Comenzamos hoy el Tiempo de Adviento. Sí, ya estamos casi en Navidad y no nos hemos dado cuenta de cómo ha pasado el año. Y ¡cuántas cosas han pasado en este año! Si miramos hacia atrás vamos a ver cuánto hemos vivido y cuántas cosas han pasado, pero ¿hemos tomado conciencia de cómo las hemos vivido?
El Tiempo de Adviento es un tiempo de espera, de silencio para que no lleguemos al Misterio de Navidad sin habernos preparado, sin habernos puesto a pensar qué le vamos a ofrecer a ese Niño que va a nacer, a ese Dios que va a venir a salvarme, a ese Hombre Dios que viene a demostrarme su Amor, a darme su Vida.
La espera en estos días tiene que ser silenciosa pero activa, silenciosa para poder escuchar a Dios, para abrir el corazón a Su Palabra que me llevará a meditar las promesas que se van a cumplir en Jesús, para dejar de lado las preocupaciones de todos los días para poder introducirme en el misterio de la Salvación. Pero es un silencio activo para poder dejarme llevar por el Espíritu, así como María y José se dejaron llevar hacia Belén, como los pastores se dejaron llevar hacia el Portal de Belén, así como los Reyes se dejaron conducir por la estrella, así yo debo dejar que el Espíritu Santo me lleve hacia dónde Dios quiera para encontrarme con la fuente de la Salvación.
Justo cuando tantas cosas tenemos que preparar para estas fiestas es cuando Dios nos pide silencio y meditación. Sí, Dios tiene esas cosas porque sabe que si no nos lo pide no lo vamos a hacer, e, igualmente, no nos vamos a detener mucho porque lo pensamos un día y nos lo olvidamos al otro. Dios sabe que si no nos lo recuerda todos los años el mejor y mayor acontecimiento que ocurrió en la historia de la humanidad quedará simplemente en un brindis, en un festejo con un hombre de rojo, y el Misterio real del Nacimiento del Hijo de Dios quedará tapado por tantas cosas efímeras y vacías.
Hoy más que nunca necesitamos poner nuestro corazón en la celebración de la Navidad para que Dios vuelva al corazón de los hombres, para que los hombres busquemos caminos de Paz, de fraternidad, de Verdad, para que cesen en los hogares, en los colegios, y en las naciones los actos de violencia y el hombre pueda encontrar verdaderos caminos de paz que comienzan en nuestros corazones y se derraman al mundo.
domingo, 30 de noviembre de 2025
Otra vez Adviento
sábado, 29 de noviembre de 2025
Vivir embotados
«Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».
¡Cuánta razón! como siempre tiene Jesús: debemos temer de nosotros mismos, porque somos nosotros mismos quienes atentamos contra nuestra vida espiritual cuando nos dejamos llevar por tantas y tantas cosas. El ritmo de vida que llevamos desde hace mucho tiempo nos impide pensar adecuadamente, no nos deja tener tiempo para la reflexión, para la meditación, no sólo de la Palabra de Dios sino, sobre todo, de cómo estamos viviendo. Cada día nos exigimos más y más para poder tener más y más, sin darnos cuenta que cuanto más nos exigimos para tener menos somos, menos tenemos en nuestro interior, y, aunque "cumplamos con ritos" menos cerca estamos del Señor.
Cuando nuestra vida está embotada por todo lo que tenemos planeado hacer, por todo lo que aún nos falta por vivir, por todo lo que aún tenemos que conseguir... entonces no estamos ocupados de lo que tenemos que vivir, no estamos ocupados de lo que Dios quiere que vivamos, no estamos confiados en la Gracias y en la Providencia, no estamos disponibles para escuchar Su Voluntad.
Vamos viviendo, no a los tumbos, pero sí sin rumbo cierto y la vida, en realidad, es la que nos lleva por delante sin poder vivirla, aunque creamos, sinceramente, que somos nosotros quienes tenemos las riendas de nuestra vida. Sin embargo no es así. Vivimos embotados con el ruido del mundo, con las inquietudes de la vida y no dejamos que la Gracia entre en nuestra vida, sino que vivimos esforzándonos por conseguir lo que nunca tendremos porque lo que vamos consiguiendo es efímero y no llena la vida de plenitud porque todo lo que vamos adquiriendo pasa, como las modas, las ideologías, el espíritu del mundo.
No son pocos los que llegado el momento se dan cuenta del vacío existencial y no encuentran el camino o la forma de llenar de sentido sus vidas. Eso no ha de pasarnos a nosotros, por eso debemos detenernos frente al Señor de la Vida para que sea Él quien nos ayuda a encontrar el sentido de nuestras vidas, a descubrir el para qué y el por qué de tantas cosas para que, aceptando Su Voluntad, tengamos la Luz para alcanzar la Verdadera Vida que es Él mismo.
viernes, 28 de noviembre de 2025
La Palabra nos guía
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos una parábola:
«Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano.
Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.
En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».
Dos cosas importantes, por lo menos para mí, en este Evangelio. Por un lado Jesús, siguiendo el relato del fin de los tiempos, nos habla no de algo tremendo que va a suceder sino que "sabed que está cerca el reino de Dios", lo trágico pasará y llegará el Reino de Dios, aquello por lo que rezamos cada día: venga a nosotros tu reino". Siempre en nuestras vidas hay sucesos que nos producen temor, ansiedad, desesperanza, dolor y, quizás, otras sensaciones que no quisiéramos vivir, pero todo eso pasa, todo eso queda atrás cuando confiamos en que siempre el Señor nos acompañará a vivir el gozo pues todo es para nuestro bien, y aunque lo veamos todo oscuro y sin futuro siempre hay esperanza para los que confían en el Señor.
En definitiva lo que esperamos que llegue es el Reino, y el Reino llegará a su momento, no sabemos cuando y por eso Jesús nos lo advierte, pasarán cosas pero llegará la paz, llegará la justicia, llegará el amor, llegará la luz y todo el resto quedará detrás en el pasado y en la misericordia de Dios, pues confiamos y creemos en Su Palabra que nunca nos engañará ni nos llevará por lugares que no podamos recorrer, pues Él es nuestro Pastor.
Y, por otro lado, nos habla de lo eterna que es Su Palabra, pero no sólo porque nunca será modificada, ni debe serlo por el hombre, sino que Su Palabra siempre nos guiará, siempre nos dará la luz necesaria para iluminar el camino de nuestra vida y, aunque pasáramos por caminos oscuros e inseguros Ella nos dará la luz y la confianza para seguir adelante. Pero, también, siempre iluminará nuestros actos, nuestras palabras para que no dejemos de dar testimonio de lo que creemos, pues cada momento y cada día somos, no sólo hijos del Padre, sino discípulos del Hijo guiados por Su Palabra y por el Amor del Espíritu. Por eso sabemos que Su Palabra siempre nos guiará si somos fieles a Su Voluntad que está, primeramente, expresada en lo que el Padre, junto con el Hijo, e iluminados por el Espíritu Santo han querido que quedará escrita para tener vida y vida en abundancia.
jueves, 27 de noviembre de 2025
Levantaos, alzad la cabeza
"Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación».
Fijaos que cuando Jesús nos habla del fin de los tiempos no lo hace para que tengamos miedo de lo que pueda ocurrir sino que nos pongamos de pie, que levantemos la cabeza, una actitud que no sólo hemos de tener para ese día pues no sabemos cuándo vendrá, sino que debemos tener en todo momento, cada día, y no porque tengamos que estar preparados para ese día (por un lado sí) pero por otro porque estamos confiado en su misericordia, en su gracia, y por eso confiamos en lo que sucede o en lo que va a suceder.
Estar en pie, levantados, significa no quedarnos sentados a esperar que las cosas suceden por sí solas, sino que somos nosotros quienes tenemos que ponernos a trabajar por el Reino, quienes tenemos que ponernos a trabajar para convertirnos y traer (no por nuestros méritos sino por su Gracia) la Vida Nueva a nuestra vida cotidiana. No podemos dejarnos abatir por las cosas que puedan suceder sino que tenemos que hacerle frente y aceptar, con la ayuda del Espíritu, la Voluntad del Padre o lo que el Padre permita que tengamos que vivir.
También tenemos que vivir todo con la cabeza bien alta, es decir no avergonzarnos porque nos hayamos equivocado o caído por las tentaciones, sino que, poniendo la confianza en la misericordia de Dios, sabiendo pedir perdón y seguir intentando ser fieles a Dios, porque ese es nuestro mejor testimonio: no creer en que podemos por nuestras fuerzas, sino que Dios puede hacer grandes cosas cuando, siendo humildes, nos ponemos en Sus Manos.
