domingo, 21 de octubre de 2018

La luz del alma

Dentro de las palabras del Profeta, me quedó esta frase:
"Por los trabajos de su alma verá la luz..."
Claro que esta pequeña frase está inserta en el contexto del sufrimiento del Siervo de Dios, cuando se está profetizando acerca del padecimiento del Mesías por nosotros, o sea que los trabajos del alma son el aceptar la Cruz de cada día que es la que nos da la Luz necesaria para poder mirar desde Dios toda nuestra vida.
Somos muchos los que, en un primer momento, rechazamos la Cruz que el Señor nos pide en algún momento. Y es lógico porque Él no nos creó para el dolor y el sufrimiento, pero fruto del pecado original forman parte de nuestras vidas.
Por eso el Mesías, nuestro Señor, no dudó en aceptar el Camino que el Padre le indicó recorrer para salvarnos y redimirnos, y, aunque no nos quitó el dolor de cada día, sí nos dio un camino para que esa Cruz no quede sin recompensa. Así nuestra cruz unida a Su Cruz se transforma en instrumento de salvación y santificación.
Instrumento de salvación porque la "unimos a los padecimientos de Cristo", como dice san Pablo, y continuamos su Obra de redención. E Instrumento de santificación porque la Cruz asumida desde el Amor nos santifica y nos fortalece, nos ilumina y nos alienta en el Camino hacia el Padre.
Es cierto que no tenemos que salir a buscar cruces, sino que es sólo aceptar la que cada uno tiene que llevar. Tampoco la compares con la de tu vecino, porque cada uno tiene la que el Padre quiere que puede llevar y la que necesite para hacer su Obra, puede ser física o espiritual, eso no importa. Lo que importa es cómo cargo mi cruz de cada día, porque sólo aceptándola por Amor a la Obediciencia al Padre es cómo llenará mi alma de luz pues Él me dará todos los medios necesarios para poder llevarla, para poder cargarla.
Sino miremos a Jesús quien antes de cargarla, en el Huerto de los Olivos le pidió al Padre: "Padre, si es posible que pase de mí este Caliz... pero que no se haga mi voluntad sino la tuya". Y el Padre envió a los ángeles para asistirlo.
Por eso, como dice el escritor de Hebreos, "no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado", no dejemos de mirarlo a Él, no dejemos de hablar con Él, no dejemos de buscarlo a Él, porque sólo Él comprenderá nuestro dolor, nuestra angustia, nuestro sufrimiento, y nos ayudará a no desfallecer en cada paso, a ser fuerte ante la desesperación, nos dará la Luz para que la oscuridad del dolor no opaque el brillo del Espíritu que hay en mí.

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