De las Cartas pascuales de san Atanasio, obispo
Vemos, hermanos míos, cómo vamos pasando de una fiesta a
otra, de una celebración a otra, de una solemnidad a otra. Ahora ha llegado
aquel tiempo en que todo vuelve a comenzar, a saber, la preparación de la Pascua
venerable, en la que el Señor fue inmolado. Nosotros nos alimentamos, como de un
manjar de vida, y deleitamos siempre nuestra alma con la sangre preciosa de
Cristo, como de una fuente; y, con todo, siempre estamos sedientos de esa
sangre, siempre sentimos un ardiente deseo de recibirla. Pero nuestro Salvador
está siempre a disposición de los sedientos y, por su benignidad, atrae a la
celebración del gran día a los que tienen sus entrañas sedientas, según
aquellas. palabras suyas: El que tenga sed que venga a mí y que beba.
No sólo podemos siempre acercamos a saciar nuestra sed, sino
que además, siempre que lo pedimos, se nos concede acceso al Salvador. El fruto
espiritual de esta fiesta no queda limitado a un tiempo determinado, ya que sus
rayos esplendorosos no conocen ocaso, sino que está siempre a punto de iluminar
las mentes que así lo desean. Goza de una virtualidad ininterrumpida para con
aquellos cuya mente está iluminada y que día y noche están atentos al libro
sagrado, como aquel hombre a quien el salmo proclama dichoso, cuando dice:
Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda
de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es
la ley del Señor, y medita su ley día y noche.
Ahora bien, el mismo Dios, amados hermanos, que al principio
instituyó para nosotros esta fiesta, nos ha concedido poderla celebrar cada año;
y el que entregó a su Hijo a la muerte por nuestra salvación nos otorga, por el
mismo motivo, la celebración anual de este. sagrado misterio. Esta fiesta nos
sostiene en medio de las miserias de este mundo; y ahora es cuando Dios nos
comunica la alegría de la salvación, que irradia de esta fiesta, ya que en todas
partes nos reúne espiritualmente a todos en una sola asamblea, haciendo que
podamos orar y dar gracias todos juntos, como es de ley en esta fiesta. Esto es
lo admirable de esta festividad: que él reúne para celebrarla a los que están
lejos y junta en una misma fe a los que se encuentran corporalmente separados.
viernes, 1 de abril de 2022
La Pascua nos une
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