miércoles, 30 de noviembre de 2022

Anunciamos al Buena Noticia

"Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído?; ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar?; y ¿cómo oirán hablar de él sin nadie que anuncie?; y ¿cómo anunciarán si no los envían? Según está escrito:
«¡Qué hermosos los pies de los que anuncian la Buena Noticia del bien!».
¿Quiénes son los que anuncian la Buena Noticia del bien? Sí, estás en lo cierto, debemos (aunque a veces no) ser todos nosotros, pero no nosotros los curas, sino todos nosotros los bautizados, por que todos nosotros los bautizados fuimos ungidos como profetas del Señor. Y esa es nuestra misión: anunciar la Buena Noticia del Bien.
Es cierto que para anunciar la Buena Noticia no debemos ser estudiosos del Evangelio, sino que, primero y únicamente debemos ser verdaderos creyentes del Evangelio. Porque estudiosos de la Palabra puede haber muchos, pero creyentes que vivan el Evangelio no son tantos. Porque hay un gran viaje desde la cabeza al corazón, y se puede saber mucho pero también se puede vivir poco, y no hay mejor mensaje que se comprenda que el que nace del testimonio vital del cristiano.
Claro que, también es cierto que no siempre se escucha el mensaje, pero eso ya no es culpa nuestra, sino del que recibe el mensaje, pues no hay peor sordo que el que no quiere oir. Pero eso no nos debe impedir seguir predicando y anunciando la Palabra a tiempo y a destiempo (se dice así, bueno, pero lo entendeis)
"Pero no todos han prestado oído al Evangelio. Pues Isaías afirma:
«Señor, ¿quién ha creído nuestro mensaje?»
Así, pues, la fe nace del mensaje que se escucha, y viene a través de la palabra de Cristo.
Pero digo yo: «¿Es que no lo han oído? Todo lo contrario:
«A toda la tierra alcanza su pregón, y hasta los confines del orbe sus palabras».
Pues sí, nosotros debemos cumplir con la misión de anunciar, con nuestra vida y con nuestras palabras, el mensaje de Salvación, la alegría del Evangelio, y después "quien quiera oir que oiga", no lo que decimos nosotros, sino lo que el Señor quiere decir por medio de nuestras palabras y de nuestra vida.
Ser Fieles a la Vida que el Señor nos ha regalado con el bautismo es vivir el Evangelio y anunciarlo a todo el quiera escucharlo, para que la Buena Noticia llegue a todos lados y todos puedan tener la oportunidad de seguir el Camino de la Salvación.

martes, 29 de noviembre de 2022

La alegría de los niños en Dios

"Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:
«¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron».
Que alegría nos da cuando Jesús nos llama Bienaventurados. ¿Os dais cuenta que en esta frase habla de nosotros y nos ayuda a alegrarnos por lo que somos?
Sí, porque nuestros ojos, por el Don de la Fe, ven lo que otros no pueden ver. Por ejemplo: sólo los que tenemos el Don de la Fe (y lo intentamos madurar cada día) podemos ver a Jesús en la Eucaristía, podemos ver a Jesús en nuestros hermanos, podemos ver la Voluntad de Dios en los acontecimientos de la vida diaria. Y, sobre todo, podemos oír la Voz del Señor en las cosas de todos los días, podemos oírlo en la voz de nuestros hermanos y de aquellos que viven, como nosotros, el Don de la Fe. Y, lo más importante, como dice San Juan, "no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos realmente", aunque muchas veces no lo demostramos claramente.
Y, (perdonad por tantas Y... jajaja) fundamentalmente, tenemos que dar Gracias porque Jesús nos ha invitado, y nos pide, que sólo podemos ver y oír todas estas cosas por algo muy especial, en la cual tenemos que seguir creciendo día a día: el espíritu de niños.
"Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien".
Los que se creen sabios y maduros son los que ponen trabas al Don de la Fe, buscan en lo intelectual una respuesta que sólo está en el corazón de aquellos que pueden abrirse a lo increíble, a lo que Dios día a día nos va mostrando y nos asombra con sus respuesta y, sobre todo, nos da la Gracia para poder ver y oír lo que los sabios y prudente no pueden.
Sí, somos los hijos pequeños de Dios, por eso nos equivocamos, erramos y muchas veces tropezamos y nos caemos, pero en todo momento confiamos en la Divina Misericordia y tendemos nuestras manos pequeñas al Padre de los Cielos para que nos levante, para que nos ayude a seguir caminando, para que nos consuele en los momentos de tribulación y nos ilumine en las dudas.
Sí, cada día debemos dar Gracias por tener la fuerza para seguir creciendo en nuestra infancia espiritual, y así poder vivir con alegría el ser hijos de un Dios que nos ama tanto que envió a su Unigénito para darnos Vida Nueva.

lunes, 28 de noviembre de 2022

Sobre el Adviento

De las Cartas pastorales de san Carlos Borromeo, obispo

    Ha llegado, amadísimos hermanos, aquel tiempo tan importante y solemne, que, como dice el Espíritu Santo, es tiempo favorable, día de la salvación, de la paz y de la reconciliación; el tiempo que tan ardientemente desearon los patriarcas y profetas y que fue objeto de tantos suspiros y anhelos; el tiempo que Simeón vio lleno de alegría, que la Iglesia celebra solemnemente y que también nosotros debemos vivir en todo momento con fervor, alabando y dando gracias al Padre eterno por la misericordia que en este misterio nos ha manifestado. El Padre, por su inmenso amor hacia nosotros, pecadores, nos envió a su Hijo único, para libramos de la tiranía y del poder del demonio, invitamos al cielo e introducimos en lo más profundo de los misterios de su reino, manifestarnos la verdad, enseñamos la honestidad de costumbres, comunicarnos el germen de las virtudes, enriquecemos con los tesoros de su gracia y hacemos sus hijos adoptivos y herederos de la vida eterna.
    La Iglesia celebra cada año el misterio de este amor tan grande hacia nosotros, exhortándonos a tenerlo siempre presente. A la vez nos enseña que la venida de Cristo no sólo aprovechó a los que vivían en el tiempo del Salvador, sino que su eficacia continúa y aún hoy se nos comunica si queremos recibir, mediante la. fe y los sacramentos, la gracia que él nos prometió, y si ordenamos nuestra conducta conforme a sus mandamientos.
    La Iglesia desea vivamente hacernos comprender que así como Cristo vino una vez al mundo en la carne, de la misma manera está dispuesto a volver en cualquier momento, para habitar espiritualmente en nuestra alma con la abundancia de sus gracias, si nosotros, por nuestra parte, quitamos todo obstáculo.
    Por eso, durante este tiempo, la Iglesia, como madre amantísima y celosísima de nuestra salvación, nos enseña, a través de himnos, cánticos y otras palabras del Espíritu Santo y de diversos ritos, a recibir convenientemente y con un corazón agradecido este beneficio tan grande, a enriquecemos con su fruto y a preparar nuestra alma para la venida de nuestro Señor Jesucristo con tanta solicitud como si hubiera él de venir nuevamente al mundo. No de otra manera nos lo enseñaron con sus palabras y ejemplos los patriarcas del antiguo Testamento para que en ello los imitáramos.

