lunes, 15 de octubre de 2018

Dejándonos guiar por el Gran Capitán

En la carta a los Romanos san Pablo dice que:
"también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente anhelando que se realice la redención de nuestro cuerpo. Porque solamente en esperanza estamos salvados..."
Todo nuestro ser, aunque no lo sepamos, clama hacia lo alto para alcanzar la perfección, la plenitud, la bienaventuranza eterna. Todos estamos llamados a una plenitud que está mucho más afuera de nosotros y que sólo cuando dejamos que desde lo alto nos ilumine el Espíritu podemos descubrir el Camino para llegar a esa meta. Cuando renunciamos a esa meta igual seguimos esperando, aunque nos conformamos con metas pequeñas, con metas cortas, con vidas mediocres y deseos que se satisfacen con las bellotas del campo. Pero hay quienes habiendo dejado entrar al Espíritu en sus corazones comenzaron a dejarse llevarse hacia lo alto.
Cuando Santa Teresita de Lisieux contemplaba la vida de Teresa de Ávila, la comparaba a las grandes águilas que habían alcanzado la cima de las grandes montañas. Y así son las grandes almas cuando se dejan atrapar por el Amante Eterno, son elevadas hacia las más altas cumbres de la santidad, aunque en el camino se vayan sintiendo cada vez más pecadores.
En la vida de Teresa de Ávila vemos cómo cuanto más se acercaba a la Luz de Dios más defectos veía en su alma, y por ellos sufría y ofrecía los sacrificios al Señor, pues no podía dejar su alma empobrecida por la debilidad humana cuando su Esposo era el mismo Señor.
"Igualmente, sigue diciendo san Pablo, el mismo Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque no sabemos orar como es debido; pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que sondea los corazones conoce el deseo del Espíritu y sabe que su intercesión en favor de los santos está de acuerdo con la voluntad divina".
Y esto ocurre cuando dejamos que sea el Espíritu Santo quien manifieste en nuestro corazón lo que el Padre soñó para nuestra vida desde toda la eternidad: un sueño que va cobrando fuerza y vida a medida que dejamos que el Espíritu obre según le parezca.
Aunque, cuando sabemos de qué manera obra en nosotros el Espíritu es cuando nos cuesta tomar la decisión de dejarlo obrar en nosotros, porque tememos por los caminos que nos lleve o por lo que nos haga pasar, así como tamibén, tememos las renuncias que nos pide hacer o las muertes que nos pida vivir.
Y de eso sabía mucho Santa Teresa, pero aún así, cada día más se dejaba llenar por el Espíritu Santo hasta convertirse en un auténtico instrumento para llevar a cabo una fundación tan grande como lo fue el Carmelo, pero con ello abrir un camino de espiritualidad dentro, no sólo de la Iglesia sino de la Historia de la humanidad.
Así nos quiere el Señor conscientes de nuestra pequeñez pero sabiéndonos amados y conducidos por un Gran Capitán que no sólo te pide soltar amarras y dejar tu propia comodidad sino que será Él mismo quien impulso con su Espíritu la barca de tu vida hacia costas nunca soñadas pero siempre deseadas.

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