"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!
¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división".
¿Qué clase de fuego vino a traer Cristo? Seguramente no es el fuego de un piromaníaco, sino el fuego del Espíritu Santo, el fuego de los Dones del Espíritu que nos quema por dentro y nos enciende en el deseo de santidad y, por eso, de trasnformar el mundo con la sabiduría de Dios y hacia lo que Dios había pensado desde su creación.
Cuando alguien está, realmente, encendido por el fuego del Amor Verdadero no puede no querer encender a otros, quiere contagiar con su mismo deseo, con su mismo amor. Cuando se cree en una Idea, cuando se tiene un Ideal, se juega la vida por ello. Es algo que hemos visto en los santos, en los mártires, en los misioneros, en tantas personas en el mundo. Y ha sido Jesús quien nos ha iniciado en ese camino, por eso mismo no podemos ser tibios a la hora de vivir nuestra fe, a la hora de anunciar el evangelio lo tenemos que hacer con la fuerza del Espíritu, con el fuego de sus Dones.
Es cierto que, muchas veces, podemos llegar a tener piedras en el camino o que nos tiren piedras por lo que anunciamos o por lo que vivimos. Es cierto que el Camino que recorrió Jesús antes que nosotros será el mismo que nos toque recorrer a nosotros si nos dejamos encender por su Espíritu. Es cierto que su deseo de hacer arder el mundo con el Espíritu chocaba con el conocer el sufrimiento que le esperaba, pero eso no lo hazo claudicar en su misión, pues el Amor al Padre era más fuerte que el sufrimiento que le esperaba, el deseo de obedecer al Padre era más fuerte que la Cruz que estaba al final.
Y es esa lucha, como la llama san Pablo: "de la carne y el espíritu", la que primero tendremos que lidiar, y será esa lucha la que no nos dará paz hasta que venzamos y logremos aceptar con todos los riesgos la Voluntad de Dios. Pues sólo tendremos paz interior si aceptamos ser fieles instrumentos en manos del Padre, para que, como el Hijo, podamos ser fieles a Su Voluntad y no a la nuestra.
Que también es cierto que, cuando se vivie radicalmente el evangelio y se anuncia con toda la fuerza del Espíritu, habrá muchos que nos dejen de lado, que nos tiren piedras en el camino. Habrá familias que se dividan por el evangelio, amigos que se distancien por no querer compartir esa vivencia... seguro. Por eso Jesús dice que habrá divisiones, porque no se puede amar a dos señores, ¿o amas a Dios o al mundo? ¿Eres Fiel a Dios o al mundo?
Pero somos cada uno quienes decidimos con quien estamos, qué hacemos, qué predicamos. Y será nuestra decisión la que haga que nuestro mensaje sea auténtico o no, tenga la fuerza del Espíritu o sean sólo palabras vacías que nadie crea porque no tienen la fuerza de la Vida en ellas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.