 

domingo, 27 de noviembre de 2022

Adviento

"Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor".
Creo que el Adviento puede ser uno de los mejores tiempos litúrgicos, dentro de la Iglesia, porque es el tiempo de la Espera del Salvador.
Así como la madre espera con alegría el nacimiento de su hijo, así nosotros nos preparamos, dentro de la liturgia de la Iglesia, para celebrar la Navidad.
Está claro que hay muchas cosas alrededor de la Navidad y, por algún tiempo, se va perdiendo lo esencial, por eso somos nosotros a quienes nos toca la parte fundamental de volver a vivir la Navidad como corresponde a cristianos.
Lo primero que debemos tener en cuenta es este tiempo hermoso de preparación: el Adviento. Un tiempo de cuatro semanas que nos van invitando a tener diferentes momentos de reflexión y conversión. Sí, también es un tiempo de conversión, porque algo nuevo está por llegar y tenemos que preparar el corazón para vivir con la mayor de las alegrías.
Otra cosilla a tener en cuenta es que no nos dejemos “invadir” por las compras y los arreglos superficiales de estos días. Las compras y los regalos del famoso Papa Noel nos van quitando la verdadera imagen de Quien es el que viene a nuestras vidas: Nuestro Salvador, el Niño Jesús que nace pobre y humilde en el Portal de Belén.
Y, sobre todo, poder participar de las celebraciones que se hagan en la parroquia, en nuestras comunidades, y, si es posible (hay que intentarlo) llevarlas al seno de nuestra familia. Rezar en familia en este tiempo de Adviento nos ayuda a poder comenzar, también, un nuevo tiempo en nuestras vidas. Como decía algún santo: “la familia que reza unida permanece unida”, y si rezamos sabemos Quién está entre nosotros, porque “cuando dos o más se reúnen en Mi Nombre Yo estaré en medio de ellos”. Y ¿qué más queremos que el Señor del Universo, Aquél que nace en Belén, también esté en nuestra casa, entre nosotros cuando nos disponemos a preparar el corazón para Su Venida?
 

sábado, 26 de noviembre de 2022

Vivir embotados

"Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra".
¡Tened cuidado de vosotros mismos!
Tengamos cuidado de nosotros mismos porque, en realidad, somos los más peligrosos contra nosotros mismos, así como también somos los más buenos con nosotros mismos. Los dos extremos, también, están en nosotros mismos.
Pero, sobre todo, hay que tener cuidado de nosotros porque el pecado aún reside en nosotros, y, parece que, a veces, no somos conscientes de ellos. Vivimos como si fuéramos ángeles y como todo (en este mundo) está bien, hoy vivimos embotados por muchas cosas, pero nunca nos dejamos embotar por la Voluntad de Dios.
"No sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida".
Alguna de estas cosas nos han embotado alguna vez. O quizás haya algún otro listado de cosas que embotan, pero seguramente, hoy por hoy, las inquietudes del día a día, no nos dejan mirar para arriba y buscar la Voluntad de Dios para mi vida.
Y ahí está nuestro peligro: no buscar la Voluntad de Dios. Porque cuando no buscamos la Voluntad de Dios o hacemos lo que más nos guste o hacemos lo que el mundo quiere, pero algo nos mueve y nos motiva, y todo depende de dónde he puesto la mirada y lo que he analizado o discernido, y, sobre todo, la lucidez que he tenido al hacerlo.
Es claro que el ritmo que nos imprime el mundo de hoy es un ritmo que no nos da tiempo para ponernos a pensar en qué es lo que debemos hacer, y, por lo tanto, vamos tomando decisiones a lo loco porque los días pasan aprisa. Pero ¿es eso lo que Dios quiere que hagas? ¿Es eso lo que Dios quiere para tí?
Y así el ritmo rápido y loco de los días son los que nos embotan y con la excusa de que todo va rápido, rápida son mis decisiones aunque nunca se si son las que Dios quiere para mí...
En suma vivimos embotados y no nos damos cuenta que no alcanzamos lo que anehlamos sino que nos conformamos con lo que nos dan...

viernes, 25 de noviembre de 2022

Rechacemos el temor a la muerte

Del Tratado de san Cipriano, obispo y mártir, Sobre la muerte

    Nunca debemos olvidar que nosotros no hemos de cumplir nuestra propia voluntad, sino la de Dios, tal .como el Señor nos mandó pedir en nuestra oración cotidiana. ¡Qué contrasentido y qué desviación es no someterse inmediatamente al imperio de la voluntad del Señor, cuando él nos llama para salir de este mundo! Nos resistimos y luchamos, somos conducidos a la presencia del Señor como unos siervos rebeldes, con tristeza y aflicción, y partimos de este mundo forzados por una ley necesaria, no por la sumisión de nuestra voluntad; y pretendemos que nos honre con el premio celestial aquel a cuya presencia llegamos por la fuerza. ¿Para qué rogamos y pedimos que venga el reino de los cielos, si, tanto nos deleita la cautividad terrena? ¿Por qué pedimos con tanta insistencia la pronta venida del día del reino, si nuestro deseo de servir en este mundo al diablo supera al deseo de reinar con Cristo?
    Si el mundo odia al cristiano, ¿por qué amas al que te odia, y no sigues más bien a Cristo, que te ha redimido y te ama? Juan, en su carta, nos exhorta con palabras bien elocuentes a que no amemos el mundo ni sigamos las apetencias de la carne: No améis al mundo -dice- ni lo que hay en el mundo. Quien ama al mundo no posee el amor del Padre, porque todo cuanto hay en el mundo es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida. El mundo pasa y sus concupiscencias con él. Pero quien cumple la voluntad de Dios permanece para siempre. Procuremos más bien, hermanos muy queridos, con una mente íntegra, con una fe firme, con una virtud robusta, estar dispuestos a cumplir la voluntad de Dios, cualquiera que ésta sea; rechacemos el temor a la muerte con el pensamiento de la inmortalidad que la sigue. Demostremos que somos lo que creemos.
    Debemos pensar y meditar, hermanos muy amados, que hemos renunciado al mundo y que mientras vivimos en él somos como extranjeros y peregrinos. Deseemos con ardor aquel día en que se nos asignará nuestro propio domicilio, en que se nos restituirá al paraíso y al reino, después de habernos arrancado de las ataduras que en este mundo nos retienen. El que está lejos de su patria es natural que tenga prisa por volver a ella. Para nosotros, nuestra patria es el paraíso; allí nos espera un gran número de seres queridos, allí nos aguarda el numeroso grupo de nuestros padres, hermanos e hijos, seguros ya de su suerte, pero solícitos aún de la nuestra. Tanto para ellos como para nosotros significará una gran alegría el poder llegar a su presencia y abrazarlos; la felicidad plena y sin término la hallaremos en el reino celestial, donde no existirá ya el temor a la muerte, sino la vida sin fin.
    Allí está el coro celestial de los apóstoles, la multitud exultante de los profetas, la innumerable muchedumbre de los mártires, coronados por el glorioso certamen de su pasión; allí las vírgenes triunfantes, que con el vigor de su continencia dominaron la concupiscencia de su carne y de su cuerpo; allí los que han obtenido el premio de su misericordia, los que practicaron el bien, socorriendo a los necesitados con sus bienes, los que, obedeciendo el consejo del Señor, trasladaron su patrimonio terreno a los tesoros celestiales. Deseemos ávidamente, hermanos muy amados, la compañía de todos ellos. Que Dios vea estos nuestros pensamientos, que Cristo contemple este deseo de nuestra mente y de nuestra fe, ya que tanto mayor será el premio de su amor, cuanto mayor sea nuestro deseo de él.

