jueves, 14 de abril de 2022

No me lavarás los pies

"Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mi?».
Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde».
Pedro le dice: «No me lavaras los pies jamás».
Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo».
Simón Pedro le dice: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza».
Me parece un diálogo que tenemos, muchas veces, nosotros con el Señor. Sí, cuando el Señor nos pide algo, generalmente, le respondemos que no, que eso que nos está pidiendo no lo queremos, no lo queremos aceptar ¿por qué? No siempre nos ponemos a pensar si podemos o no podemos hacerlo, si es bueno o es malo. Simplemente decicmos que no, porque no estamos acostumbrados a que Él nos pida cosas, porque nos gusta mejor hacer nuestro planes y siempre desconfiamos de lo que desconocemos.
Por eso, el Señor, nos responde: "lo que ahora te pido no lo entiendes, pero lo comprenderás más tarde". Y así son todas las cosas que el Señor nos pide, a medida que las vamos viviendo vamos comprendiendo el por qué, o, simplemente, vamos teniendo paz para poder vivirlas, o fuerzas para poder aceptarlas, porque Él sabe que solos no podemos hacer Su Voluntad, y se pone a nuestro lado para que podamos llevarla a cabo. Pero, el Don de la Fe implica dar un salto al vacío para poder conocer, para poder vivir. Tener Fe no significa que conoceremos todos los secretos y todo el sentido que tiene la Voluntad de Dios, pero si nos lanzamos al vacío vamos a tener la Gracia suficiente y necesaria para poder aceptar y vivir Su Voluntad.
Pero, a veces, como Pedro, no nos basta que el Señor nos diga que más tarde comprenderemos, y seguimos rechazando sus gestos, sus palabras, sus deseos. Hasta que por fin comprendemos que si no aceptamos "no compartiremos la Vida con Jesús", y nos quedaremos con nuestra pequeña y pobre vida, sin saber qué es lo que el Padre había pensado y quería para nosotros.
Así, cuando descubrimos que nos quedaremos con una vida vacía sin poder compartir la Vida de Cristo, entonces: "no sólo lavarme los pies sino la cabeza también". Cuando, finalmente, nos abrimos al Don de la Fe y saltamos al vacío de la Voluntad de Dios, nos damos cuenta que él nos ha colmado con sus Gracias y se llena y fortalece nuestra alma para hacer eso y más aún.
Es en ese momento cuando nace y se fortalece la verdadera confianza en la Providencia del Señor, pues descubrimos que sólo cuando damos ese paso comenzamos a comprender y valorar la vida que tenemos en Cristo y la Vida que el Padre quiere que vivamos en plenitud.

 

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