No sé a qué párrofo del evangelio de hoy tendría que referirme, pues todos me parecen importantes para estos días de reflexión cuaresmal. En cada uno de los párrafos podemos encontrar algo para pensar y meditar y, sobre todo, para corregir en nuestras vidas. ¡Vamos a ello!
«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar".
Esto no sólo nos lo tenemos que aplicar los que tenemos un cargo en la iglesia, sino todos los que tenemos un cargo de responsabilidad en algún lugar, sea político, familiar o religioso. Porque, cuando tenemos un cargo se nos suben los "humos" a la cabeza y pareciera que ya soy el perfecto y soy el único que sabe algo más que los demás. Y, además, se hace evidente que el apetito de poder es algo que poseemos todos y que no todos pueden medir o educar cuando tienen que mandar, o estar a cargo de algo o de alguien.
Y, también es cierto, que "laimos fardos pesados en los hombros de muchos" ¿cuándo? Cuando hablamos sin saber, cuando juzgamos sin conocer, cuando lanzamos al aire calumnias o juicios sin habernos puesto en la piel de a quien juzgamos o calumniamos.
"Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”.
Sí, a los hombres (varones y mujeres) les gusta mostrar lo que hacen para que se note. La vanidad es algo que está en todos y muchas veces sale a flote para poder decir a la gente "yo lo hice", aunque sea una tontería pero me da un nombre, y, quizás mi nombre quede escrito en alguna parte para que se note. Pero sólo la hago para aparentar algo que no soy, pues después de ese cartel o acto, no hay nada más que demuestre que sigo por el mismo camino.
"Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbí”, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.
Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.
No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías".
No importan los títulos que tengamos si no hemos encontrado el modo de ser buenas personas. Muchas veces nos encontramos con gente que se cree que por tener un título o varios es más que otros. Y, lamentablemente no es así. Por eso el Señor nos pide:
"El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido".
Y ¿qué es la humildad? Saber que no soy más que nadie, y que todos somos iguales, tengamos los títulos que tengamos, o tengamos las riquezas que tengamos. Y, quizás, cuanto más titulos o riquezas tengamos, más al servicio de los demás tengo que estar para poder compartir los talentos y los bienes que el Señor me ha regalado.
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