jueves, 24 de noviembre de 2022

La fortaleza de los mártires

 De la carta de san Pablo Le-Bao-Tinh a los alumnos del seminario de Ke-Vinh, enviada el año mil ochocientos cuarenta y tres.

Yo, Pablo, encarcelado por el nombre de Cristo, os quiero explicar las tribulaciones en que me veo sumergido cada día, para que, enfervorizados en el amor a Dios, alabéis conmigo al Señor, porque es eterna su misericordia. Esta cárcel es un verdadero infierno: a los crueles suplicios de toda clase, como son grillos, cadenas de hierro y ataduras, hay que añadir el odio, las venganzas, las calumnias, palabras indecentes, peleas, actos perversos, juramentos injustos, maldiciones y, finalmente, angustias y tristeza. Pero Dios, que en otro tiempo libró a los tres jóvenes del horno de fuego, está siempre conmigo y me libra de estas tribulaciones y las convierte en dulzura, porque es eterna su misericordia.
En medio de estos tormentos, que aterrorizarían a cualquiera, por la gracia de Dios estoy lleno de gozo y alegría, porque no estoy solo, sino que Cristo está conmigo.
Él, nuestro maestro, aguanta todo el peso de la cruz, dejándome a mí solamente la parte más pequeña e insignificante. Él, no sólo es espectador de mi combate, sino que toma parte en él, vence y lleva a feliz término toda la lucha. Por esto en su cabeza lleva la corona de la victoria, de cuya gloria participan también sus miembros.
¿Cómo resistir este espectáculo, viendo cada día cómo los emperadores, los mandarines y sus cortesanos blasfeman tu santo nombre, Señor, que te sientas sobre querubines y serafines? ¡Mira, tu cruz es pisoteada por los paganos! ¿Dónde está tu gloria? Al ver todo esto, prefiero, encendido en tu amor, morir descuartizado, en testimonio de tu amor.
Muestra, Señor, tu poder, sálvame y dame tu apoyo, para que la fuerza se manifieste en mi debilidad y sea glorificada ante los gentiles, ya que, si llegara a vacilar en el camino, tus enemigos podrían levantar la cabeza con soberbia.
Queridos hermanos, al escuchar todo esto, llenos de alegría, tenéis que dar gracias incesantes a Dios, de quien procede todo bien; bendecid conmigo al Señor, porque es eterna su misericordia. Proclame mi alma la grandeza del Señor, se alegre mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su siervo y desde ahora me felicitarán todas las generaciones futuras, porque es eterna su misericordia.
Alabad al Señor, todas las naciones, aclamadlo, todos los pueblos, porque lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder, y lo despreciable, lo que no cuenta, lo ha escogido Dios para humillar lo elevado. Por mi boca y mi inteligencia humilla a los filósofos, discípulos de los sabios de este mundo, porque es eterna su misericordia.
Os escribo todo esto para que se unan vuestra fe y la mía. En medio de esta tempestad echo el ancla hasta el trono de Dios, esperanza viva de mi corazón.
En cuanto a vosotros, queridos hermanos, corred de manera que ganéis el premio, haced que la fe sea vuestra coraza y empuñad las armas de Cristo con la derecha y con la izquierda, como enseña san Pablo, mi patrono. Más os vale entrar tuertos o mancos en la vida que ser arrojados fuera con todos los miembros.
Ayudadme con vuestras oraciones para que pueda combatir como es de ley, que pueda combatir bien mi combate y combatirlo hasta el final, corriendo así hasta alcanzar felizmente la meta; en esta vida ya no nos veremos, pero hallaremos la felicidad en el mundo futuro, cuando, ante el trono del Cordero inmaculado, cantaremos juntos sus alabanzas, rebosantes de alegría por el gozo de la victoria para siempre. Amén.

miércoles, 23 de noviembre de 2022

Dos más dos son cuatro

"Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».
Si bien en estos últimos días del año litúrgico las lecturas nos van llamando la atención con todas las profecías del fin de los tiempos, nunca el Señor nos pide que temamos frente a lo que puede venir, sino que, al contrario, profundicemos en nuestra entrega y, sobre todo, que perseveremos en el Camino que iniciamos junto a Él, pues "nuestra perseverancia nos permitirá salvar nuestras almas".
Y, aquí vemos que la salvación será por una perseverancia personal, es decir, si somos fieles a la Vida que Él nos ha dado y nos pide vivir. La Vida que Jesús nos dio desde la Cruz es la Vida que tenemos que seguir conservando, madurando y viviendo cada día. Perseverar nos es estancarse y quedarse dormido en el sofá sabiendo que ya todo está hecho, sino que es una perseverancia constante en la fidelidad a la Voluntad de Dios, pero sabiendo que a pesar de que en algunos momentos sea difícil seguir, Él siempre nos dará una Mano para seguir.
A veces, creo, que creemos que no hace falta que yo haga un buen trabajo, que tome un buen camino, que sea fiel en el llamado de Dios, pues habrá otros que se entreguen y recen por mí, por mi salvación. Y ahí está el error de muchos. La salvación de mi alma se dará si yo soy perseverante.
La oración de mis hermanos ayudará a purificar, el día de mañana, mi alma para poder alcanzar el Cielo, pero la salvación o no sólo depende de mi perseverancia en la Voluntad de Dios. Porque si durante mi vida no busqué Su Voluntad, no seguí sus Caminos, no viví en santidad... pues, dos más dos son cuatro.

