"Esto dice el Señor:
«En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado; te he defendido y constituido alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: "Salid", a los que están en tinieblas: "Venid a la luz."
¿Por qué nos eligió el Señor? ¿Para qué nos llamó de la muerte a la Vida? ¿Por qué nos rescató del pecado y nos dio una Vida Nueva con su muerte y resurrección? ¿Por qué nos ha elegido para ser sus discípulos? Y, sobre todo: ¿por qué hemos respondido con un Sí a ese llamado?
Para ser "alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: 'salid', a los que están en tinieblas: `venid a la luz'", para eso el Señor nos ha llamado en este Tiempo de Gracia, en este día de hoy, y en cada uno de nuestros días.
No siempre sabemos las respuestas a tantos por qués que nos surgen a lo largo de la vida, pero sí tenemos un sentido para tantas preguntas y tantos silencios, pues el Señor no necesita hablar más, pues ya habló lo suficiente por medio de los Profetas, y, llegada la plenitud de los tiempos, por medio de su Hijo.
¿Por qué y cómo somos alianza de su pueblo? Porque por medio del bautismo nos dio un sacerdocio real a imagen de Jesús, quien se hizo Alianza de amor con el Padre, para devolvernos la filiación divina, y así, somos nosotros, los bautizados una alianza eterna con Dios Padre para la salvación de los hombres.
¿Cómo restauramos el país? Así como Jesús restauró la imagen perdida del hombre, haciéndose uno con nosotros, menos en el pecado, y muriendo en la Cruz para darnos una vida nueva, así nosotros, muertos al pecado y viviendo en fidelidad al Padre, damos una Vida Nueva a todo lo que hacemos, y vamos restaurando al hombre devolviéndole su primitiva hermosura, en gracia y santidad.
Así vamos reciibendo la heredad que nos fue prometida en el paraíso, y, como decimos en el Padre nuestro, vamos realizando el Reino de los Cielos aquí en la tierra ¿cómo? Como lo hizo Jesús: "Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió". Y viviendo así liberamos a los cautivos por el pecado e iluminamos el camino de los que viven en tinieblas, para que se puedan encontrar con la libertad de los hijos de Dios y lleguen a la meta de la santidad y la salvación.
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