"En efecto, por gracia estáis salvados, mediante la fe. Y esto no viene de vosotros: es don de Dios. Tampoco viene de las obras, para que nadie pueda presumir. Somos, pues, obra suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que de antemano dispuso él que practicásemos".
Hay dos cosas que rescato de estas palabras de San Pablo a los Efesios: primero que nos habla claramente de que nuestra salvación no viene de nosotros, pues no hemos hecho nada para salvarnos, sino que el Infinito Amor de Dios lo hizo todo para darnos la Vida Nueva, Él que nos ha creado en Cristo nos ha salvado con Cristo, y es nuestra disposición a Su Voluntad la que lo realizada todo en Él, para que no creamos que somos nosotros quienes logramos lo que Él ha conquistado para siempre.
Y de esta reflexión nos hace pensar, san Pablo, que tengamos en cuenta que sin Él nada somos, o mejor dicho que todo lo que hacemos es por que el Padre nos ha dado la Gracia para poder realizarlo, sobre todo lo que alcancemos con la Gracia de su Espíritu, todo aquello que es en orden a nuestra vida de fe, pues "nada viene por las obras para que no podamos presumir de ello". Aunque, si nos ponemos a mirar mejor, sabemos que, en algunos momentos, presumimos de lo que hemos realizado sin tener en cuenta Quién nos ha dado los dones para poder realizar lo que hacemos.
Es que siempre, por algún lado, se nos filtra el pecado de la vanidad y nos olvidamos que si el Señor no nos hubiera dado los talentos que tenemos nada podríamos hacer. Por eso, en la parábola del evangelio nos recuerda que, por un lado no tenemos que presumir de lo que "hemos conseguido", sino dar Gracias por lo que se nos ha concedido alcanzar. Y, por otro lado, saber que todo lo que el Señor nos permite alcanzar no es para nuestro propio bien y menos para acumular títulos, cargos o bienes para mi propia vanidad, sino que todo me ha sido dado para que pueda ponerlo al servicio de los hermanos, como el Señor "que no vino a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por todos".
Así es que tengamos cuidado de no ser avariciosos y vanidosos, de creer que porque tenemos muchos bienes o títulos vamos a alcanzar la herencia prometida, sino si hemos puesto todos los dones y talentos al servicio de los hermanos como lo hizo el Señor con su vida. Y sobre todo, cada día, ser agradecidos con el Señor por todo el Bien que nos ha hecho y que nos ayude a entregar todo, pues la acción de gracias se demuestra en las obras que realizo con los bienes que me ha regalado.
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