Será entonces cuando llegue nuestra liberación del pecado, porque Su Misericordia y Su Amor son eternos y a pesar de nuestras caídas y pecados Él sigue amándonos y renueva en cada pedido de perdón su Gracia sobre nosotros para que podamos alcanzar la meta: "donde abundó el pecado sobreabundó la Gracia", nos hace recordar san Pablo. Pero todo abunda si somos fieles, porque sólo confiamos en Él y no en nosotros, confiamos en Él y nos disponemos a hacer Su Voluntad y no la nuestra.
miércoles, 26 de noviembre de 2025
El martirio de cada día
"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio".
Son pocas las noticias, en periódicos o televisión o radio, que nos cuentan de los martirios de sacerdotes, religiosos y laicos que se producen en el mundo, pues no es una noticia que le "guste" al príncipe de este mundo y por eso los que son partidarios de él se niegan a publicar, pues esa entrega martirial de tantos y tantas en el mundo hacen que la fe se acreciente y el Reino de Dios siga creciendo. Tampoco nosotros nos hacemos eco de esos mártires y, también, eso nos va contar en contra pues no somos fieles a la sangre derramada por nuestros hermanos para preservar, no sólo su fe, su fe y nuestra fe, y la fe del lugar donde nacieron, vivieron y entregaron su vida.
El testimonio de ellos, los mártires, nos tiene que ayudar a nosotros a tomar conciencia de cómo es nuestro testimonio ante la sociedad actual ¿seremos capaces de entregarnos al martirio como ellos? ¿Somos capaces de enfrentarnos al mundo para vivir nuestra fe y ser fiel a la Voluntad de Dios en el día a día?
No vivimos en países de persecución y de peligro, la mayoría de nosotros, y por eso, muchas veces, nuestra fe y nuestro testimonio no es tan fuerte y radical como lo espera el Padre de sus hijos. Por eso es que tenemos que seguir profundizando en nuestra vida de fe, en nuestra conciencia de que somos semillas del Reino de Dios y nuestra tarea es llevar el fruto de la Buena Noticia por donde vayamos. Nuestra vida tiene que desprender aroma de santidad, no porque ya seamos santos sino porque estamos en proceso de conversión, de vivir según el Amor que Dios nos tiene y llevar ese amor a todos lados.
No es fácil en el mundo de hoy dar testimonio de nuestra vida, pues tenemos que ir en contra de la corriente del mundo, en contra de tantas y tantas ideologías que se nos van metiendo en nuestra vida y no nos damos cuenta (o no queremos) que van transformando nuestro ser cristiano en mundano, en dejarnos llevar por su corriente y no hacemos frente o no defendemos lo que Dios nos ha regalado y nos pide vivir.
Y no nos tenemos que preocupar de cómo vamos a responder a esas tentaciones o a esas acusaciones, sino que tenemos que dejarnos invadir, cada día más y más, por el Amor de Dios, pues Él mismo nos ha dicho:
"Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro".
martes, 25 de noviembre de 2025
Prepardos para el final
Cada año cuando vamos finalizando el Tiempo Ordinario (litúrgico) las lecturas nos hablan de las profecías del final de los tiempos, de lo terrible que será o de lo que pasará cuando llegue ese final. Un final que no sabemos cuándo ni cómo ocurrirá pues lo que Jesús fue profetizando ha ido sucediendo a lo largo de la historia, y, aunque muchos quieran saber cuándo es el tiempo nadie lo puede predecir, ni siquiera el Hijo lo sabe, sólo el Padre.
Y, entonces, ¿qué sacamos de todo lo que Jesús nos ha dicho y de lo que las profecías hablan si no podemos predecir el día y la hora? Eso mismo, no sacamos ninguna fecha pero sí alguna conclusión.
El Padre no quiere que sepamos el día o la hora para que no estemos preocupados de lo que va a ocurrir, porque quiere que aprendamos a vivir en el presente y en el sentido que le demos a nuestra vida. O, mejor dicho, que busquemos un sentido para vivir el presente que se nos regala, para que así no estemos tan preocupados sino ocupados. Esa ocupación es la que nos ayudará a estar siempre preparados y prevenidos para cuando llegue la hora, y no sólo la hora del fin de los tiempos o del fin de nuestra vida terrenal, sino la hora en que el Padre nos quiera pedir algo extraordinario o que nos permita vivir algo que no teníamos pensado para nuestra vida.
El vivir en la confianza en la Providencia de Dios nos ayudará a estar siempre alertas para saber qué es lo que el Padre nos pida vivir, porque sabremos que lo que Él nos pide siempre será lo mejor para nuestras vidas y estará en ello la felicidad y la bienaventuranza anunciadas, que es lo que siempre esperamos y deseamos.
Por otro lado, cuando Jesús habla del Templo material, también se está refiriendo a nuestro cuerpo mortal como templo del Espíritu que habita en nosotros, por eso hoy nos invita a no buscar engalanar tanto nuestro cuerpo, es decir a no preocuparnos de si estamos jóvenes, si somos lindos, gordos, feos, delgados, si tenemos títulos, se tenemos bienes materiales, si nos engalanamos o... porque de todo eso no quedará nada, sólo seguirá viviendo el espíritu que el Padre nos regaló cuando nos llamó a la vida. Porque, no nos tenemos que olvidar, que somos espíritu y que nuestro cuerpo, con el tiempo, va perdiendo calidad, y, como dice san Pablo "cuando nuestro hombre exterior se vaya desmoronando, nuestro hombre interior se va renovando día a día", y ese hombre interior es al que tenemos que cuidar, proteger, ayudar a madurar y vivir en la Gracia de Dios, para que siempre esté preparado y prevenido para lo que Dios quiera pedirle.
lunes, 24 de noviembre de 2025
Cuánto le damos al Señor?
"En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos, vio unos ricos que echaban donativos en el tesoro del templo; vio también una viuda pobre que echaba dos monedillas y dijo:
«En verdad os digo que esa viuda pobre ha echado más que todos, porque todos esos han contribuido a los donativos con lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».
Un Evangelio corto pero muy sustancioso porque se puede leer de muchos modos y, sobre todo, cuando nos ponemos o dejamos que el Espíritu nos oriente y nos ayude a discernir podemos sacarle "mucho jugo" a las Palabras del Señor.
Una visión de este evangelio es la material, la que en ese momento se está refiriendo Jesús, es ver la generosidad de la viuda al dar poco pero todo lo que tenía para vivir, contra lo que ofrecían otros que, seguramente, serían las mismas dos monedas pero que sólo era un porcentaje mínimo de lo que poseían. No es que Jesús quiera poner un porcentaje mínimo o máximo para aportara al sostenimiento del Templo, sino ver la generosidad de cada corazón para ofrecer a algo que nos ayuda en nuestra vida espiritual. ¿Cuánto aportamos para el sostenimiento del culto, para el mantenimiento de nuestros Templos?
Pero también podemos ver otra realidad o desde otro punto de vista: el Templo como nosotros mismos: ¿qué le entregamos a Dios para sostener nuestra vida espiritual? ¿Somos conscientes que somos nosotros mismos quienes tenemos que sostener nuestra vida espiritual? ¿Cuánto tiempo le dedicamos a la oración, a la reflexión de la Palabra, a recibir los sacramentos de la penitencia y eucaristía? Ahí nos daremos cuenta que sólo le dedicamos el tiempo que nos sobra, y, otros días, ni siquiera el que nos sobra porque "no tengo tiempo". Y después queremos que el nuestro espíritu nos sostenga en los momentos duros, que podamos discernir en la oscuridad, etc. Y no lo logramos porque no tenemos la fuerza suficiente o no hemos madurado lo suficiente en nuestra vida espiritual.
Por eso tenemos que tener en cuenta que si queremos que nuestros Templos materiales estén limpios, cuidados, calentitos o frescos, debemos aportar de lo nuestro para que eso suceda porque son nuestros y usamos de ellos para nuestra vida y la vida de nuestro pueblo. Y lo mismo con nuestra vida espiritual, si queremos alcanzar la santidad, o si queremos estar preparados para cuando el Señor nos pida algo que no nos guste, entonces dedícale tiempo al Señor, no le des lo que te sobra sino entrégale todo lo que tienes y el te devolverá más de lo que necesites.
domingo, 23 de noviembre de 2025
Compartamos el Trono del Rey
"Había también por encima de él un letrero:
«Este es el rey de los judíos».
Algo que hemos escuchado muchas veces dice: el trono de nuestro Rey fue una Cruz y su corona de espinas, y así es, hoy que celebramos a Jesucristo Rey, recordamos esa realidad. Pero es una realidad que enseguida se nos olvida, aunque llevemos la imagen de su trono sobre nuestro pecho o colgada de nuestras orejas como pendientes o tatuada en la piel de nuestro cuerpo, se os olvida que el mejor lugar en el que debe estar ese trono es tatuado en nuestro corazón.