 

martes, 22 de noviembre de 2022

No son solo piedras hermosas

"En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra caliza y exvotos, Jesús les dijo:
«Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
Muchas veces nos quedamos contemplando lo externo del templo, o de nuestra vida, o de nuestro cuerpo, pero pocas veces contemplamos lo que está por dentro y lo que es lo que estamos contemplando o lo que puede llegar a ser o que llegaría a ser si lo contempláramos de verdad.
El Templo de Jerusalen a los pocos años quedó destruido, no quedó piedra sobre piedra, salvo sus cimientos que son los que hoy se contemplan y veneran como el Muro de los lamentos.
A veces, nuestras vidas quedan igual: sólo queda lo externo y nada más, porque no hemos tenido tiempo para fortalecer lo interior, el espíritu, nuestras capacidades espirituales que le den sentido a lo que vivimos, sea malo o bueno, y sólo nos dedicamos a perfeccionar lo intelectual y, en algunos casos, sólo lo que se ve, el cuerpo.
Pero, lamentablemente, siempre llegan las guerras externas o internas que nos quitan la paz, la alegría, la esperanza, etc., y hacen tambalear toda la estructura de mi vida, hasta tal punto que algunos llegan a quitarse la vida por no tener ya sentido para seguir luchando.
El Señor nos habla muchas veces de estas luchas internas y de las luchas que tenemos que hacer frente al mal, pero también nos habla de la maldad de las personas que nos las que ponen piedras en nuestros caminos para hacernos caer sin levantarnos. No siempre el alma humana tiene la fortaleza necesaria para levantarse de todas las caídas, por eso mismo, es Él quien nos pide que fortalezcamos el interior y no nos quedamos solamente contemplando lo externo, que puede ser muy bello y hermoso, pero no es lo que sostiene mi vida.
Busquemos siempre un tiempo para madurar, fortalecer nuestro espíritu son Su Gracia, con Su Amor, para que siempre podamos levantarnos, incluso de nuestras propias caídas, y seguir luchando, seguir insistiendo en el camino de la santidad.

lunes, 21 de noviembre de 2022

Excusas para no dar

«En verdad os digo que esa viuda pobre ha echado más que todos, porque todos esos han contribuido a los donativos con lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».
No pensemos en este evangelio en dinero, sino que pensemos en tiempo, en valores, en bienes espirituales, porque también son esos bienes los que los demás necesitan de nosotros, los que el mundo necesita, los que la ilgesia necesita.
Muchas veces nos quejamos que en la iglesia no hay gente que se comprometa, que esté ayudando en esto o en aquello, pero ¿yo qué es lo que estoy dando a la iglesia para que sea más comunidad? ¿Qué estoy dando para que haya más catequistas o agentes de la salud o monitores de jóvenes o adolescentes?
Es fácil estar en la acera de enfrente y cuestionar o criticar a los que están haciendo algo dentro de la comunidad, ya sea civil o religiosa, pero cuando me piden que ayude en ésto o aquello: "no tengo tiempo", "tengo a los hijos", "tengo el trabajo", "tengo... excusas".
Y así es, por Gracia de Dios, todavía siguen estando esas personas que, como la viuda del evangeliio, dan no sólo algo sino, muchas veces, mucho más de lo que pueden. Son aquellas personas que, como María, pueden ver que falta vino y hacen el milagro de sacar tiempo de sus casas para ayudar, para dar una mano, para acompañar, para educar, para limpiar.
Jesús no sólo habla del dinero que esa viuda entregó al templo, sino que nos anima y nos pide que seamos generosos con todos los bienes que se nos han dado, para sepamos repartirlos y que no nos quedemos, solamente, mirando cómo otros gastan su tiempo y vida para que nosotros podamos estar mejor.
La generosidad no es sólo para quienes quiero, porque si damos a quienes queremos ¿qué mérito tenemos? eso también lo hacen los paganos. Pero si damos de lo que no tenemos ¡eso sí es mérito!
No dejemos que la apatía y la pereza nos ganen, sino que venciendo a las excusas podamos ser generosos con nuestros bienes materiales y espirituales para seguir formando y construyendo un mejor mundo entre nosotros.

sábado, 19 de noviembre de 2022

Me saciaré de tu Semblante

De las Conferencias de santo Tomás de Aquino, presbítero

Adecuadamente termina el Símbolo, resumen de nuestra fe, con aquellas palabras: «La vida perdurable. Amén.» Porque esta vida perdurable es el término de todos nuestros deseos.
La vida perdurable consiste primariamente en nuestra unión con Dios, ya que el mismo Dios en persona es el premio y el término de todas nuestras fatigas: Yo soy tu escudo y tu paga abundante. Esta unión consiste en la visión perfecta: Al presente vemos a Dios como en un espejo y borrosamente. Entonces lo veremos cara a cara.
También consiste en la suprema alabanza, como dice el profeta: Allí habrá gozo y alegría, con acción de gracias al son de instrumentos.
Consiste asimismo en la perfecta satisfacción de nuestros deseos, ya que allí los bienaventurados tendrán más de lo que deseaban o esperaban. La razón de ello es porque en esta vida nadie puede satisfacer sus deseos, y ninguna cosa creada puede saciar nunca el deseo del hombre: sólo Dios puede saciarlo con creces, hasta el infinito; por esto el hombre no puede hallar su descanso más que en Dios, como dice san Agustín: «Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón no hallará reposo hasta que descanse en ti.»
Los santos, en la patria celestial, poseerán a Dios de un modo perfecto, y por esto sus deseos quedarán saciados y tendrán más aún de lo que deseaban. Por esto dice el Señor: Entra en el gozo de tu Señor. Y san Agustín dice: «Todo el gozo no cabrá en todos, pero todos verán colmado su gozo. Me saciaré de tu semblante»; y también: «Él sacia de bienes tus anhelos.»
Todo lo que hay de deleitable se encuentra allí superabundantemente. Si se desean los deleites, allí se encuentra el supremo y perfectísimo deleite, pues procede de Dios, sumo bien: Alegría perpetua a tu derecha.
La vida perdurable consiste también en la amable compañía de todos los bienaventurados, compañía sumamente agradable, ya que cada cual verá a los demás bienaventurados participar de sus mismos bienes. Todos, en efecto, amarán a los demás como a sí mismos, y por esto se alegrarán del bien de los demás como del suyo propio. Con lo cual, la alegría y el gozo de cada uno se verán aumentados con el gozo de todos.

