miércoles, 24 de octubre de 2018

Administradores de Dios

"¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que reparta la ración de alimento a sus horas?".
Para poder ser administradores fieles y prudentes, primero tenemos que tomar conciencia que lo que tenemos no es nuestro, sino que nos lo han dado para que lo administremos, para que sepamos darlo así como nos lo han dado a nosotros, pues nada de lo que poseemos, salvo nuestro pecado, es nuestro ni lo hemos conseguido nosotros.
Por otro lado para poder administrar algo tenemos que saber qué tenemos entre manos, qué se nos ha dado, pues si no sabemos lo que tenemos nunca vamos a poder administrarlo bien. Porque, muchas veces nos sucede, que no somos conscientes de todo lo que tenemos porque no nos hemos puesto a mirar y a discernir lo que el Señor nos ha regalado como talentos y como Gracia para nuestra vida.
Y mirad lo último que dice el Señor en la frase: "para que reparta la ración de alimento a sus horas". Lo que se nos ha dado es para alimentar a otros, es decir que si yo no reparto lo que me han dado para administrar habrá otros que se queden sin alimento, mientras que yo estoy rebosando de todo (y sin darme cuenta) otros se quedan sin nada porque yo no reparto lo que tengo.
Este administrador no sólo es un administrador de bienes materiales, sino que, sobre todo, es un administrador de bienes espirituales que son los que nos ayudan en mejor manera a descubrir qué hacer y cómo administrar los bienes materiales. Porque cuando aprendemos a valorar las cosas del espíritu y descubrimos el valor que tiene nuestra vida espiritual, y lo sabio que es aprender a discernir sobre la Voluntad de Dios para nuestras vidas, entonces, los bienes terrenales son sólo algo más en nuestras vidas y no son nuestro verdadero tesoro, pues sabemos que ese tesoro está en el Cielo.
Así vamos aprendiendo y reconociendo aquello que nos dijo el Señor: "donde esté tu tesoro estará tu corazón", si nuestro tesoro son los bienes terrenales y materiales, entonces nuestro corazón será un corazón pobre dedicado al progreso humano y terrenal sin descubrir el veradero valor de lo que Dios nos ha dado, despreciando los bienes del Cielo a los que estoy llamado a vivir. Y, si en algún caso, llegara a perder todos los bienes terranales, como ha sucedido en algunos casos, pareciera que también pierdo la vida en ello.
De este modo el administrador fiel y prudente es el que ha descubierto los verdaderos tesoros en los bienes espirituales y aprende a utilizarlos y los distribuye sin medida entre los que Dios va poniendo a su paso, y así, cada vez que los distribuye más tiene, porque cuanto más damos más recibimos. Y el tesoro del Cielo va creciendo en la medida que entregamos sin medida todo lo que recibimos. Por eso Santa Teresita decía: "en el atardecer de la vida me presentaré ante Tí con las manos vacías" porque todo lo fue dando en su vida para quedarse sólo con El Señor, su más preciado tesoro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.