domingo, 7 de octubre de 2018

Niños en el Espíritu para saber cómo vivir

En el Evangelio de hoy hay un salto que parece ilógico, a primera vista. El salto del hablar del matrimonio y terminar con "dejad que los niños vengan a mí" y "si no os hacéis como niños...". Cuando lo leí por primera vez me pareció desubicado ese final para el evangelio, pero a la tercera vez que lo leo no me lo parece. ¿Por qué?
Muchas veces escuchamos que, los que no creen tanto o quieren denigrar a la Iglesia, algunos nos dice que la Iglesia nos quiere "sumisos" como si la Iglesia nos obligara a creer algo sin darnos razones para ello. Pero en realidad la Iglesia hace un acto de fe para creer que lo que hemos recibido por la Tradición es Palabra de Dios. Lo cree la Iglesia y también nuestros hermanos, el pueblo de Israel. Pues el Antiguo Testamento lo compartimos con el Pueblo Judío, y el Nuevo Testamento con otras Iglesias cristianas que, dicho sea de paso, aceptan la Palabra de Dios con más fuerza que los católicos (o algunos de nosotros)
¿Por qué terminar ese párrafo del evangelio con el espíritu de niños? A mi me parece, y es una opinión, personal (como cada vez que escribo aquí) que sólo los niños pueden aceptar la palabra de su padre, sin poder obstáculos, quizás sí pregunten pero no con mala intención, como hicieron los fariseos en este evangelio. Pues lo fariseos comenzaron a preguntarle algo a Jesús para ponerlo a prueba para ver cómo respondía, y si respondía mal (según ellos) tendrían motivos para condenarlo.
En cambio los niños preguntan con inocencia porque, muchas veces, no saben cómo hacer las cosas que sus padres les mandan que hagan. Y en este caso tenemos el ejemplo de la Virgen María, cuando el Ángel le dice de ser madre, no cuestiona con malicia al Señor, sino pregunta el cómo: "¿cómo puede ser eso si no conozco varón?".
Y ahí está el sentido de todo el evangelio, no cuestionemos a Dios para ponerlo a prueba o para ver si nos dice algo contrario, sino preguntémosle para poder hacer Su Voluntad, para que nos de su Espíritu que nos enseñe el cómo poder ser Fieles, el cómo poder seguir en el Camino.
No dejemos que las piedras del Camino nos quiten del Camino, sino que sabiendo que el Camino es duro y difícil busquemos en el Espíritu el método y la fuerza para poder alcanzar la meta.
Los fariseos querían que Jesús, por otro lado, le confirmara que estaba bien repudiar a la mujer, pero no le preguntaron si estaba bien que la mujer repudiara al varón. Pero ante semejante pregunta Jesús le contesta que no está bien en ningún caso, y si así sucediera obligación al otro, sea varón o mujer, a vivir en adulterio. Y ese es el problema que nos lleva a querer salvar los matrimonios o a regularizar los que no están bien constituídos, pues cuando no hay sacramento del matrimonio no hay plena comunión, no es (como dicen algunos o lo piensan) que se está excomulgado, sino que no se está en plena comunión que es diferente. Por eso hay que pedir al Espíritu Santo que ayude a sanar esas situaciones para alcanzar la plena comunión con el Señor.

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