viernes, 18 de noviembre de 2022

El misterio de Cristo en nosotros

Del Tratado de san Juan Eudes, presbítero, Sobre el reino de Jesús

    Debemos continuar y completar en nosotros los estados y misterios de la vida de Cristo, y suplicarle con frecuencia que los consume y complete en nosotros y en toda su Iglesia.
    Porque los misterios de Jesús no han llegado todavía a su total perfección y plenitud. Han llegado ciertamente a su perfección y plenitud en la persona de Jesús, pero no en nosotros, que somos sus miembros, ni en su Iglesia, que es su cuerpo místico. El Hijo de Dios quiere comunicar y extender en cierto modo y continuar sus misterios en nosotros y en toda su Iglesia, ya sea mediante las gracias que ha determinado otorgarnos, ya mediante los efectos que quiere producir en nosotros a través de estos misterios. En este sentido quiere completarlos en nosotros.
    Por esto san Pablo dice que Cristo halla su plenitud en la Iglesia y que todos nosotros contribuimos a su edificación y a la edad de Cristo en su plenitud, es decir, a aquella edad mística que él tiene en su cuerpo místico, y que no llegará a su plenitud hasta el día del juicio. El mismo Apóstol dice, en otro lugar, que él va completando las tribulaciones que aún le quedan por sufrir con Cristo en su carne mortal.
    De éste modo el Hijo de Dios ha determinado consumar y completar en nosotros todos los estados y misterios de su vida. Quiere llevar a término en nosotros los misterios de su encarnación, de su nacimiento, de su vida oculta, formándose en nosotros y volviendo a nacer en nuestras almas por los santos sacramentos del bautismo y de la sagrada eucaristía, y haciendo que llevemos una vida espiritual e interior, oculta con él en Dios.
    Quiere completar en nosotros el misterio de su pasión, muerte y resurrección, haciendo que suframos, muramos y resucitemos con él y en él.. Finalmente, completará en nosotros su estado de vida gloriosa e inmortal cuando haga que vivamos con él y en él una vida gloriosa y eterna en el cielo. Del mismo modo quiere consumar y completar los demás estados y misterios de su vida en nosotros y en su Iglesia, haciendo que nosotros los compartamos y participemos de ellos, y que en nosotros sean continuados y prolongados.
    Según esto, los misterios de Cristo no estarán completos hasta el final de aquel tiempo que él ha destinado para la plena realización de sus misterios en nosotros y en la Iglesia, es decir, hasta el fin. del mundo.
 

miércoles, 16 de noviembre de 2022

El corazón del justo se gozará en el Señor

De los Sermones de san Agustín, obispo

    El justo se alegra con el Señor, espera en él, y se felicitan los rectos de corazón. Esto es lo que hemos cantado con la boca y el corazón. Tales son las palabras que dirige a Dios la mente y la lengua del cristiano: El justo se alegra, no con el mundo, sino con el Señor. Amanece la luz para el justo -dice otro salmo-, y la alegría para los rectos de corazón. Te preguntarás el porqué de esta alegría. En un salmo oyes: El justo se alegra con el Señor, y en otro: Sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón.
    ¿Qué se nos quiere inculcar? ¿Qué se nos da? ¿Qué se nos manda? ¿Qué se nos otorga? Que nos alegremos con el Señor. ¿Quién puede alegrarse con algo que no ve? ¿O es que acaso vemos al Señor? Esto es aún sólo una promesa. Porque mientras vivimos estamos desterrados lejos del Señor y caminamos sin verlo, guiados por la fe. Guiados por la fe, no por la clara visión. ¿Cuándo llegaremos a la clara visión? Cuando se cumpla lo que dice Juan: Queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.
    Entonces será la alegría plena y perfecta, entonces el gozo completo, cuando ya no tendremos por alimento la leche de la esperanza, sino el manjar sólido de la posesión. Con todo, también ahora, antes de que esta posesión llegue a nosotros, antes de que nosotros lleguemos a esta posesión, podemos alegrarnos ya con el Señor. Pues no es poca la alegría de la esperanza, que ha de convertirse luego en posesión.
    Ahora amamos en esperanza. Por esto dice el salmo que el justo se alegra con el Señor. Y añade en seguida, porque no posee aún la clara visión: y espera en él.
    Sin embargo, poseemos ya desde ahora las primicias del Espíritu, que son como un acercamiento a aquel a quien amamos, como una previa gustación, aunque tenue, de lo que más tarde hemos de comer y beber ávidamente.
    ¿Cuál es la explicación de que nos alegremos con el Señor, si él está lejos? Pero en realidad no está lejos. Tú eres el que hace que esté lejos. Ámalo y se te acercará; ámalo y habitará en ti. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna. ¿Quieres saber en qué medida está en ti, si lo amas? Dios es amor.
    Me dirás: «¿Qué es el amor?» El amor es el hecho mismo de amar. Ahora bien, ¿qué es lo que amamos? El bien inefable, el bien benéfico, el bien creador de todo bien. Sea él tu delicia, ya que de él has recibido todo lo que te deleita. Al decir esto, excluyo el pecado, ya que el pecado es lo único que no has recibido de él. Fuera del pecado, todo lo demás que tienes lo has recibido de él.

martes, 15 de noviembre de 2022

Si no vigilas...

"Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: Conozco tus obras; tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto. Sé vigilante y reanima lo que te queda y que estaba a punto de morir, pues no he encontrado tus obras perfectas delante de mi Dios. Acuérdate de cómo has recibido y escuchado mi palabra, y guárdala y conviértete".
Aunque comience con esta frase del libro del Apocalipsis habría que volver a copiar todo, porque todo lo que dice lo podemos seguir meditando todos los días, pues el ritmo de vida que llevamos nos "ayuda" a dejar de pensar en lo que debemos hacer en función de quienes somos, y vamos perdiendo el fuego del Amor Primero, y nos vamos convirtiendo en cristianos tibios que no hacen mella en el mundo. Creemos, en gran parte, que nuestra tibieza nos alcanza para salvar el alma, pero esa tibieza no basta para cumplir la misión que tenemos como hijos de Dios.
"Conozco tus obras: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero porque eres tibio ni frío ni caliente, estoy a punto de vomitarte de mi boca".
En muchos casos nos hemos contentado con el "cumplir" los requisitos de algunas cosas de la vida cristiana, y nos hemos quedado tranquilos sabiendo que cumplimos con esto o con aquello, pero, en realidad nuestra vida, nuestro compromiso con el Evangelio no es lo que el mundo necesita hoy, ni tan siquiera lo que Dios nos está pidiendo, pues hemos caído en que "sean otros los que vivan esa radicalidad", que sean otros los que tengan que entregarse, a mí Dios eso no me lo pide. Y así voy enriqueciéndome con las Gracias sino usarlas para lo que Dios realmente quiere:
"Porque dices: 'Yo soy rico, me he enriquecido, y no tengo necesidad de nada'; y no sabes que tú eres desgraciado, digno de lastima, pobre, ciego y desnudo. Te aconsejo que me compres oro acrisolado al fuego el fuego para que te enriquezcas; y vestiduras blancas para que te vistas y no aparezca la vergüenza de tu desnudez; y colirio para untarte los ojos a fin de que veas".
Sí, que veamos lo que realmente debemos hacer. Que veamos lo que realmente Dios nos pide para ser Fieles a la Vida que Él nos ha dado y que nos pide vivir. Porque somos ciegos ante el mundo o, mejor dicho, somos ciegos ante la Palabra de Dios, y dejamos nuestros ojos para ver cómo poder esquivar la Voluntad de Dios y seguir con mi vida a dos bandos: mundo y Dios, cumpliendo con Dios y viviendo los ideales del mundo.
"Si no vigilas, vendré como ladrón y no sabrás a qué hora vendré sobre ti".

