«Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?».
Jesús le contestó:
«¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios".
A veces creemos que por decirle a alguien que es "bueno" (se dice aquí en España "hacer la pelota", en argentina sería un adulador o "chupamedias") podemos llegar a obtener de ese alguien las respuestas que queremos o que haga lo que queremos. Quizás esa no haya sido la intención del este muchacho del evangelio, pero... me parece una apreciación acertad, no por la pregunta sino por la próxima respuesta.
"Ya sabes lo que tienes que hacer... Maestro todo eso lo he cumplido desde mi juventud"... respondió con el corazón henchido, quizás, de vanidad por ser un buen cumplidor de los mandamientos.
Y fijáos lo que dice el evangelio, sobre Jesús:
"Jesús se quedó mirándolo, lo amó y le dijo..."
Para exigirle algo más ya que él quería algo más para su vida, primero lo amó. Y con todo su amor le dijo:
«Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven sígueme»
Sí, el amor es exigente. Y nuestra vida cristiana está fundada y fundamentada en el Amor Total de un Dios que se entregó por nosotros, aún cuando éramos pecadores. ¿No puede acaso ese Amor exigirnos, cada día, una mayor entrega de nuestra vida? ¿Que tenemos que vender, todavía, de nuestros bienes para dejarnos llenar por el Señor?
"A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó triste, porque era muy rico".
No son pocos los que han comenzado una vida cristiana teniendo a Jesús por "Bueno", pero cuando el Jesús Bueno se puso "exigente en el Amor", dieron media vuelta y se fueron a buscar otros Jesuses que resultaran más "favorables" a sus propios intereses.
Es ahí cuando descubrimos que el decirle a Jesús "Mastro Bueno" no es por su bondad, sino porque queremos sacar partido de nuestra relación con Él. Pero Él sabe lo que piensa nuestro corazón y sabe que, seguramente, cuando nos exija algo más dejaremos de pensar en Él como el Bueno.
Y esto es lo que nos pasa, también, entre nosotros. Muchas veces nos hemos encontrado con gente que nos dice lo buenos y lo bárbaros que somos, lo geniales y bla, bla, bla... pero cuando nuestros consejos o nuestras palabras no les gustan ya dejamos de ser "tan buenos" y "tan geniales" y por eso van en busca de otros que digan lo que quieren escuchar.
Es en ese momento cuando Jesús nos dice: "vende todos tus bienes y sígueme". Deja de lado tus criterios humanos y descubre que en esa exigencia está la fuerza del Amor para que alcances la plenitud de la santidad que el Espíritu Santo quiere construir en tí. Deja de lado los criterios del mundo que te llevan por caminos que no son santos ni cristianos, vende esa forma de actuar y actúa como verdadero hijo de Dios que quiere seguir en fidelidad el Evangelio. Vende tu propio Yo al auténtico creador de tu vida y verás cómo, con su Gracia, puedes alcanzar a vivir lo que el Señor, con su Amor, te invita a vivir, pues Él mismo nos lo dijo:
«Entonces, ¿quién puede salvarse?».
Jesús se les quedó mirando. y les dijo:
«Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo».
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