"En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:
- «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»
Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo".
Alguna vez leí, y me convenció, el hecho de que Judas pensaba que lo que estaba haciendo estaba bien. Y seguramente que lo pensaba, porque él no lo quería entregar a Jesús para que lo mataran sino para que Jesús, "obligado", se manifestara al pueblo como era: como Dios. El pensamiento lógico era que si lo obligaba a revelarse como el Hijo de Dios, como Dios mismo, entonces el mundo creería en Él y ¡ya estaría todo listo! Lo coronarían como Rey y ¡todos felices!
Pero esa no era la lógica de Dios, ni tan siquiera su Plan. Un Plan que Jesús les había anunciado varias vecees a los apóstoles: "Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y padecer mucho de parte de los ancianos, de los príncipes de los sacerdotes y de los escribas, y ser muerto y resucitar al tercer día".
Y lo lógico era pensar que eso no tenía que ocurrir, como alguna vez le dijo Pedro que lo reprendió por esa afirmación, pero Jesús le dijo: ¡apártate de mi Satanás!. Porque Jesús sabía cuál era el Plan del Padre para la salvación de los hombres. Un Plan que lo llenaba de angustia, pero un Plan que estaba decidido a hacerlo realidad hasta el final, pues por Amor al Padre y a Su Voluntad, Él mismo lo continuó: "si es posible aparte de mi este Caliz pero que no se haga mi voluntad sino la Tuya".
Y así, muchas veces, como Judas Iscariote, también actuamos nosotros: creyendo que lo lógico es hacer tal cosa no nos damos cuenta que estamos obrando mal, haciendo mal a otros y dañando la vida de otras personas. Por eso Jesús nos pide que no creamos en la lógica humana, sino que reflexionemos desde la lógica de Dios, desde el Plan de Dios para nosotros. No siempre tenemos que "obligar" a Dios a que tome una decisión, sino que tenemos que obligarnos a nosotros mismos a saber eseprar el Don de Dios, porque Él sabe cuándo es el tiempo favorable, aunque, muchas veces, tengamos que "sudar gotas de sangre", pero el final del Camino es la Vida Nueva.
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