lunes, 1 de octubre de 2018

La misión más importante comienza hoy

No podría dejar de mencionar a Santa Teresita en este su día, no sólo porque hay una especial relación con ella, con su espiritualidad, sino porque es una Santa que sigue dando la vuelta al mundo con su misión. Su espíritu misionero salió rápidamente del Convento de Lisieux y comenzó a recorrer el mundo con mucha rapidez, impregnando toda la faz de la tierra con el hermoso perfume de la rosa de Lisieux, con el aroma de la infancia espiritual que nos ha permitido comenzar a recorrer un camino de santidad propia para cada hijo de Dios.
Ayer en el Carmelo de Albacete, cuando la Delegación de Misiones, me ofreció presidir la Oración por las misiones, me preguntaba el por qué Teresita era la patrona universal de las misiones si nunca había salido del Convento. Y, buscando en autobiografía (Historia de un alma) me encontré con la respuesta: su misión como la de cada uno de nosotros, es igual a la misión de Jesús: "mi alimento es hacer la Voluntad de mi Padre", y ese fue todo el secreto de Teresita: encontrar un camino para vivir la voluntad de Dios en toda su magnitud.
Teresita en un momento de su vida quiso ser "apóstol, mártir, sacerdote..." y todo lo que se le podía ocurrir a su corazón lleno del Amor a Dios, pero Dios mismo la fue llevando a encontrar su "propio caminito de perfección": el Amor, "en el corazón de mi madre, la Iglesia, yo seré el Amor". Pero no un amor sentimental, afectivo, sino el verdadero amor efectivo que se hace realidad en el día a día, como dice san Pablo: "no se cansa nunca, nunca piensa mal, todo lo puede..." Claro que, en todo momento, ese amor tiene que ser corroborado con la Voluntad de Dios, y así vivir un Amor apasionado por la Voluntad de Dios. Una Voluntad de Dios que no siempre nos lleva por los lugares que anhelamos o queremos, sino que nos lleva por donde Él sabe que podemos sembrar su Amor, ser su Luz.
Muchas veces pensamos que podríamos ir a misionar a tal lugar, que si vamos a tal otro podríamos hacer mejor las cosas, que si nos instalamos en Calcuta o si vamos al África, o si nos visitamos a los más pobres entre los pobres... Sí, todos son anhelos santos y reales de corazones que quieren entregarse para sembrar lo que Dios ha puesto en nuestros corazones.
Y al pensar en estas cosas me acordaba de otro mensaje de otra Teresa, Santa Teresa de Calcuta que cuando le preguntarono si para ser santos tendríamos que irnos a Calcuta, ella respondió con toda calma y seguridad: "no hay que venir a Calcuta, porque cada uno tiene su propia Calcuta en el lugar que vive". Y esa es la respuesta que mejor nos viene: nuestro lugar de misión propia es el lugar donde Dios nos ha puesto: mi casa, mi familia, mi comunidad, ni trabajo... En mi lugar tengo que comenzar a construir, con la ayuda de la Gracia de Dios, mi propio caminito espiritual. En mi lugar está mi misión. En mi lugar y en mi corazón comienzo a cambiar el mundo, porque la misión más importante comienza en mi corazón.

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