Viernes de Dolores, Domingo de Ramos. Comenzamos una nueva Semana Santa, una nueva y diferente Semana Santa. El año pasado la tuvimos que vivir, cada uno, desde sus propias casas compartiendo las celebraciones desde un móvil o una TV, este año las viviremos en cada templo, pero sin las procesiones que llenan nuestras calles y corazones.
Una Semana Santa diferente que viviremos, especialmente, desde el corazón, desde la contemplación profunda del Misterio del Amor de Dios por los hombres, por nosotros, por mí y por ti, que es la mejor y la mayor de las formas para poder introducirnos de lleno en el Misterio del Amor.
El silencio de estos días nos llevará a meditar, a reflexionar y acompañar, en una procesión interna, cada uno de los pasos que dio Jesús en obediencia a la Voluntad del Padre, para la salvación de los hombres. Una procesión que nos llevará, quizás, a una sana reflexión acerca de nuestro vivir cristiano, de nuestro compromiso y fidelidad con el Amor de Dios. Sí, como alguna vez he repetido, tomado de un amigo: una procesión difícil y muy complicada, la que va de la cabeza al corazón, de lo intelectual a lo vivencial; porque, muchas veces, sabemos muchas cosas, pero no son las que vivimos.
No siempre, pero en lo general, nos quedamos, en la Semana Santa, con un espectáculo sentimental viendo cómo pasan por delante de nuestros ojos los Pasos de Semana Santa, quizás se nos caiga una lágrima o nos sensibilice el corazón, pero una vez que pasó el Paso, volvemos a la misma rutina de olvidarnos de Dios y de dejarnos llevar más por las ideas del mundo que por la Palabra de Dios.
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