecto y débiles que somos, por eso nos pone las herramientas necesarias para poder volver a vivir lo que Él nos pide, y por la reconciliación nos da la Gracias suficiente para seguir caminando e intentando fortalecernos en el espíritu para vivir de acuerdo a su Voluntad.
Como Pedro siempre tendremos la oportunidad de "llorar amargamente" por nuestro pecado e infidelidad y volver a retomar el camino. Por eso mismo Jesús le dijo a Pedro: "he aquí que Satanás ha pedido zarandearos como a trigo, pero yo he rogado por tí, que tu fe no falte, y tu, una vez vuelto, confirma a tus hermanos".
Siempre tenemos oportunidad de volver, pero sólo yo mismo puedo volver, como el hijo prófigo que cuando tocó fondo se dio cuenta que tenía que volver a la Casa del Padre. Ojalá que siempre nos demos cuenta que el retorno al Camino, a renovar nuestras vidas de acuerdo a la Voluntad de Dios, es el mejor camino a tomar y es el que nos hará más fuerte en las tentaciones, caídas e infidelidades.
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