"En aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola a a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás....".
Siempre podemos llegar a caer en la vanidad, no sólo cuando nos creemos mejores que los demás, sino, aunque lo habiamos pensado antes, cuando entre amigos nos ponemos a criticar a otras personas. Sí, porque nos creemos con el derecho de juzgar y hablar de los demás como si uso fuese algo interesante, o mejor dicho, siempre nos parece interesante sacarle brillo a la vida de los demás.
Lamentablemente nos sucede muy a menudo, o, al menos, como dicen algunos: yo no hablo de los demás, pero siempre se da en el grupo de amigos esas conversaciones. Y, eso también es un pecado de omisión, porque me quedo escuchando sin decir ni una palabra, dejando que los demás critiquen a otras personas.
«El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo".
Cuando tanta necesidad tengo de decir lo que hago y cómo lo hago, de mostrar lo bueno y generoso que soy... como dice el Señor, ya tengo mi paga. Porque lo hago buscando la alabanza de los demás o mostrarle a los demás cómo trabajo, cómo me muevo, lo que he conseguido... y eso para vanagloriarme, por eso, el Señor nos dice: ahí tienes la paga.
"El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador"
Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
Cuando realmente reconozco mi pecado y reconozco que lo que he podido lograr ha sido por Gracia de Dios, entonces ahí es cuando estoy en camino de alcanzar la humildad verdadera. Porque tener en cuenta mi pecado, mis errores, me ayudará a mirar a los demás con verdadero amor, sin creerme más que ellos, pues yo también caigo muchas veces.
Ser humilde no es sólo decir que no sirvo para nada, sino saber que es el Señor quien ayuda y da la Gracia suficiente y necesaria para obrar y crecer. Pero si sólo pienso que todo lo hice yo por propio esfuerzo y sacrificio... entonces ya he caído en la vanidad de creerme superior a los demás y puedo entonces ser el juez de todas sus acciones.
"Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
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