miércoles, 3 de octubre de 2018

La sabiduría de Job

"Respondió Job a sus amigos:
«Sé muy bien que es así: que el mortal no es justo ante Dios.
Si quiere pleitear con él, de mil razones no le rebatirá ni una.
Él es sabio y poderoso ¿quién, le resiste y queda ileso?".
El libro de Job tiene un hermosa sabiduría que parte de la sencillez y de la profundidad de la vida, dos cosas que parecen contrarias pero que son sumamente valiosas para nuestro vivir en Dios. Los planteos y los interogantes que le hacen los amigos de Job son palabras que siempre hemos escuchado en los momentos de dolor, de oscuridad, de desgracias, y, sobre todo, en los momentos en que más débiles nos encontramos y, por eso, siempre se intenta tentarnos para contrariar a Dios. Pero Job sabe responder desde la sencillez de su corazón lleno de Dios, por eso sus respuestas son sencillas y profundas, porque nacen de la profundidad de un corazón que ha vivido en Dios, veraderamente.
Es cierto que podemos pleitear con Dios. Podemos enfadarnos con Él y exigirle un millón de cosas. Podemos levantar nuestra voz frente a lo que nos parecen castigos de Dios o exigencias que nunca podremos cumplir. Pero, como dice Job: "si quiere pletiear con él, de mil razones no le rebatirá ni una". Nunca el Señor nos rebatirá nuestros argumentos, porque sabe que brotan de un corazón dolorido, y que en ese momento no tendremos oídos para escuchar sus razones, y así, Él se toma tiempo para que se apacigüe nuestro corazón y en la calma podamos, entonces sí, entablar un diálogo sincero en el que sepamos y podamos escuchar sus razones.
Algo que también tenemos que aprender para nuestras relaciones personales de aquí, en la tierra, porque muchas veces nos ponemos muy duros y tenaces y entablamos discusiones que no llevan a ningún lado cuando dos personas, seguras de sí mismas, quieren hacerle cambiar de opinión a otra que no lo quiere hacer, terminando así en una pelea verbal que, en algunos casos, lleva a la enemistad o al enfado permanente. ¿De qué sirve discutir con alguien que no quiere o no puede entender mis razones? ¿O cuando yo no quiero ni puede entender sus razones?
Y así, también nos sucede cuando el Señor nos llama a una misión concreta, a dejar de lado nuestros criterios para seguirlo en algo que Él tiene pensado que podemos hacer por la salvación de los hombres, pues eso significa el llamado del Señor: necesitar operarios para su mies, pero no sólo sacerdotes o religiosos o consagrados, sino que necesita hijos que quieran seguirlo y así evangelizar el mundo de hoy. Pero, como nos lo dice en el evangelio, muchas veces, encontramos mil y un argumentos para retrasar la respuesta al Señor. En una palabra siempre encontramos una excusa para no seguirlo. Y si ese es el caso, sepamos que Él nos lo dice: quien actúa así no es digno de Mí, quien pone excusas no es válido para el Reino de los Cielos.

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