miércoles, 3 de marzo de 2021

Querer los mejores puestos

"Él le preguntó:
«¿Qué deseas?».
Ella contestó:
«Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda»
Pero Jesús replicó:
«No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?».
Muchas veces el valor humano de la magnanimidad se confunde, y no confunde, con el apetito de poder: necesitamos creer que tenemos poder para poder mandar sobre los demás, para poder estar por encima de los demás, para, a veces, no saber qué hacer cuando tenemos ese poder, y, muchas veces, no sabemos mandar o actuar con ese poder que se nos ha dado.
El apetito de poder por el poder mismo es un arma muy letal, en las manos de alguien que no sabe usarlo, o, sobre todo, que está viciado por la soberbia y la vanidad, pues todo lo que haga será en provecho propio y no en servicio de los demás. Y, si miramos hacia afuera vamos a ver muchos ejemplos sobre este tema.
Por eso mismo Jesús le responde a la madre de Juan y Santiago: "no sabéis lo que pedís". Pero, no es sobre todo porque ellos estén viciados de la soberbia y la vanidad, sino porque el poder que ellos creen que Jesús tiene es un poder temporal, y, porque no habían escuchado lo que Él les venía diciendo antes acerca de su pasión y muerte.
El apetito de poder nos cierra, muchas veces, al escuchar lo que sucede a nuestro alrededor, nos encierra en nosotros mismos y no nos interesa lo que está sucediendo, sino que vamos con todas nuestras energías por lo que creemos que es lo mejor para nosotros, aunque eso nos cueste no escuchar el padecer de quien más quiero.
Y, así mismo, sabiendo Jesús que no habían tenido en cuenta lo que Él les había dicho y de lo que había enseñado durante tanto tiempo, les pregunta: ¿podréis beber el cáliz que yo beberé?
Y, claro, no iban a retroceder ante eso, y se lanzaron por su meta: Sí, podemos.
Sí, podemos aceptar todo lo que venga con tal de tener lugares de poder, aunque no tengamos todo el poder, pero el estar a la derecha y a la izquierda del poderoso, seguramente, nos dará el poder que necesitamos y queremos.
Pero, eso no era lo que Jesús les estaba diciendo, sino que particparían con Él de su Pasión, algo que, por no haber esuchado, por haberse dejado llevar por sus propias ideas y no estar a la altura de la situación, aceptaron sin saber cuál sería el Caliz que les tocaría beber.
¿Qué nos enseña esto? En no dejar convencernos por nuestros propios pensamientos, en no buscar los mejores lugares, ni tan siquiera los lugares que nos den poder por el poder mismo, sino que, en la escucha de la Voluntad de Dios, siempre encontraremos nuestro mejor lugar, pues en ese lugar que Él ha pensado desde siempre estará nuestro camino de plenitud, nuestra felicidad estará en ser fieles a la Vida que el Señor tiene pensada para nosotros, y en ese Camino, sí buscar siempre hacerlo extraordinario desde el Amor, desde el Servicio.
«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.
Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos»

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.