sábado, 27 de octubre de 2018

Las falacias del mundo

San Pablo tiene una hermosa frase en esta carta a los Efesios:
"Para que ya no seamos niños sacudidos por las olas y llevados a la deriva por todo viento de doctrina, en la falacia de los hombres, que con astucia conduce al error; sino que, realizando la verdad en el amor, hagamos crecer todas las cosas hacia él, que es la cabeza: Cristo..."
¿Por qué digo que es hermosa? Porque nos advierte de las falacias (de las mentiras o falsas verdades) que se van a ir sucediendo (y se sucederán) a lo largo del tiempo, y que nos conducirán al error. En estos tiempos que vivimos de tantos intelectuales y de tantas ideas e ideologías, no es raro que alguna de ellas se nos "meta" en nuestra manera de pensar y de obrar. Y no es por mala actitud o ganas de modificar todo, sino que creemos que los intelectuales de este mundo piensan mejor que nosotros y, por eso, le creemos o nos dejamos llevar por sus ideas o ideologías.
Y ¿por qué Pablo nos advierto de esto? Porque, algunas o muchas, de esas ideas o idologías modernas pueden ser que parten de una verdad pero llegan a una conclusión que no es la Verdadd que Jesús nos pide vivir en el Evangelio, o no es la verdad que el magisterio de la Iglesia nos ha ido ayundando a meditar y comprender a lo largo de nuestra vida.
Por eso dice San Pablo: "que con astucia conduce al error". No pensamos que los demás nos quieran llevar al error, sino que ellos mismos creen que van camino de la Verdad, y por eso "venden" su producto como el Camino que conduce a la Verdad, pero, en realidad no nos lleva a Cristo, sino que nos lleva a verdades mundanas que van cambiando como cambia el hombre de acuerdo a los vientos de la modernidad.
¿Cuál es el Camino? "Ralizando la Verdad en el Amor, hagamos crecer todas las cosas hacia él, que es la cabeza: Cristo", cuanto más nos acercamos y conocemos a Jesús desde su Palabra y nos dejamos conducir por su Espíritu, no estaremos tan débiles como para dejarnos llevar por los vientos de la modernidad, sino que nos mantendremos fieles y firmes en el Evangelio.
Pero si a cada cosa que dice Jesús o que encontramos en la Palabra de Dios la ponemos sobre un tapete para cuestionarla y desmenuzarla, y le quitamos todo lo sagrado y divino que Ella tiene, entonces quedamos a mercede de la palabra de los hombres que no es "palabra de vida y de eternidad", sino palabra de hombre.
Así, como dice Jesús en la parábola del Evangelio, tenemos que ir todos los dáis abriendo nuestro corazón al Espíritu para que sea Él quien nos vaya fortaleciendo desde las raíces de nuestra fe, desde lo más profundo de Su Palabra, para que nuestros frutos no sean sólo intelectualidades humanas sino frutos verdaderos del Espíritu del Señor. El sembrador hará un buen surco a nuestro alrededor para que la buena semilla comience a echar buenas raíces en lo profundo del corazón para que mis labios hables sus Palabras y no las del mundo.

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