La Cruz del Señor debe estar en nuestro corazón para saber a qué Rey pertenecemos o de qué Rey somos parte, porque su Reino no es de este mundo, y si su reino no es de este mundo, tampoco nosotros somos de este mundo: "estáis en el mundo pero no sois del mundo", por lo tanto no deberíamos comportarnos como el mundo se comporta, sino aprende ra comportarnos como se comportó nuestro Rey.
Pero, cuando nos toca compartir el trono real hacemos como aquel malhechor que fue crucificado junto a él:
"Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo:
«¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».
Sí, queremos reinar con Él, queremos recibir todo de Él, pero cuando nos pide compartir el trono real lo rechazamos, cuando nos pide dejar el mundo nos enfadamos, cuando nos pide ser fieles a Su Voluntad miramos para otro lado, porque todavía no queremos desprendernos de lo que, aparentemente, es lo bueno del mundo. Por eso necesitamos tener la actitud del otro ladrón, porque podemos descubrir con el corazón que ese Trono Real es el que nos conduce a la vida verdadera:
"Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía:
«¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada malo».
Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».
Jesús le dijo: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».
Y ese paraíso, ese reino es el que siendo fieles al Rey construiremos aquí en la tierra: venga a nosotros tu reino, hágase Tu Voluntad en la tierra como en el Cielo.
sábado, 22 de noviembre de 2025
Cantad a Dios
De los comentarios de San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia sobre los salmos
Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas; cantadle un cántico nuevo. Despojaos de lo antiguo, ya que se os invita al cántico nuevo. Nuevo hombre, nuevo Testamento, nuevo cántico. El nuevo cántico no responde al hombre antiguo. Sólo pueden aprenderlo los hombres nuevos, renovados de su antigua condición por obra de la gracia y pertenecientes ya al nuevo Testamento, que es el reino de los cielos. Por él suspira todo nuestro amor y canta el cántico nuevo. Pero es nuestra vida, más que nuestra voz, la que debe cantar el cántico nuevo.
Cantadle un cántico nuevo, cantadle con maestría. Cada uno se pregunta cómo cantará a Dios. Cántale, pero hazlo bien. Él no admite un canto que ofenda sus oídos. Cantad bien, hermanos. Si se te pide que cantes para agradar a alguien entendido en música, no te atreverás a cantarle sin la debida preparación musical, por temor a desagradarle, ya que él, como perito en la materia, descubrirá unos defectos que pasarían desapercibidos a otro cualquiera. ¿Quién, pues, se prestará a cantar con maestría para Dios, que sabe juzgar del cantor, que sabe escuchar con oídos críticos? ¿Cuándo podrás prestarte a cantar con tanto arte y maestría que en nada desagrades a unos oídos tan perfectos?
Mas he aquí que Él mismo te sugiere la manera cómo has de cantarle: no te preocupes por las palabras, como si éstas fuesen capaces de expresar lo que deleita a Dios. Canta con júbilo. Éste es el canto que agrada a Dios, el que se hace con júbilo. ¿Qué quiere decir cantar con júbilo? Darse cuenta de que no podemos expresar con palabras lo que siente el corazón. En efecto, los que cantan, ya sea en la siega, ya en la vendimia o en algún otro trabajo intensivo, empiezan a cantar con palabras que manifiestan su alegría, pero luego es tan grande la alegría que los invade que, al no poder expresarla con palabras, prescinden de ellas y acaban en un simple sonido de júbilo.
El júbilo es un sonido que indica la incapacidad de expresar lo que siente el corazón. Y este modo de cantar es el más adecuado cuando se trata del Dios inefable. Porque, si es inefable, no puede ser traducido en palabras. Y, si no puedes traducirlo en palabras y, por otra parte, no te es licito callar, lo único que puedes hacer es cantar con júbilo. De este modo, el corazón se alegra sin palabras y la inmensidad del gozo no se ve limitada por unos vocablos. Cantadle con maestría y con júbilo.
viernes, 21 de noviembre de 2025
Una cueva de ladrones
"En aquel tiempo, Jesús entró en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles:
«Escrito está: “Mi casa será casa de oración"; pero vosotros la habéis hecho una "cueva de bandidos”».
Hay episodios del evangelio que nos quedan grabados en el recuerdo y éste es uno de ellos. Imaginando a Jesús voceando y echando a los mercaderes del Templo de Jerusalén, también, nos parece que no puede ser, pero sí, "el celo de tu casa me consume" es lo que Jesús sentía en ese momento: el deseo de que el Templo sea sólo un lugar de oración y no un lugar donde se venda y se compre, donde haya mucho ruido y movimiento de gente y animales.
El Templo de Jerusalén, como así también nuestros templos, son lugares erigidos para la oración, son el centro de la vida de la comunidad, son el espacio sagrado en donde nos encontramos con el Señor, con el Padre, donde podemos estar y debemos estar en silencio para poder escuchar la Voz del Padre, del Hijo y el impulso del Espíritu. Es el espacio que deberíamos cuidar con el mismo celo que Jesús intentando que todo puedan sentirse en el Templo arropados por el silencio, la paz, y el encuentro con el Padre y el Hijo.
Pero, muchas veces, no es así. Llegamos al Templo y parece que entramos en el bar pues nos sentamos al lado de quien sabemos que nos va a preguntar o a quien le vamos a preguntar sobre el día, sobre el tiempo, sobre los vecinos, la familia y el gato del vecino. Y se hace así un lugar de cotilleo y de chismorreo que no tiene sentido, y que es todo lo contrario de lo que tendría que ser.
Y lo mismo ocurre con nosotros cuando intentamos ponernos en oración. Porque debemos saber que nuestro cuerpo es Templo del Espíritu Santo, desde el día de nuestro bautismo, por eso Jesús también nos enseñaba que "en lo secreto escuchaba el Padre" que podíamos encerrarnos en nuestra habitación para hablar con el Señor. Pero cuando nos ponemos en oración nos cuesta hacer silencio, nos cuesta concentrarnos en el diálogo sincero con el Padre, con el Hijo o con el Espíritu, incluso con la Madre, porque nuestra cabeza no está en lo que tiene que estar, porque no sabemos hacer ese silencio necesario para escuchar. Sucede lo mismo que en el Templo material no soy capaz de hablar solo con quien tengo que hablar: con el Padre.
Por eso debemos ejercitarnos en el silencio orante, en el poder concentrarnos en ese diálogo sincero con el Señor para que cuando vaya a Su Encuentro, pues en el Templo, en el Sagrario, está Él, entonces pueda, realmente, hablar con Él y no con quien está sentado a mi lado. Y así podré dar testimonio de mi relación con el Señor, sin tener miedo a que me juzguen de no sé qué, sino que vean que, simplemente, el Templo es una Casa de Oración y no una cueva de ladrones.
jueves, 20 de noviembre de 2025
Llora por mi
"En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró sobre ella, mientras decía:
«¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos".
Si bien esta frase de Jesús y su llanto era sobre Jerusalén, me vino a la mente que podría estar pensando en tantos que se han apartado de su vida y se han alejado del Camino de la Salvación para dedicarse a otros dioses, a otros pensamientos, a otras ideas y Jesús los está mirando desde lejos, como el Padre del hijo pródigo, sabiendo que le había mostrado todo lo que podrían llegar a ser y vivir si seguían sus enseñanzas, pero se negaron a escuchar y se dejaron seducir por falsas profecías y por sensaciones placenteras que hoy están y mañana desaparecen.
Pero también nos lo dice a nosotros que, muchas veces, nos dejamos seducir por nuestro egoísmo, por nuestra soberbia, por nuestra vanidad y dejamos de vivir el amor, la fraternidad, dejamos de ser instrumentos de paz, de verdad, de unidad. Sabemos lo que debemos hacer pero nos dejamos llevar por el rencor, la comodidad, la pereza, el después lo hago y el tiempo va pasando y no soluciono los conflictos, no pido perdón, no perdono de corazón, no...
Y cuando el tiempo pasa también pasa la oportunidad de recibir la Gracia sanadora, pasa la oportunidad de tener la fortaleza y la paz para dar el paso que el Señor me había pedido y quedo encerrado en el dolor, en la ausencia del amor, en la soledad porque no fui valiente para dar el paso que el Señor me pedía, para dar el paso que tenía que dar y todo se volvió más difícil.
