viernes, 19 de octubre de 2018

Levadura inservible

"...Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos:
«Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía, pues nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse.
Por eso, lo que digáis en la oscuridad será oído a plena luz, y lo que digáis al oído en recámaras se pregonará desde la azotea".
Me llamó la atención en este párrafo del Evangelio de Lucas que comenzara con "dirigiéndose primero a sus discípulos", con una advertencia que, uno podría decir, era para todos pero que Lucas quiere que pongan la atención, primero, los discípulos, los que están más cerca de Jesús, los que escuchan más a mendo su palabra, los que se llaman a sí mismos "seguidores de Cristo".
Y ¿qué les dice a los seguidores de Cristo? "Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía". Una hermosa advertencia. Hermosa no porque sea algo lindo la hipocresía, sino porque es una advertencia que tenemos que tener muy en cuenta, porque, muchas veces, creemos que "a nosotros eso no nos puede pasar porque somos muy cristianos", y ahí está justo lo que nos está pasando: somos hipócritas.
Cuando nos creemos más que los demás y por eso podemos permitirnos el juzgar sus conductas, el marcar sus errores, el darnos tiempo para no hacer lo que Dios nos pide pero sí tener tiempo para poder criticar y juzgar a los demás. Cuando nos creemos con el derecho de señalar lo que los demás tienen que hacer pero que nosotros no hacemos en ningún momento. Cuando por creernos mejores creemos que lo que nos dicen no es para nosotros sino que es para otros. Cuando creemos que quien me está hablando no tiene capacidad suficiente para decirme tal o cual cosa. Cuando en mi pensar u obrar dejo de lado a alguien y lo evito en mi saludo o con mi vida.
¡Hay tantos hechos que son hipócritas en nuestras vidas! Que no estamos exentos de que, realmente, sea a nosotros a quienes nos dirija esa advertencia el Señor. Pero ¿por qué a nosotros? Porque somos los que estamos cerca de Él, los que más escuchamos su Palabra, los que rezamos, los que comulgamos, los que creemos.
¿A quién no cree en el Señor, a quien no escucha Su Palabra, a esas personas puede el Señor llamarles la atención? No. A quienes creemos y a quienes Él nos ha llamado para transformar el mundo nos pide que no hagamos lo mismo que hicieron otros, que no nos dejemos corromper por la vanidad, el egoísmo, el rencor, la envidia, y tantas otras cosas más que son fruto del pecado original.
Porque cuando nos creemos que somos mejores que los demás, es justo en ese momento cuando nos transformamos en "inservibles" para el Reino de los Cielos.

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