Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: «Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos. Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos. El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo".
No quiere Jesús que nos hagamos como niños para que nos "puedan dominar" los padres, como algunos piensan o dicen, sino para que podamos creer como los niños en las cosas maravillosas e increíbles. Cuando éramos niños creíamos y esperábamos con alegría el día de los Reyes Magos, cuando se nos caía un diente esperábamos al Ratoncito Pérez a que nos traiga la moneda de regalo, le temíamos al viejo del saco o de la bolsa, y, también, nos enseñaron a rezarle al Ángel de la Guarda. Pero ese tiempo fue pasando en nuestra vida, esas creencias eran sólo para los niños y, creemos, que siguen siendo para los niños. Hubo y hay ciertas realidades que han demostrado su no-existencia, pero hay otras que aún siguen y seguirán existiendo, aunque no las creamos.
"Yo voy a enviar un Ángel delante de ti, para que te proteja en el camino y te conduzca hasta el lugar que te he preparado. Respétalo y escucha su voz", nos dice Dios.
Y ésta sí que es una verdad que existe aunque no lo crea, pues es una verdad revelada por medio de las Sagradas Escrituras, y es una verdad que, cuando la crees sabes que tienes alguién siempre a tu lado para cuidarte, para ayudarte a ver y discernir, que siempre está a tu lado y al lado del Padre Dios para escucharlo a Él y para escucharte a tí, para hablar con Él y para hablar contigo.
Los Ángeles de la Guarda no desaparecen cuando crecemos, sino que se hacen reales cuando en la madurez de la fe comenzamos a creer con corazón de niños, porque, cuando más crecemos más nos reconocemos indefensos frente a las realidades sobrenaturales, que, aunque sabemos que no podemos entenderlas son realidad que nos ayudan a alcanzar los ideales más altos de nuestras vidas, y, sobre todo, nos ayudan a levantarnos de nuestras caídas.
Es cierto que los Ángeles de la Guardo no impedirán que tropiece mi pie o que me golpee en las caídas, pero siempre estarán a mi lado para soplar en el oído de mi corazón cómo sanar mis heridad y cómo recuperar la fuerza para poder levantarme, porque ellos siempre me traerán la Buena Noticia del Amor del Padre que, en todo momento, pecador o santo, me amará para que alcance la meta y conserve la fe.
Por todo esto y por más, el Señor, nos pide que crezcamos como niños en Dios, que no olvidemos que, aunque nos parezcan tonterías de niños, para el Padre siempre seremos hijos pequeños que necesitan de Él y sus Ángeles para poder permanecer Fieles en el Amor y la santidad.
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