Hay piedras que se interponen en nuestro camino y nos quitan la Gracia para poder levantarnos, y más cuando nos quedamos tirados sobre nuestro pecado, por eso el Señor nos pone delante las soluciones, nos pide que miremos su Amor por nosotros y por todos, para que desde el Amor de Cristo podamos vivir lo que debemos y no lo que queremos, para que Su Gracia nos libere, nos fortalezca y nos ayude a ser fieles a la Voluntad del Padre, aunque eso nos cueste lágrimas de sangre (que no será nunca nuestro caso) pero que a pesar de todo siempre podamos decir "que no se haga mi voluntad sino la Tuya".
miércoles, 19 de noviembre de 2025
Resistir ante las tentaciones
«¡Hijo mío, ten piedad de mí, que te llevé nueve meses en el seno, te amamanté y crié durante tres años y te he alimentado hasta que te has hecho mozo! Hijo mío, te lo suplico, mira el cielo y la tierra, fíjate en todo lo que contienen y ten presente que Dios lo creó todo de la nada, y el mismo origen tiene el género humano. No temas a ese verdugo; mantente a la altura de tus hermanos y acepta la muerte. Así, por la misericordia de Dios, te recobraré junto con ellos».
Un pedido muy duro de una madre a su hijo, es lo que nos parece, pero es lo mejor que la madre le dijo a su hijo mostrándole su amor por él y por la Ley de Dios, en definitiva mostrándole el amor a Dios y al hijo que él le concedió.
Ser fiel al Señor como esta madre le pedía a su séptimo hijo, es un ejemplo de vida para nosotros, porque así tiene que ser nuestra fe, nuestra fidelidad al Evangelio, mostrar nuestra fortaleza en los momentos más difíciles que no serán, como en este caso, el martirio, sino el momento de saber decir no a las tentaciones, a los días malos, a las ganas de no hacer lo que Dios me pide, y a las ganas de hacer lo contrario al amor.
La fortaleza que demostraron los siete hijos y la madre ante las torturas del emperador, son las fortaleza que hemos de conseguir, día a día, para poder hacer frente a lo que el mundo nos ofrece y nos hace caer en la pereza, en los vicios, en el desinterés, en los celos, las envidias, la soberbia, y tantos otros males que vamos acumulando cuando no tenemos un espíritu fuerte para no caer en la tentación.
¿Cómo conseguirlo? El Señor nos ha dado muchos talentos con su Espíritu y a veces nos olvidamos quienes somos y lo que tenemos, y así no hacemos "producir" lo que Él nos ha dado, guardamos nuestros dones y los dejamos olvidados: la oración, la reflexión de la Palabra, la recepción de los sacramentos especialmente la reconciliación y la Eucaristía, la dirección espiritual... y así no alcanzamos la fortaleza ni la sabiduría para poder discernir lo que Dios nos pide y resistir ante las tentaciones de cada día.
martes, 18 de noviembre de 2025
Coherencia y testimonio
"Al ver esto, todos murmuraban, diciendo:
«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».
Pero Zaqueo, de pie, y dijo al Señor:
«Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más».
Jesús le dijo:
«Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».
¡¿Cuántos son los que murmuran al entrar, lo que ellos consideran, un pecador a la Casa del Señor?! Murmuramos contra ellos y también contra otros, a veces no nos importa quién es o qué hace o qué vive, nos importa más lo que me han dicho, lo que me parece o lo que creo que es tal o cual persona. Pero el Señor conoce lo secreto del corazón y sabe más que nosotros y así como conoce el corazón del "pecador" también conoce nuestro corazón y sabe de lo que hay en él. Y aunque nuestras palabras digan que somos buenos los comentarios o nuestras acciones muchas veces contradicen lo que creemos vivir.
La actitud de Jesús conmovió el corazón de Zaqueo e hizo que se arrepintiera de su mala conducta y buscara reparar el daño que había provocado. Y esa debe ser nuestra actitud si realmente nos hemos arrepentido, porque no basta sólo con confesarme de mis pecados, sino hay que reparar el daño que he provocado, sobre todo cuando mi pecado es en contra de la caridad al próximo, en contra de mi prójimo, de mi hermano.
Todo porque el Señor me pide coherencia en mi vida y que no me deje guiar por mis prejuicios, juicios o de lo que me han dicho o de lo que los demás dicen, sino intentar amar como Jesús, ver en el otro a alguien que debo amar y no a alguien a quien debo juzgar y condenar, y, muchas veces, hasta matar con la lengua.
Eleazar, de la primera lectura, nos enseña que hemos de ser coherentes en nuestra vida a pesar de que eso nos lleve a perder la vida, pero lo que importa es lo que el Señor pide y el testimonio que debo dar a los demás:
«¡Enviadme al sepulcro! No es digno de mi edad ese engaño. Van a creer los jóvenes que Eleazar a los noventa años ha apostatado y si miento por un poco de vida que me queda se van a extraviar con mi mal ejemplo.
Eso sería manchar e infamar mi vejez. Y, aunque de momento me librase del castigo de los hombres, no me libraría de la mano del Omnipotente, ni vivo ni muerto. Si muero ahora como un valiente, me mostraré digno de mis años y legaré a los jóvenes un noble ejemplo, para que aprendan a arrostrar voluntariamente una muerte noble por amor a nuestra santa y venerable ley».
lunes, 17 de noviembre de 2025
Necesidad de gritar
Os aconsejo meditar lentamente los instantes que preceden a este milagro a fin de gravar en vuestro espíritu esta idea tan clara: ¡qué diferencia entre el Corazón misericordioso de Jesús y nuestros pobres corazones! Este pensamiento os ayudará siempre, y más particularmente en la hora de la prueba, de la tentación, en la hora en que es preciso responder generosamente a las humildes exigencias de la vida cotidiana, en la hora del heroísmo. Porque «los que iban delante regañaban a este ciego para que se callara». También tú, cuando has sentido que Jesús pasaba cerca de ti, tu corazón ha latido más fuerte y te has puesto a gritar, preso de una agitación profunda. Pero entonces, tus amigos, tus costumbres, tu confort, tu ambiente te han aconsejado que te callaras, que no gritaras, diciéndote: «¿Por qué llamas a Jesús? ¡No le molestes!»
Pero este desdichado ciego no les escucha. Grita todavía con más fuerza: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». El Señor, que lo había escuchado desde el comienzo, le deja que persevere en su oración. Eso sirve igualmente para ti. Jesús percibe instantáneamente la llamada de nuestra alma, pero espera. Quiere que estemos del todo convencidos de la absoluta necesidad que tenemos de él. Quiere que le supliquemos, obstinadamente, como este ciego del borde del camino. Como dice san Juan Crisóstomo: «Imitémosle. Incluso si Dios no nos concede al instante lo que le pedimos, incluso aunque la multitud intente alejarnos de nuestra oración, no dejemos de implorarle».
domingo, 16 de noviembre de 2025
Ocuparnos de ser Fieles
"Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndonos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio.
Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro".
Estamos en el último domingo durante el año del Tiempo (litúrgico) Ordinario y, por esa razón, se nos habla del fin de los tiempos, un fin de los Tiempos que no está previsto ni es conocido ni el día ni la hora ni siquiera por el Hijo, sino que sólo el Padre conoce el día, por eso Jesús no habla del día sino de lo que puede llegar a pasar antes de que suceda, porque no quiere que vivamos pendientes de lo que vaya a suceder ni cuándo, sino que nos ocupemos del día a día de nuestra vida, confiando, profunda y radicalmente, en la providencia del Padre.
Y, fundamentalmente, que nos dediquemos a vivir y a aceptar la Voluntad de Dios en nuestras vidas, porque en el camino de la vida nos sucederán cosas y situaciones que tendremos que afrontar con la mirada puesta en el Señor. No todos vivirán lo mismo, pero sí todos tendremos que aceptar la Cruz de cada día, o aquella que nos permita vivir el Padre, con confianza en Él sabiendo que Él nos dará la fortaleza para llevarla y todo eso servirá para dar testimonio verdadero de nuestro ser de Dios, de nuestra confianza en el Padre y de nuestro espíritu cristiano.
Porque el verdadero testimonio de nuestra fe no se da en tiempos de bonanza, sí por supuesto, pero es en tiempos de cruces o de oscuridad cuando se muestra, verdaderamente, nuestra confianza en la Gracia de Dios.
En realidad toda ocasión es propicia para dar testimonio de nuestra vida cristiana, de nuestro amor al prójimo, de nuestra humildad, de nuestro saber estar, de nuestra capacidad de perdón, de todo aquello que el Señor nos pide vivir en el Evangelio y al que hemos dado nuestro consentimiento para vivir de acuerdo a él. Porque, en definitiva, no damos testimonio de cualquier cosa, sino de lo que vivimos y lo damos no sólo con las palabras, sino con nuestras acciones, haciendo que aquellos que no conocen a Dios lo conozcan por medio de nuestra vida. Por eso no debemos pre-ocuparnos de lo que va a suceder, sino ocuparnos de lo que tenemos que vivir y de cómo hemos de vivir la Fidelidad al Evangelio, la fidelidad al Amor de Dios.
sábado, 15 de noviembre de 2025
El empleado del mercado
"Y el Señor añadió:
«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».
