sábado, 23 de abril de 2022

A quien obedezco?

"Pero Pedro y Juan les replicaron diciendo:
«¿Es justo ante Dios que os obedezcamos a vosotros más que a él? Juzgadlo vosotros. Por nuestra parte no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído».
¿A quien obedecemos en nuestra vida diaria? ¿Al mundo, al hombre, a Dios? Decimos, sí, que somos cristianos, que somos hijos de Dios, pero ¿escuchamos a Dios y le obedecemos? o, ¿escuchamos y no obedecemos? ¿escuchamos?
Son preguntas que nos tenemos que hacer a diario ¿por qué? para saber a quién le estamos obedeciendo ¿cómo lo sabemos? "por vuestras obras los conoceréis".
Si en nuestra conducata diaria hay más actitudes, pensamientos, palabras y deseos del mundo, entonces somos mundanos. Nos hemos adecuado al mundo, a su forma de pensar, de vestir, de vivir, aceptando el pecado como gracia, la mentira como verdad, el error como victoria, aunque vayamos todos los días a misa, o llevemos 20 cruces colgadas del cuello, o recemos rosario todos los días, pero si en nuestra vida diaria no vivimos de acuerdo al evangelio, entonces no somos de Dios.
Si al levantarme y al comenzar mi día sólo planifico lo que me gusta hacer, y hago lo que tengo ganas, aunque vaya a trabajar sin que me guste, pero después no me pregunto cuál es la Voluntad de Dios, o, mejor dicho, no comienzo mi día poniéndome en manos de Dios y tratando de vivir según su Voluntad, entonces le hago caso al hombre interior y no a Dios. Por lo tanto, no obedezco a Dios.
Pero si al despertar doy gracias a Dios, si después de tomar el cafe (porque algunos si no toman café no son personas) me regalo 5 minutos para leer la Palabra y reflexionar sobre cómo vivir ese día desde Dios. Si al salir de casa para el trabajo, la uni o el cole, me pongo en manos del Padre para que me acompañe y le pido el Espíritu para ser Fiel a su Voluntad... entonces estoy intentando vivir en fidelidad al evangelio, en fidelidad a su Voluntad. Vivo según Dios e intento, con la Gracia del Espíritu Santo, obedecer a Dios.
Sí, no son muchos los que intentamos vivir según Dios, pero también somos muchos los que no nos damos cuenta que estamos desobedeciendo a Dios, y no porque querramos, sino porque omitimos escucharlo, discernir y obedecer. En definitiva, somos fariseos sin darnos cuenta porque decimos que somos hijos de Dios, pero no nos detenemos a preguntarle al Padre qué es lo que quiere de mí, y, por consiguiente decirle: ¡hágase en mí según Tu Voluntad y no la mía!

 

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