domingo, 7 de marzo de 2021

El celo de tu casa me devora

"Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:

«Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre».

Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora».

“El celo de tu casa me devora”, es lo que recordaron los discípulos de Jesús ante la actitud de Jesús en el Templo. Un celo que habla de respeto, de responsabilidad, de una obligación moral y de un derecho espiritual, de cada uno de nosotros por respetar y hacer respetar la Casa de Oración que es el Templo de material y nuestro templo corporal.

Es evidente que nunca pensamos que somos nosotros, los cristianos, quienes, primeo tenemos que respetar y cuidar nuestro Templo material, pues es un lugar sagrado, una Casa de Oración y que, muy pocas veces, sabemos mantener el silencio para orar y dejar orar. Porque no es sólo que tenemos que orar en silencio, sino que tenemos que hacer silencio para que otros puedan orar.

Y, por otro lado, tenemos que tomar conciencia que nuestro cuerpo, sí nuestro cuerpo, a partir del día de nuestro bautismo fue consagrado como templo vivo para que habite el Espíritu Santo en él. Por eso mismo tenemos que saber cuidarlo y respetarlo, pues el Espíritu Santo es quien nos ayuda a ponernos en relación con el Padre y el Hijo, para que desde nuestro interior podamos “aprender a pedir como corresponde”, pues cuando lo dejamos a Él hablar por nosotros, seguramente, sabrá mejor lo que necesitamos para hacer realidad la Voluntad de Dios en nuestras vidas.

Por eso mismo, en el silencio, tenemos que ponernos a revisar nuestro propio templo y mirar qué cosas han quedado acumuladas: rencores, desavenencias, odios, desencuentros, pecado de palabra, obra y omisión, y comenzar una buena limpieza interior para que en esta Pascua podamos volver a renovar el brillo de la pureza bautismal.


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