Finalizando la parábola del juez injusto que, al final, le hace caso a la viuda, y nos enseña el Señor que es necesario orar sin desfallecer, incluye este final que tiene como dos conclusiones, una de las cuales nos gusta y la otra no tanto.
La primera conclusión es la enseñanza de Jesús, hay que orar aunque no "sintamos" que nos escucha el Padre, aunque no veamos nada, aunque nos sintamos en la oscuridad o tengamos sequedad de espíritu, siempre hay que orar, pues al final el Padre nos dará lo que necesitamos, pero no lo que le pedimos, salvo que lo que le pidamos esté en el camino de lo que necesitamos. Y eso, o, mejor, por eso, muchas veces sentimos que no nos escucha porque nos da lo que necesitamos y no lo que le pedimos, y al no ver los resultados que esperamos nos desilusionamos porque no obtenemos el pedido, y por eso no apreciamos lo que siempre nos está regalando sin pedirlo.
Y, por otro lado está la segunda conclusión: "pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?"
¿Qué nos quiere decir con esto Jesús? Y para responder se me ocurre un ejemplo que he estado escuchando mucho estos días y que hablan del rol de los maestros y profesores en la enseñanza. Los profes tienen, creo, por así decirlo, la obligación (quizás no es tan así, pero dejadme un poco de exageración) de hacer que los estudiantes pasen de año aunque no tengan aprobada la asignatura. Y, así, la finalización de los ciclos de estudios tiene un gran porcentaje de alumnos aprobados. Pero... esos que pasan sin aprobar ¿habrán aprendido a estudiar?
Y así nos pasa a nosotros, si Dios nos diera todo lo que pedimos ¿querrá decir que tenemos fe? Quizás sí, quizás no. Si nos dan todo lo que pedimos ¿sabremos valorar lo que tenemos? Y ¿cuando nos pidan algo que no queramos hacer lo podremos hacer? ¿Cuando no consigamos lo que deseamos seguiremos teniendo fe?
Todo eso nos sirve para saber si realmente amamos a Quien decimos creer, o si solamente lo tenemos como el empleado del mercado que nos da lo que le pedimos, y si no lo conseguimos ahí nos vamos a otro mercado...
viernes, 14 de noviembre de 2025
La necedad del mundo
"Son necios por naturaleza todos los hombres que han ignorado a Dios y no han sido capaces de conocer al que es a partir de los bienes visibles, ni de reconocer al artífice fijándose en sus obras, sino que tuvieron por dioses al fuego, al viento, al aire ligero, a la bóveda estrellada, al agua impetuosa y a los luceros del cielo, regidores del mundo".
No hablemos de la necedad de los que niegan a Dios o su existencia, sino la necedad de los que lo conocemos pero que lo negamos en nuestro día a día porque nos hemos dejado seducir por los dioses terrenos: el dinero, el placer, el sexo, el trabajo, el lujo, los títulos, etc. etc.
Pablo le habla a una generación que endiosaba las criaturas: el sol, las estrellas, el viento, etc., hoy los hombres (varones y mujeres) de este tiempo dicen que son más inteligentes que los antiguos, pero se dejan, igualmente seducir por los nuevos dioses, creados por sus manos y se hacen esclavos de sus destinos efímeros, que los llevan a empobrecer sus propias vidas y, sobre todo, las de las nuevas generaciones a quienes están dando ejemplo con el vacío de su interior.
"Con todo, estos merecen un reproche menor, pues a lo mejor andan extraviados, buscando a Dios y queriéndolo encontrar.
Dan vueltas a sus obras, las investigan y quedan seducidos por su apariencia, porque es hermoso lo que ven.
Pero ni siquiera estos son excusables, porque, si fueron capaces de saber tanto que pudieron escudriñar el universo, ¿cómo no encontraron antes a su Señor?".
Con todo, podrían ser excusables, pero no lo son porque con toda su capacidad intelectual podrían haber descubierto el vacío existencial que hay en el mundo. Por eso debemos dejar de pensar en lo queremos tener y volver a encontrarnos con el ser de cada uno, para poder volver a encontrar en Dios lo que le falta a nuestro interior. Y, sobre todo, los que lo hemos conocido y los que decimos conocer dar un verdadero testimonio de vida encarnada en Dios, donde Dios es el centro de nuestra vida porque al encontrarlo hemos encontrado el sentido de nuestra vida, y aunque seguirlo se haga, muchas veces, difícil e inentendible, lo seguimos porque Él nos ha demostrado Su Amor y se hizo por nosotros Camino, Verdad y Vida.
jueves, 13 de noviembre de 2025
Sé un modelo
Del Sermón sobre los pastores de san Agustín, obispo y doctor de la Iglesia.
Después de haber hablado el Señor de lo que estos pastores aman, habla de lo que desprecian. Son muchos los defectos de las ovejas, y las ovejas sanas y gordas son muy pocas, es decir, las que se hallan robustecidas con el alimento de la verdad, alimentándose de buenos pastos por gracia de Dios. Pues bien, aquellos malos pastores no las apacientan. No les basta con no curar a las débiles y enfermas, con no cuidarse de las errantes y perdidas. También hacen todo lo posible por acabar con las vigorosas y cebadas. A pesar de lo cual, siguen viviendo. Siguen viviendo por pura misericordia de Dios. Pero, por lo que toca a los malos pastores, no hacen sino matar. «¿Y cómo matan?», me preguntarás. Matan viviendo mal, dando mal ejemplo. Pues no en vano se le dice a aquel siervo de Dios, que destaca entre los miembros del supremo Pastor: Preséntate en todo como un modelo de buena conducta, y también: Sé un modelo para los fieles.
Porque, la mayor parte de las veces, aun la oveja sana, cuando advierte que su pastor vive mal, aparta sus ojos de los mandatos de Dios y se fija en el hombre, y comienza a decirse en el interior de su corazón: «Si quien está puesto para dirigirme vive así, ¿quién soy yo para no obrar como él obra?» Así el mal pastor mata a la oveja sana. Y, si mató a la que estaba fuerte, ¿qué va a ser lo que haga con las otras, si con el ejemplo de su vida acaba de matar a la que él no había fortalecido, sino que la había encontrado ya fuerte y robusta?
Os aseguro, hermanos queridos, que, aunque las ovejas sigan viviendo, y estén firmes en la palabra del Señor, y se atengan a lo que escucharon de sus labios: Haced lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen; sin embargo, quien vive de mala manera a los ojos del pueblo, por lo que a él se refiere, está matando a los que lo ven. Y que no se tranquilice diciéndose que la oveja no ha muerto. Es verdad que no ha muerto, pero él es un homicida. Es lo mismo que cuando un hombre lascivo mira a una mujer con mala intención: aunque ella se mantenga casta, él, en cambio, ha pecado. La palabra de Dios es verdadera e inequívoca: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. No ha penetrado hasta su habitación, pero la ha deseado en su propia habitación interior.
Así, pues, todo aquel que vive mal a la vista de quienes son sus subordinados, por lo que a él toca, mata hasta a los fuertes. Quien lo imita muere, mientras que quien no lo imita vive. Pero él, por su parte, ha matado a ambos. Matáis las más gordas -dice el profeta- y, las ovejas, no las apacentáis.
miércoles, 12 de noviembre de 2025
Ser agradecidos
"Jesús tomó la palabra y dijo:
«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».
Es este el final del relato de la curación de los 10 leprosos los que se fueron curando mientras iban a presentarse a los sacerdotes, como les había dicho Jesús, pero sólo uno vino a dar gracias y glorificar al Señor.
¿Por qué se enfada Jesús si sólo les había dicho que se fueran a presentarse a los sacerdotes para poder volver a integrarse en la comunidad? Porque el ser agradecido no hay que exigirlo, hay que sentirlo, hay que vivirlo. No me tienen que decir que debo dar gracias por lo que me dan, por lo que me ayudan, por la vida, por...
Pasa que hoy día estamos viviendo en un tiempo donde todos somos conscientes (o inconscientes) de nuestros derechos y podemos exigir lo que se nos plazca, pero no somos conscientes de nuestras obligaciones porque no se nos está educando en obligaciones. Y por eso, como sólo pensamos en nuestros derechos y en lo que los demás deben hacer por nosotros, vamos dejando de lado el ser agradecidos, vamos perdiendo los más valiosos valores del buen vivir.
Incluso lo vemos entre los miembros de una misma familia, no existen ya las frases o palabras tan hermosas para una convivencia: por favor, perdón, gracias. Todo son exigencias y nada más. Quizás, y como le asombra a Jesús, lo hacemos con los más alejados de mi vida, es decir, lo hago con gente extraña, quizás porque no sé cómo van a reaccionar si sólo les exijo cosas y no soy agradecido, pero en cuanto me hago parte de sus vidas también cambiamos y perdemos lo esencial de la convivencia.
