"Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí".
Aunque muchos digamos que no nos importa lo que piense la gente de nosotros, no es tan verdad, pues siempre nos tiene que importar lo que la gente piense de nosotros, pues lo que se vea de nosotros es lo que da testimonio de nuestra vida. Otra cosa es lo que la gente se quiera inventar sobre nosotros, como le pasó a Jesús con los judíos.
Por eso, un día, Jesús le pregunto a los discípulos qué decía la gente sobre Él, pero no para saber y repensar su vida, sino para saber qué era lo que ellos entendían o podrían estar comprendiendo de su Palabra.
Nosotros tenemos que escuchar lo que dicen de nosotros, pero saber, también y sobre todo, mirarnos a nosotros mismos para ver cómo actuamos y por qué actuamos así. Algunas veces escuchamos la famosa frase: "no importa lo que los demás digan de mí", pero escuchar lo que los demás crean de mi, me ayudará a saber si, realmente, me estoy expresando como creo o si realmente estoy siendo coherente entre lo que digo y lo que hago.
¿Todo esto por qué? Por que nuestra vida tiene que ser testimonio de nuestra fe. Es cierto que no debo quedarme esperando los aplausos de la gente, porque un día eres un dios y al otro un demonio, pero sí tengo que tener en cuenta que Jesús nos llamó para dar testimonio de la Verdad, y por eso tengo que saber cómo muestro la Verdad; nos llamó para iluminar el Camino de la gente, y por eso tengo que saber cómo ilumino ese camino; nos llamó para ser sal en el mundo...
Tenemos una misión, y esa misión se lleva a cabo en el día a día, no sólo con actos extraordinarios donde me vean como el más santo, sino que, en cada acto de cada día, tengo que vivir con santidad, justicia, verdad, amor...
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