lunes, 14 de noviembre de 2022

Perdimos el Amor Primero

«¿Qué quieres que haga por ti?».
Él dijo: «Señor, que recobre la vista».
Jesús le dijo: «Recobra la vista, tu fe te ha salvado».
Y enseguida recobró la vista y lo seguía, glorificando a Dios".
Hoy en día hay muchos ciegos que creen que ven pero no ven, porque no ven lo que Dios les está pidiendo y no ven lo que tienen que hacer, y, sobre todo, no escuchan cuando alguien le dice que no están viendo el buen camino, que se han olvidado de la Voluntad de Dios y que van por un camino que los lleva lejos de lo que Dios quiere.
Hay muchos que se creen que lo que están viendo es la verdad y van detrás de molinos de viento que ellos mismos se han construido creyendo que podrán contra todo y, sobre todo, que podrán edificar otros molinos mejores. Y así siguen caminando en su error sin detenerse a escuchar o a pedir ayuda para poder mirar mejor.
Y en esto hay una frase del libro del apocalipsis que me ilumina y me ayuda a buscar siempre quien me ayude a ver, porque, muchas veces, en el camino de querer ser los mejores perdemos de vista lo esencial de nuestras vidas:
"Conozco tus obras, tu fatiga, tu perseverancia, que no puedes soportar a los malvados, y que has puesto a prueba a los que se llaman apóstoles, pero no lo son, y has descubierto que son mentirosos. Tienes perseverancia y has sufrido por mi nombre y no has desfallecido. Pero tengo contra ti que has abandonado tu amor primero. Acuérdate, pues, de dónde has caído, conviértete y haz las obras primeras".
Nos esforzamos tanto por ser los mejores, a veces por querer ser mejores que nuestros formadores y maestros, y, otras tantas por querer alcanzar "puestos" y "lugares" de importancia que nos olvidamos del "Amor Primero", de lo que realmente nos enamoró y de lo que habíamos comenzado a vivir con el Amor de Dios.
Al poner delante nuestro nuestros propios fines y buscar solamente honores humanos, nos fuimos olvidando del Amor Primero, nos fuimos olvidando del por qué y del para qué, y sobre todo, nos fuimos olvidando de consultar a Dios y perdimos el fuego del Amor Primero por el que nos habíamos decido a ser instrumentos de Dios en la construcción de un Hombre Nuevo, de un Mundo Nuevo, y, ahora, tenemos que pedir como aquél ciego que nos ayude, el Señor, a ver cómo convertirnos y volver a ser lo que Él quiere y no lo que nosotros anhelamos.


domingo, 13 de noviembre de 2022

Que nadie os engañe

    Él dijo: «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos.
    “Mirad que nadie os engañe”, nos dijo el Señor pensando que iríamos detrás de falsos dioses, o que nos engañarían diciéndonos que ahí está Jesús. Pero no, nadie nos engaña, sino que sabemos bien lo que hacemos. ¿A qué me refiero? A que no son pocos los cristianos que van detrás de otros dioses, o de otras filosofías o morales que no son las cristianas. ¿Qué pueden ser buenas? Nadie lo discute, pero ¿son de Dios?
    Y esa es la pregunta que. nos tenemos que hacer ¿es de Dios que yo practique tal o cual filosofía o adhiera a tal o cual religión? ¿Es de Dios que me incline a practicar tal o cual actividad que no me lleva a Cristo? ¿Dónde o cuándo me hago esa pregunta que es fundamental para mi vida de cristiano: es de Dios, es Su Voluntad?
    Simplemente me dejo llevar por la moda: hoy está de moda hacer esto, mañana se pone de moda hacer lo otro, y como pluma que lleva el viento, los cristianos nos dejamos llevar como lo hacemos con la Voluntad de Dios. Creo que, si en el Evangelio nos dijera podéis ir a hacer tal o cual filosofía o practicar tal o cual rito (que ya lo estoy haciendo, aunque no sea católico) no lo haríamos, pero como lo hacen todos…
    Somos demasiado fáciles para dejarnos convencer por lo que no es del Evangelio, y, sin embargo, por el Evangelio no movemos ni un dedo. Siempre tenemos tiempo y dinero (quizás) para cosas que no son cristianas, pero para lo cristiano o para la vida espiritual siempre es una pérdida de tiempo.
    ¡Que’ bichos raros que somos los cristianos! Y, perdonarme, más los católicos.
    Sí, somos más raros los católicos, porque en otras confesiones cristianas se es más estricto y radical en el estilo de vida que en nosotros, ¿por qué? Porque saben que lo que dice Dios (como se dice) ¡va a misa! pero ¡no que va! nosotros ni a misa vamos.

 