Ser agradecido implica saber que hemos venido sin nada y nos iremos sin nada, porque nada nos llevaremos cuando el Padre nos llame a su Encuentro, y todo, desde la vida que tenemos no nos pertenece sino que nos ha sido regalada sin nosotros pedirla. Como nos hace pensar el sabio Job: «Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; bendito sea el nombre del Señor».
Claro que para ello tenemos que aprender a valorar lo que tenemos, descubrir en cada cosa, en cada persona, incluso en uno mismo, que todo lo que tenemos tiene un valor precioso porque ha sido pensado para mí y para mi bien, y por eso, al ver el valor que tienen las cosas, las personas y uno mismo podremos dar gracias por tanto y vivir en esa acción de gracias continua que produzca el gozo y la alegría de saber queridos y amados, cuidados y protegidos por un Padre que nos ha llamado a la vida y nos ha dado la Vida por medio de Su Hijo.
martes, 11 de noviembre de 2025
La Sabiduría de Dios
"Los insensatos pensaban que habían muerto, y consideraban su tránsito como una desgracia, y su salida de entre nosotros, una ruina, pero ellos están en paz.
Aunque la gente pensaba que cumplían una pena, su esperanza estaba llena de inmortalidad".
La Sabiduría nos sigue enseñando, en este caso nos habla de la muerte que, para muchos, se nos presenta como una desgracia y una ruina, y así es, para los que quedamos sufrimos lo que para nosotros es una pérdida, porque parece que perdemos a nuestros seres queridos porque no estarán más con nosotros. Pero sabemos, por el Don de la Fe, que la muerte es sólo un tránsito para la Vida eterna, esa Vida eterna que nos consiguió Jesús, el Hijo de Dios, cuando asumió en su cuerpo nuestra muerte y nos abrió las puertas de la eternidad con su Resurrección. Y así dándonos su Espíritu en el bautismo nos unió a Su Vida, a Su Muerte y a Su Resurrección para que pudiéramos compartir con Él la eternidad.
Esa verdad de fe no nos quita, por supuesto, la tristeza de la separación, pero tenemos que saber que no perdemos a nadie, sino que un día, cuando el Señor nos venga a buscar, volveremos a reencontrarnos, unidos en el Amor de Dios en las moradas eternas.
Claro es que aquí muchas veces sufrimos la cruz de cada día, a veces más fuerte o dolorosa que otras, cada uno debe abrazar la que le corresponde, ya sea espiritual, moral o física, Dios sabe cuál de ellas nos toca a cada uno, y para eso nos dará la Gracia necesaria y suficiente para poder llevar. Y si nos pesa demasiado recurrimos a Jesús: venid a Mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Pero no es para nosotros un castigo sino que lo aceptamos como parte de nuestro camino de santidad y parte de la historia de salvación que compartimos con el Señor, como dice san Pablo: ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros: así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia.
"Sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes bienes, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de él.
Los probó como oro en crisol, y los acepto como sacrificio de holocausto.
En el día del juicio resplandecerán y se propagarán como chispas en un rastrojo".
lunes, 10 de noviembre de 2025
La Sabiduría todo lo conoce
"Los pensamientos retorcidos alejan de Dios, y su poder, puesto a prueba, confunde a los necios.
La sabiduría no entra en alma perversa, ni habita en cuerpo sometido al pecado.
La sabiduría es un espíritu amigo de los hombres que no deja impune al blasfemo: inspecciona las entrañas, vigila atentamente el corazón y cuanto dice la lengua.
Pues el espíritu del Señor llena la tierra, todo lo abarca y conoce cada sonido".
Interesante la Palabra de Dios para comenzar una nuevo día y una nueva semana. Un nuevo día en dónde tenemos que esforzarnos, como siempre, para vivir en Fidelidad a Dios, en Fidelidad a lo que somos ¡hijos de Dios! Por eso, más de una vez y de mil, el Padre nos vuelve a orientar en cómo debe ser nuestra vida diaria. Hoy nos habla de la Sabiduría, pero no de la sabiduría de los libros sino de la sabiduría que viene por el Espíritu del Señor que vive en nosotros, pues la sabiduría de la tierra es intelectual y, en estos tiempo, es una sabiduría que prescinde de Dios y de sus mandamientos.
Por eso, nosotros que intentamos vivir cada día según la Voluntad de Dios tenemos que tener en cuenta lo que Su Palabra nos va diciendo para ir corroborando nuestro vivir y nuestra entrega.
"Los pensamientos retorcidos alejan de Dios". Sí, esos son los malos pensamientos. Muchas veces hemos unidos los malos pensamientos a lo sexual, a lo carnal, y no sólo esos son malos sino que hay muchos otros más que no los tenemos en cuenta, y son esos pensamientos retorcidos porque pensamos y volvemos a pensar mal de la gente, de nuestros hermanos y prójimos, porque me dijeron que le dijeron, o porque pensé que habían dicho, etc. y así voy tejiendo una red de malos pensamientos que al final terminan saliendo por mi lengua y van haciendo daño a su paso.
"La sabiduría es un espíritu amigo... que vigila atentamente el corazón y cuanto dice la lengua" ¿Lo sabías? ¿Sabías que la Sabiduría de Dios vigila lo que dice tu lengua? ¿Cuál será el dictamen de la Sabiduría de lo que dice tu lengua? ¿Y de lo que dicen nuestros actos? No es esto para que tengamos miedo porque pensemos que Ella nos va a ajusticiar por lo que decimos o vivimos, sino que no llegará a nosotros la Gracia que necesitamos porque no vivimos de acuerdo a lo que somos, sino que nos hemos dejado conquistar por el mal porque "la sabiduría no entra en alma perversa, ni habita en cuerpo sometido al pecado".
Por eso ¡a buscar caminos nuevos! que nos ayuden a vivir según la Sabiduría de Dios que nos haga ser mejores, cada día más santos.
domingo, 9 de noviembre de 2025
Somos templos del Espíritu
Hoy nos dice Dios por medio de san Pablo: "¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él. Porque el templo de Dios es sagrado, y ustedes son ese templo".
Es una realidad que nace el día de nuestro bautismo al comienzo del Bautismo se hace una oración y unción con el óleo de los catecúmenos para que el Señor nos libere del pecado original y nos purifique para que el Espíritu Santo pueda comenzar a habitar en nosotros como si nuestro cuerpo fuera su propio templo. A partir de ahí, santificados por el agua bautismal, comenzamos a ser un Templo habitado por el Espíritu Santo. No somos santificados sino que el Espíritu inhabita en nosotros, y desde nosotros nos alienta, nos fortalece y ayuda a encontrarnos y a llamar a Dios ¡abba! ¡Padre!
Claro que sólo lo puede hacer si tomamos conciencia de esa realidad y si lo dejamos actuar, porque sólo actúa en nosotros si estamos dispuestos a hacer lo que Él nos vaya diciendo y orientando en fidelidad a la Voluntad de Dios. Pues sólo el Espíritu que habita en nosotros sabe lo que el Padre quiere para nosotros, sabiendo que lo único que el Padre quiere es lo que nos hace mejor y nos conduce a la plenitud de nuestra vida y santidad.
Así se lo enseñaba san Pablo a los romanos: "Del mismo modo, el Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios".
De este modo también podemos comprender y entender que lo que le hacemos a un hermano, o a un prójimo o cualquier hijo de Dios se lo estamos haciendo al mismo Señor, pues es Él quien está en nuestro hermano, no sólo con su Espíritu sino que es Él mismo quien lo ha dicho: "quien le hace algo a estos mis pequeños a mí me lo están haciendo". Y al referirse a los pequeños no sólo se refiere a los niños, porque cuando nos habla del juicio final nos dice: "a los que habéis dado de comer, de beber, visitado en la cárcel, cuando estaba enfermo....".
Por eso no sólo tengamos en cuenta que el Espíritu habita en nosotros para poder rezar y pedir como conviene a nuestra realidad de hijos de Dios, sino que miremos a nuestros hermanos y prójimos como el Señor nos mira y nos cuida a nosotros mismos, pues así como vive en nosotros vive también en cada uno de sus hijos y hermanos.
sábado, 8 de noviembre de 2025
Fiel en lo pequeño del día
"El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto.
Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?".
¿Qué es ser fiel? Es haberse adherido a un Ideal y vivir de acuerdo a eso en todo momento, no sólo cuando me interese sino en todo momento de la vida. También puede ser parecido a la coherencia de vida, pues para ser Fiel hay que ser coherente, es decir hacer lo que digo, y vivir lo que creo.
La Fidelidad, como se dice en las promesas matrimoniales, es en lo bueno y lo malo, el dolor y la alegría, la salud y la enfermedad, hasta que la muerte nos separe. Y así también será en Cristo, aunque la muerte no nos separa de Él sino que lo veremos tal cual es si hemos sido Fiel hasta la muerte como lo fue Él.
