sábado, 6 de marzo de 2021

No guardar cosas que no sirven

"El padre le dijo:
"Hijo, tú estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado".
Una parábola que tenemos muy escuchada y de la cual se han dado muchas explicaciones. Y ¿qué más podemos decir? Quizás al volver sobre la misma nos repitamos en conceptos, pero ¿será lo que Dios quiere? Que siempre volvamos sobre lo mismo en nuestras vidas, no es malo, aunque, muchas veces, nos cansa volver a pensar y meditar en nuestros mismos errores y pecados, porque nos parece que nunca crecemos, que estamos varados en lo mismo y no vamos a cambiar. Pero no es cierto, cuando siempre descubrimos los mismos errores es porque aún el Señor no nos ha dado la Gracia, o, también puede ser, porque esos errores no son los importantes y me están "tapando" lo que realmente importa.
Fijaos en el hijo mayor: parecía un buen hijo y parecería que estaba bien y conforme trabajando con su padres ¿tendría algo para cambiar en su vida? El seguramente pensaba que no tenía nada que cambiar, que era bueno y que todo le iba bien. Hasta que vuelve su hermano pequeño y el padre organiza la fiesta. Y es en ese momento cuando salta a la luz su pecado, todo aquello que tenía guardado de ¡vaya a saber cuánto tiempo atrás!
Y así es Dios con nosotros, muchas veces nos permite que saltemos y que soltemos todo lo que tenemos dentro, para que descubramos que hemos dejado de pensarnos y de revisarnos como corresponde. Que hemos estado guardando en nuestro corazón muchas cosas por decir, muchos dolores por sanar, muchas envidias que han quedado tapadas por otras cosas... y todo eso, llega un día que explota. Y descubrimos que no éramos tan buenos como creíamos.
Y el Padre también nos perdona. Y ahí está, también, lo hermoso de esta parábola: la misericordia de un corazón que Ama con intensidad. No sólo está el perdón hacia el hijo menor, sino también el perdón hacia el hijo mayor, porque el Padre sabe que nuestro corazón es complicado, y que, muchas veces, guardamos cosas que nos parecen que no son malas, pero que, con el tiempo, nos van haciendo mal.
Claro es que, sí el Padre me perdona, pero ¿yo me perdono? ¿Puedo yo perdonarme por no haber sido tan bueno y honesto como debería haberlo sido? No siempre somos tan misericordiosos con nosotros como lo es el Padre del Cielo, somos demasiado justicieros con nosotros y con los demás, y, al final siempre terminamos desganados o desesperanzados porque no podamos aceptar nuestros errores y pecados.
Por eso, es bueno volver al Padre, con el corazón roto y dolorido por nuestro pecado y decirle, sinceramente: ¡Padre, he pecado contra el cielo y contra tí!. Y sentirás el hermoso abrazo del perdón que te dará el Padre y ese abrazo sanará todas tus heridas y te dará la fuerza para seguir junto al Padre caminando en santidad hacia la eternidad.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.