sábado, 12 de noviembre de 2022

Derramó su sangre por amor a la Iglesia

De la carta encíclica Ecclésiam Dei del papa Pío once

Sabemos que la Iglesia de Dios, constituida por su admirable designio para ser en la plenitud de los tiempos como una inmensa familia que abarque a todo el género humano, es notable, por institución divina, tanto por su unidad ecuménica, como por otras notas que la caracterizan.
En efecto, Cristo el Señor no sólo encomendó a solos los apóstoles la misión que él había recibido del Padre, cuando les dijo: Dios me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra; id, pues, y sed los maestros de todas las naciones, sino que quiso también que el colegio apostólico tuviera la máxima unidad, unido por un doble y estrecho vínculo, a saber: intrínsecamente, por una misma fe y por la caridad que ha sido derramada en nuestros corazones con el Espíritu Santo; extrínsecamente, por el gobierno de uno solo sobre todos, ya que confirió a Pedro la primacía sobre los demás apóstoles, como principio perpetuo y fundamento visible de unidad. Y, para que esta unidad y acuerdo se mantuviera a perpetuidad, Dios providentísimo la consagró en cierto modo con el signo de la santidad y del martirio.
Este honor tan grande obtuvo aquel arzobispo de Pólotzk, llamado Josafat, de rito eslavo oriental, al que con razón consideramos como el hombre más eminente y destacado entre los eslavos de rito oriental, ya que difícilmente encontraríamos a otro que haya contribuido a la gloria y provecho de la Iglesia más que éste, su pastor y apóstol, principalmente cuando derramó su sangre por la unidad de la santa Iglesia. Además, sintiéndose movido por un impulso celestial, comprendió que podría contribuir en gran manera al restablecimiento de la santa unidad universal de la Iglesia el hecho de conservar en ella el rito oriental eslavo y la institución de la vida monástica según el espíritu de san Basilio.
Pero entretanto, preocupado principalmente por la unión de sus conciudadanos con la cátedra de Pedro, buscaba por doquier toda clase de argumentos que pudieran contribuir a promover y confirmar esta unidad, sobre todo estudiando atentamente los libros litúrgicos que, según las prescripciones de los santos Padres, usaban los mismos orientales separados. Con esta preparación tan diligente, comenzó a dedicarse a la restauración de la unidad, con tanta fuerza y tanta suavidad a la vez y con tanto fruto que sus mismos adversarios lo llamaban «ladrón de almas».

viernes, 11 de noviembre de 2022

Vive el presente

"Os digo esto: aquella noche estarán dos juntos: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán».
Ellos le preguntaron:
«¿Dónde, Señor?».
Él les dijo:
«Donde está el cadáver, allí se reunirán los buitres».
Nos encontramos, muchas veces, con gente que busca en la borra del café, o del té, o en las líneas de la mano, o en las cartas, o en no sé dónde respuestas claras y concretas sobre qué es lo que va a pasar, cómo me va a ir, si esto o aquello. Hay gente que vive pendiente de lo que va a suceder y quiere tener, de parte de "alguien" una respuesta concreta: tal día va a suceder esto o tal otro día te vas a morir...
Vivimos con ansiedad de saber qué va a pasar mañana o si estaremos seguros o si vamos a tener tal o cual futuro.
Y, en verdad no hay una respuesta clara y concreta sobre nuestro futuro, porque, en realidad el futuro no existe, sólo existe el presente. Y el futuro lo construyes de acerdo a cómo vivas el presente.
Si vives un presente con miedo al futuro nunca tendrás un buen futuro porque nunca tuviste un buen presente, y en el futuro llorarás porque no disfrutaste los días que te tocaron vivir y con quien te tocaron vivir, y, sobre todo, buscabas siempre algo más que ya tenías y no lo supiste valorar.
Si vives un presente atado al pasado nunca llegarás lejos, porque las cuerdas que te atan no te dejan avanzar, y así, tampoco, valorarás lo que Dios te está regalando en este presente, que, aunque creas que es malo, siempre hay algo bueno y maravilloso cuando lo vemos desde Dios.
Por eso es importante no buscar soluciones para mañana, sino saber que tenemos todo para vivir el hoy, pues es lo único que tenemos en nuestras manos, y ese hoy es nuestro futuro.
Si vemos en el Evangelio las veces que la gente le preguntaba a Jesús por el futuro, de cuando sucederán las cosas, Él siempre respondía con evasivas, porque, como dijo Él: ni siquiera el Hijo conoce el día, sólo el Padre.
Por eso, ¡déjate de tonterías! y vive el presente confaindo en Dios, dejándote llevar de su Mano, buscando en Su Palabra, por medio de la oración la Gracia necesaria y suficiente para vivir en fidelidad este hoy que el Padre te regala, y deja que sea Él quien te vaya conduciendo para que ese futuro que tanta ansiedad te produce, sólo te de paz porque sabes que eres Fiel a la Vida de este hoy que te toca vivir.

jueves, 10 de noviembre de 2022

Apelo a tu caridad

Hoy me quedé pensando en esta carta de San Pablo a Filemón, y lo dije en la misa, por eso quería volver a compartirlo:
"He experimentado gran gozo y consuelo por tu amor ya que, gracias a ti, los corazones de los santos han encontrado alivio".
Me parece una hermosa expresión de San Pablo que no sólo es para Filemón, sino, también, tiene que ser para nosotros y, sobre todo, una exhortación llena de cariño y Espíritu: que seamos nosotros portadores de los dones del Espíritu para nuestros hermanos y que llevemos con nuestras palabras y presencia alivio a los "corazones de los santos".
Y al pensar en esto me acordaba de la visita de María a Isabel, que "cuando Isabel escuchó el saludo de María el niño saltó de alegría en su seno", es decir, por las palabras de María llegó la alegría al corazón de Isabel y de Juan en su seno.
Así tiene que ser nuestra vida: un puente entre Dios y los hombres, porque de la abundancia del corazón hablan los labios, y si nuestro corazón está lleno de los frutos del Espíritu, nuestros labios hablarán de ello y llevarán "alivio a los corazones de los santos".
"Por eso, aunque tengo plena libertad en Cristo para indicarte lo que conviene hacer, prefiero apelar a tu caridad, yo, Pablo, anciano y ahora prisionero por Cristo Jesús".
Y esta frase sirve para que cuando alguien nos da un consejo o nos comenta algo, de parte de Dios, para llevar a cabo, nadie nos obliga a hacerlo, sino que Dios pone a sus instrumentos para ayudarme a vivir de acuerdo a Su Voluntad, pero soy yo quien tiene la libertad de hacer o no hacer lo que me dicen.
Por eso san Pablo no obliga a Filemón sino que "apela a su caridad", apela al amor a Dios y a los hermanos, una hermosa manera de decirnos que si realmente amamos a Dios y a nuestros hermanos actuaremos en consecuencia.

