"Jesús le respondió: «Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican.»
Y esa fue la gran felicidad de María: saber escuchar la Palabra de Dios y practicarla, no dejarla solamente guardada para algunos momentos, sino "conservarla y meditarla en su corazón" para que esa Palabra se haga vida en Ella, y así, el Verbo pudo hacerne carne en su seno, porque primero había sido la Palabra quien había llenado la vida de María.
Y con esa misma fidelidad que tuvo al Padre, también la tuvo con la Palabra del Hijo, aquella palabra que en el momento culminante de su vida le dirigió: "Mujer, ahí tienes a tu hijo", y desde ese momento María no se separó de ninguno de sus hijos, y en los momentos de mayor adversidad, soledad o dolor, Ella siempre estuvo presente así como estuvo presente en los peores momentos de la Vida de su Hijo, y supo acompañarlo hasta la muerte en Cruz, así lo está con cada uno de nosotros.
Por eso, en Aquél Pilar de Zaragoza Ella vino a acompañar a Santiago, a fortalecer su esperanza y encender, otra vez, su pasión por la predicación, para que ante la frialdad del pueblo no decayera su decisión de seguir anunciando la Buena Noticia.
Y hoy María en el Pilar de Zaragoza nos viene a alentar, como en aquél momento, para que nuestra fe no pierda el fuego del Espíritu Santo, para que nuestra Esperanza de ser constructores de un Hombre Nuevo que sea protagonista de un Mundo Nuevo no decaiga, y, sobre todo, para que nuestro Amor por Dios y por los hombres sea cada día más intenso, para poder, así, entregar como Santiago nuestra vida por anunciar con Amor la Palabra de Dios.
María siempre estará junto a nosotros, quizás no la veamos sobre el Pilar, quizás no la encontremos en ningún lugar, pero como una verdadera Madra Ella siempre estará cerca para sostenernos, como una verdadera Madre Ella siempre mirará nuestro caminar y se alegrará con nuestras alegría y llorará con nuestras tristezas, gozará con nuestra virtud y se dolerá de nuestro pecado, pero nunca rechazará a ninguno de sus hijos, porque en cada uno de nosotros, Ella ve a su Único Hijo.
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