Por eso lo que Jesús nos está pidiendo es que seamos fieles en las pequeñas cosas de cada día para ir fortaleciendo nuestro espíritu, para tener constancia en todo momento: desde el despertar hasta el dormir, todo lo hemos de vivir en Fidelidad a la Voluntad de Dios, buscando en cada momento amar lo que Dios nos pide y amar a nuestros hermanos y prójimos. Porque no se puede, como dice san Juan, decir que se ama a Dios a quien no ves y no amas a tu hermano a quien ves, y ahí está la cuestión ¿soy capaz de renunciar a mí mismo para poder amar a quien no tengo ganas? ¿Soy capaz de seguir amando al Señor en el momento de la Cruz y del dolor? ¿Seré capaz de aceptar con alegría hacer algo que no me gusta pero que sé que es Voluntad de Dios? ¿Podré vencer la pereza de hacer esto o aquello y hacerlo con prontitud?
En el día a día, en el hora a hora, hay tantas cosas en las que tengo que ser fiel a Dios, porque en todas esas cosas y en todos esos momentos puedo ofrecer al Señor lo que hago por amor a Él y a mis hermanos. Como decía santa Teresita puede hacer extraordinarias las cosas ordinarias, porque las hago por amor a Dios, porque las hago por amor al otro (aunque me cueste) y así ofreciéndole al Señor lo que voy haciendo voy sobrenaturalizando lo natural, pues veo que todo lo que está a mi alcance es parte del Plan de Salvación del Señor, y todo sirve para aquello a quienes Él ama.
viernes, 7 de noviembre de 2025
Buenas intenciones
"Respecto a vosotros, hermanos, yo personalmente estoy convencido de que rebosáis buena voluntad y de que tenéis suficiente saber para aconsejaros unos a otros.
Pese a todo, os he escrito, propasándome a veces un poco, para reavivar vuestros recuerdos".
Me encantó esta frase de san Pablo porque, muchas veces, nos dicen a los curas (como también lo pensamos de nuestros padres) que somos pesados recordando las mismas cosas, los mismos errores, o mostrando siempre cómo hay que vivir o lo que hay que hacer. Y, es cierto que, a veces, nos propasamos con las exhortaciones, pero es que necesitamos "reavivar" lo que sabemos porque no bastan las buenas intenciones, no basta la buena voluntad, sino que lo que nos salvan además de nuestra fe son nuestra obras. Así le han atribuido a San Bernardo la famosa frase: "de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno".
Nos quedamos, muchas veces, con ese argumento: "yo tenía buena intención", "sí, buena voluntad tengo" ¿y... qué hacemos con eso? No basta tener buenas intenciones cuando no sales de ahí, cuando te quedas estancado sólo en las buenas intenciones.
Por eso viene tan bien el evangelio de hoy, la exhortación que nos hace Jesús, al decir: "Y el amo alabó al administrador injusto, porque había actuado con astucia. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz".
No es que Jesús quiera alabar la corrupción del administrador, el robo que le hizo a su señor, sino que alaba la astucia de actuar a su favor, y la poca astucia que tenemos los que somos discípulos de Él para no actuar, para quedarnos sólo con las buenas intenciones. Sabemos qué es lo que tenemos que hacer, cómo lo tenemos que hacer y, sobre todo, que lo tenemos que hacer ahora mismo y no mañana, pero nos quedamos tendidos en el sofá viendo a ver si otros lo hacen por mí, o si las cosas se arreglan solas.
Los hijos de la Luz tenemos que ser más astutos con lo que el Señor nos pide, tenemos que ser más astutos para poner nuestra vida en marcha hacia la Luz, la Verdad, la Paz, encaminarnos hacia la Voluntad de Dios, pues tenemos todos los medios necesarios para hacerlo. Pues no dejemos que la pereza, el egoísmo o tantos otros males de hoy nos dejen confiando sólo en que tenemos buenas intenciones, eso no basta para transformar el mundo.
jueves, 6 de noviembre de 2025
Tendremos que comparecer ante Dios
"Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? Y tú, ¿por qué desprecias a tu hermano?
De hecho, todos compareceremos ante el tribunal de Dios, pues está escrito:
«Por mi vida, dice el Señor, ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua alabará a Dios».
Así pues, cada uno de nosotros dará cuenta de sí mismo a Dios".
A veces nos creemos con derecho de acusar, de difamar, de hablar en contra de mi hermano porque se me ocurre, porque me dijeron, porque me hizo esto, porque aquello... y no me doy cuenta el daño que estoy haciendo. Hay gente que me parece que no tiene conciencia del daño que está haciendo no sólo a una persona sino a muchas más. Nuestras lenguas son dagas afiladas que hieren más que cualquier otra arma mortal, sin embargo, para algunos, les parece que está bien hablar mal de la gente o sembrar cizaña sobre otras personas. Pareciera que esas personas no tienen conciencia de lo que hacen, o, mejor dicho no sé cómo pueden mirar a Jesús sabiendo el mal que están haciendo con sus lenguas, creyendo que tienen derecho de hacer lo que hacen sintiéndose atacadas por otros, y, lo peor mostrándose como víctimas de algo que no ha sucedido o si ha sucedido no le ha quitado ni la vida ni la fama.
Como dice san Pablo "todos compareceremos ante el tribunal de Dios" y ¿qué voy a decir? ¿Cómo voy a justificar todo lo que he dicho, lo que he insultado, lo que he difamado, el dolor que he causado con mis palabras o acciones?
Por otro lado Jesús nos dice: "todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas", o, en otro sentido no hagas a los demás lo que no te gustaría que hicieran contigo. O ¿cómo te sentirías si lo que tú dices de los demás lo dijeran de ti?
Por eso debemos recordar quienes somos: discípulos de Jesús que quieren vivir en el amor, buscando siempre el don de la paz y la alegría, y si alguien te hizo daño buscar el don de la reconciliación y si eres tú quien ha hecho daño buscar, también, el don del perdón. Pero, sobre todo, pedir el don de la humildad para reconocer los errores, para poder aceptar que nos hemos equivocado y así la Gracia del Señor volverá a nuestra vida y todo aquello que nos hizo pecar, por medio de la reconciliación y el pedido de perdón, volverá a encontrar el cauce de la paz y del amor porque la Gracia sana las heridas y nos devuelve la fortaleza para vivir según Cristo, porque "Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; así que, ya vivamos ya muramos, somos del Señor".
miércoles, 5 de noviembre de 2025
Quieres seguir a Cristo?
"En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?".
Yo creo que este Evangelio tendría que ser para la meditación antes de bautizarnos, claro que como nos bautizan siendo bebés tendrían que meditarlo los padres y padrinos para saber qué implica ser cristiano. Porque ser cristiano es seguir a Cristo y para seguir a Cristo hay que tener en cuenta estas condiciones que Él mismo pone. Por eso después de poner las condiciones hace esa comparación: "¿quién de vosotros si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?"
¿Por qué hace estar pregunta o comparación? Porque la vida cristiana, para vivirla realmente como Jesús nos lo explica, es una exigencia de vida, y una exigencia radical. No es sólo recibir el agua bautismal y apuntarnos como cristianos en el Libro de Bautismo, sino que implica vivir como Cristo. Y eso es exigente por eso ¿estamos dispuestos a vivir la exigencia del Evangelio?
Pero no te pongas a pensar si tienes fuerzas para vivir el Evangelio, sino si estás dispuesto a vivir el Evangelio, si estás dispuesto a seguirlo a Cristo, porque la fortaleza y la Gracia vienen de parte de Dios, lo que a ti se te pide es que quieras vivir, si estás dispuesto Él será quien te de la Gracia, cada día, para que seas Fiel a esta Vida Nueva que comenzarás a vivir con ciertas exigencias:
"Sin excusas, por eso no tendrás que estar atado a tu familia, sino a Cristo, pero siempre amando profundamente a tu familia.
Negándote, cada día, a ti mismo para que puedas seguir configurando tu vida a la vida de Jesús, cargando la Cruz de la obediencia, por amor, a la Voluntad del Padre" como el mismo Jesús lo hizo.
Seguramente habrá días de menor fuerza, de tropiezos y caídas, pero siempre confiaremos en la Misericordia del Padre para levantarnos y seguir confiando y disponiéndonos para vivir la Voluntad de Dios.
martes, 4 de noviembre de 2025
Instrucciones para vivir
"Que vuestro amor no sea fingido; aborreciendo lo malo, apegaos a lo bueno".
¿Cuándo el amor es fingido? Cuando decimos que amamos pero no lo hacemos porque al darse vuelta la persona enseguida comenzamos a hablar mal de el o de ella, cuando nunca tenemos tiempo (decimos) para estar junto a quien queremos, cuando nunca tenemos tiempo para hacer una llamada por teléfono, para acercarnos a ver cómo está, etc. Alguien dijo alguna vez: "obras son amores y no buenas razones", podemos decir y llenarnos la boca con la palabra amor, pero si no obramos en consecuencia ese amor es fingido y hoy en día, más que nunca, a las palabras se las lleva el viento. Y, también, se nos van hasta de la memoria las palabras que emitimos para quedar bien con alguien o con algo, o para darnos importancia.
Por eso sigue diciéndonos san Pablo:
"Amaos cordialmente unos con otros; que cada cual estime a los otros más que a sí mismo; en la actividad, no seáis negligentes; en el espíritu, manteneos fervorosos, sirviendo constantemente al Señor".
A veces creo que los cristianos no leemos lo bastante las Sagradas Escrituras, y menos, los evangelios y las cartas apostólicas, donde podemos llegar a encontrar no sólo la fuente de nuestra fe, de nuestra vida, sino las "instrucciones" para vivir de acuerdo al espíritu de Jesús.
- Amaos cordialmente
- Que cada cual estime a los otros más que a sí mismo
- No seáis negligentes
- En el espíritu manteos fervorosos
- Servid constantemente al Señor.
Cinco premisas para nuestra vida que tendrían que estar escritas con letras grande y pegadas al borde de nuestra cama para que al despertarnos ya las tengamos como pautas para comenzar el día. Que cada día al levantarnos tengamos presentes estas palabras que el Señor nos dirige por medio de San Pablo, para que nuestro vivir sea un vivir cristiano y demos con nuestra vida verdadero testimonio de cristiano.
lunes, 3 de noviembre de 2025
Vivir en la Verdad
"En aquel tiempo, Jesús dijo a uno de los principales fariseos que lo había invitado:
«Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado.
Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos».
Antes era muy común y hoy en día lo es más, por las redes sociales, que se hagan cosas para que otros las vean y se admiren de lo grandioso, genial, inteligente, trabajador, etc. etc., que soy. Por eso ante esta exhortación de Jesús en el Evangelio nos tenemos que preguntar: ¿por qué hago lo que hago? ¿Lo hago para que me vean y me admiren? ¿Lo hago para que me devuelvan el favor? ¿Lo hago para aparentar que soy alguien bueno, trabajador, bello, etc.?
Todo porque por el pecado original quedamos dañados, sobre todo en el amor, y muchas veces no hacemos las cosas por amar a los demás, sino que las hacemos para que los demás hablen de mí, para que los demás vean mi grandes trabajos, y, en muchos casos, para aparentar alguien que no soy y buscar la aprobación de la sociedad en la que intento moverme o entrar.
Cuando las cosas las hago para recibir una recompensa, o para que me devuelvan el favor que he realizado, entonces ya tengo mi recompensa y se descubre ahí el vacío de mi corazón, y, sobre todo, no tendré la gratitud de Dios:
"Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa..." Y así en todas las cosas de la vida.
Si lo que hacemos es para ser vistos es una pena, porque ahí ya tenemos la recompensa, y, en realidad, el ser vistos es, también, mucha veces una falsedad porque muchos miran sin ver, así que también he hecho algo que a nadie le importa, porque ya conocen "el percal", ya se han dado cuenta que lo que hago o digo lo hago o lo digo para que me alaben y saben que, en el fondo, mi vida es diferente y que nada de lo que digo o hago es lo que vivo.
Por eso Jesús no exhorta a vivir en la Verdad, porque sólo la Verdad nos hará libres, y nos dará la libertad se ser verdaderamente lo que Dios quiere que seamos y no lo que yo quiero aparentar. No dejemos que la vanidad, la soberbia o el orgullo dominen nuestro hacer diario, sino sólo la Voluntad de Dios que es lo que me llevará a la santidad.
domingo, 2 de noviembre de 2025
La vida en el Cielo
"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. en la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Varias veces he dicho que me parece raro, feo o no sé cómo decir que los cristianos cuando hablamos de nuestros seres queridos fallecidos digamos: "en el lugar dónde estés...", sin nombrar el Cielo, pues Cristo nos lo ha confirmado: Él ha ido a preparar un lugar. Ahora ¿no crees en el Cielo? ¿No crees que tu ser querido haya llegado al Cielo? ¿Crees que puede estar en el infierno o en el Purgatorio? Los cristianos no nos reencarnamos, no nos convertimos en ángeles, pájaros o vaya a saber qué cosa.
Por eso, a veces, no podemos llegar a vivir con esperanza, no digo con alegría porque al despedirnos de nuestros seres queridos no hay alegría sino tristeza, pero con esperanza de saber que vuelven a la Casa del Padre: "en la casa de mi padre hay muchas moradas", nos lo dice Jesús.
Esa esperanza no es sólo una mentira piadosa para dejarnos tranquilos, sino que es la Verdad que Dios, Jesús, nos ha comunicado para que "no se turbe" nuestro corazón. Una Esperanza cierta de que seguimos o volvemos a vivir en Dios, pues salimos de Dios y volvemos a Dios, por la Gracia del Hijo que entregó su Vida por nosotros y nos dio Su Espíritu para que siendo también hijos podamos participar de Su Vida aquí en la tierra y en el Cielo.
Por eso, no dejemos nunca de rezar por ellos, no porque lo necesiten, quizás sí para poder alcanzar la gloria los que todavía tenían alguna mancha de pecado, sino porque rezando por ellos, ellos rezan por nosotros y así estamos unidos, seguimos no sólo unidos por el amor que nos tuvimos en la tierra, sino que la oración nos une al Amor de Dios y a ellos en Dios.
Y, también, sabemos que cuando comenzamos a vivir en Dios porque hemos regresado a la Casa del Padre, ¡esa es la vida eterna! No vivimos porque alguien nos recuerde, sino vivimos porque el Padre nos ha dado la vida eterna por el Hijo, porque el Hijo resucitó para nuestra salvación, por eso, en la medida que nos mantenemos fieles a la Vida que nos dio el Hijo en el Espíritu, por esa razón volvemos a la Vida en la eternidad, y viviremos toda la eternidad en Dios.
Por eso damos gracias a Dios que por el Espíritu Santo nos hace parte de su Familia y nos regala el Don de la Vida aquí en la tierra y en el Cielo.
sábado, 1 de noviembre de 2025
Bienaventurados
"En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos".
En el día de todos los santos la liturgia nos lleva a meditar sobre las Bienaventuranzas, el tan famoso discurso de Jesús que, no siempre, queremos recordar o meditar en profundidad. No queremos hacerlo no sólo por lo que dice, porque a todos nos parece extraordinario el mensaje de las Bienaventuranzas, y, hasta para algunos algo muy como romántico o místico. Aunque cuando pensamos que esas Bienaventuranzas son para que las comencemos a vivir, es ahí cuando no nos parecen tan lindas.
Pero ¿por qué tiene que ser todo (perdonándome la expresión) todo lo que aparenta ser malo para la persona nos lleva ser bienaventurados?
En aquella época, supongo, que muchos que lo escuchaban habrán pensado lo mismo: si venimos aquí para que nos quite la pobreza, nos dé de comer, nos cure, etc., y nos dice que nada de eso, que por eso somos bienaventurados... ¿Qué podría haber dicho? ¡Conmigo se os van a quitar todas las pobrezas, los dolores, el hambre y vais a ser personas que no sufran nunca y no les falte de nada jamás! Esas son promesas vacías que hacen los políticos del mundo para conquistar adeptos. Jesús no quería conquistar adeptos, sino que quería traer un estilo de vida nuevo al mundo, el estilo de vida de los hijos de Dios.
Lo que Jesús pretendía hacer es darle un sentido a la fragilidad del hombre, darle un sentido a la debilidad humana, por eso lo primero que nos pide es la pobreza del espíritu, porque sólo con un espíritu pobre se puede entender el Camino de las Bienaventuranzas. Porque eso significa el Sermón de la montaña: un camino de santidad, que no quiere decir que si no lloramos tenemos que llorar, que si no nos persiguen tenemos que buscar perseguidores, sino que tenemos que afrontar las contradicciones de la vida con un sentido más profundo, porque es en esos momentos donde se descubrirá nuestra verdadera confianza en la Providencia del Padre, y en esos momentos es cuando nuestro espíritu se fortalecerá y podremos aceptar lo que el Padre nos pida o permita vivir.
Así, en tiempo de bonanza no podremos olvidarnos de volver la mirada y el corazón hacia el Padre, porque sabemos que sólo de Él viene todo lo que tenemos y lo que recibimos, para ser agradecidos y Fieles a la Vida que Él nos está regalando con su Gracia, con Su Espíritu. Ese es el camino de la santidad: aceptar con un espíritu pobre y generoso, y, sobre todo, bien dispuesto la Voluntad de Dios en todos los momentos de nuestra vida.