Un servicio especial

De los Sermones de san León Magno, papa

Aunque toda la Iglesia está organizada en distintos grados, de manera que la integridad del sagrado cuerpo consta de una diversidad de miembros, sin embargo, como dice el Apóstol, todos somos uno en Cristo Jesús; y esta diversidad de funciones no es en modo alguno causa de división entre los miembros, ya que todos, por humilde que sea su función, están unidos a la cabeza. En efecto, nuestra unidad de fe y de bautismo hace de todos nosotros una sociedad indiscriminada, en la que todos gozan de la misma dignidad, según aquellas palabras de san Pedro, tan dignas de consideración: También Vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo; y más adelante: Vosotros sois linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo adquirido por Dios.
La señal de la cruz hace reyes a todos los regenerados en Cristo, y la unción del Espíritu Santo los consagra sacerdotes; y así, además de este especial servicio de nuestro ministerio, todos los cristianos espirituales y perfectos deben saber que son partícipes del linaje regio y del oficio sacerdotal. ¿Qué hay más regio que un espíritu que, sometido a Dios, rige su propio cuerpo? ¿Y qué hay más sacerdotal que ofrecer a Dios una conciencia pura y las inmaculadas víctimas de nuestra piedad en el altar del corazón? Aunque esto, por gracia de Dios, es común a todos, sin embargo, es también digno y laudable que os alegréis del día de nuestra promoción como de un honor que os atañe también a vosotros; para que sea celebrado así en todo el cuerpo de la Iglesia el único sacramento del pontificado, cuya unción consecratoria se derrama ciertamente con más profusión en la parte superior, pero desciende también con abundancia a las partes inferiores.
Así pues, amadísimos hermanos, aunque todos tenemos razón para gozarnos de nuestra común participación en este oficio, nuestro motivo de alegría será más auténtico y elevado si no detenéis vuestra atención en nuestra humilde persona, ya que es mucho más provechoso y adecuado elevar nuestra mente a la contemplación de la gloria del bienaventurado Pedro y celebrar este día solemne con la veneración de aquel que fue inundado tan copiosamente por la misma fuente de todos los carismas, de modo que, habiendo sido el único que recibió en su persona tanta abundancia de dones, nada pasa a los demás si no es a través de él. Así, el Verbo hecho carne habitaba ya entre nosotros, y Cristo se había entregado totalmente a la salvación del género humano.

miércoles, 9 de noviembre de 2022

El celo por el Templo

"Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: «Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio».
Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura:
"El celo por tu Casa me consumirá".
Hay religiones que antes de entrar en el Templo se quitan el calzado ¿por qué? Porque entran en un lugar sagrado. Por eso mismo lo hacen en silencio, y se puede sentir el silencio profundo de quienes están en oración, o simplemente observando.
También hay culturas en las cuales al entrar en su casa se quitan el calzado, porque, para ellos, el hogar es un lugar sagrado, el que hay que respetar y cuidar.
Cuando Moisés se acercaba a la zarza ardiendo escuchó una voz que le decía: descálzate porque vas a pisar tierra sagrada. Porque ahí estaba el Señor que le hablaba desde la zarza.
No son grandes sacrificios, son pequeños sacrificios que nos ayudan a mentalizarnos para saber a dónde vamos a entrar. No digo que nos descalcemos al entrar en un templo, pero sí que nos pongamos en situación: vamos a entrar, nosotros los católicos, en el lugar donde sabemos que está el Señor (Sagrario) y es un lugar sagrado, no lo convirtamos en lo que no es.
Vemos, muchas veces, cómo se desvirtúa la sacralidad de los templos porque no estamos en oración, porque estamos charlando con el del al lado o con el de atrás o el de adelante. Incluso, muchas veces, vemos gente arrodillada para poder hablar mejor con el que tiene en el banco de adelante, pero que no se arrodilla para la consagración...
Sí, los pequeños gestos nos ayudan a "meternos" en situación, pues nuestro cuerpo es imagen de nuestro espíritu, y si nuestro cuerpo no está orientado hacia lo que tengo que hacer, poco lo podré hacer, y, aunque guarde una cierta apariencia no siempre estaré haciendo lo que debo, sino que estaré "con la cabeza" en otro lado.
Por eso surge la pregunta ¿soy celoso por el Templo al que voy? ¿Soy consciente que entro en el lugar más sagrado de mi pueblo? Pero, también, surge otra pregunta ¿a qué voy al Templo?

martes, 8 de noviembre de 2022

Siervos inútiles

"¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid:
“Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”».
Si leemos, aunque más no sea, la totalidad de la carta de San Pablo a Tito, vamos a poder descubrir que ni siquiera hacemos lo que se nos ha mandado, porque en nuestro día a día hay muchas cosas que aún no hemos comenzado a vivir. Es más, no llegamos, muchos días a negarnos a nosotros mismos para ponernos en manos de Dios y hacer lo que Él nos pida.
Sí, suena muy mal decir que somos siervos inútiles, pues algo hacemos, pero Jesús nos quiere hacer ver que aún nos queda mucho por hacer. Y, en todo caso de que hiciéramos todo lo que debemos hacer ¿por qué lo hacemos? ¿Por qué hacemos lo que hacemos cada día? ¿Le encontramos o damos un sentido a las cosas que hacemos? ¿Nos hemos "metido" en la rueda de la rutina del mundo y seguimos su ritmo como hamster en su jaula?
Hay muchas cosas que me hace pensar estar carta de Pablo a Tito, y no sólo como sacerdote (menos cuando habla de obispos porque no lo soy ni lo llegaré a ser) por eso no tenemos que particularizar la carta, sino leer en un tono genérico, sin pensar en masculino o femenino, ni en orden jerárquico, sino sólo como ungidos de Dios por el Bautismo que estamos llamados a brindar al mundo una luz nueva por medio de nuestra vida.
Por que si vivimos las mismas cosas que vive el mundo, ¿qué hacemos de nuevo? Si nos enrollamos en todos los rollos mundanos y nos damos al vicio (sea cual sea) ¿qué hacemos de nuevo? eso también lo hacen (y mejor, muchas veces) los paganos.
Por eso mismo, no te gloríes en que has hecho algo nuevo y bueno, sino en que tu vida sea reflejo de la vida de Cristo y, sobre todo, que puedas decir al final del día he intentado hacer todo lo que Dios ha querido con mi vida, pero no he podido llegar ni a la mitad, pero he intentado ¡Señor ayúdame a ser Fiel a la Vida que me pides vivir!

lunes, 7 de noviembre de 2022

Confesar a Dios con las obras

 De la Homilía de un autor del siglo segundo


Mirad cuán grande ha sido la misericordia del Señor para con nosotros: En primer lugar no ha permitido que quienes teníamos la vida sacrificáramos ni adoráramos a dioses muertos, sino que quiso que, por Cristo, llegáramos al conocimiento del Padre de la verdad. ¿Qué significa conocerlo a él sino el no apostatar de aquel por quien lo hemos conocido? El mismo Cristo afirma: A todo aquel que me reconozca ante los hombres lo reconoceré yo también ante mi Padre. Ésta será nuestra recompensa si confesamos a aquel que nos salvó. ¿Y cómo lo confesaremos? Haciendo lo que nos dice y no desobedeciendo nunca sus mandamientos; honrándolo no solamente con nuestros labios, sino también con todo nuestro corazón y con toda nuestra mente. Dice, en efecto, Isaías: Este pueblo me glorifica con los labios, mientras su corazón está lejos de mí.
No nos contentemos, pues, con llamarlo: «Señor», pues esto solo no nos salvará. Está escrito, en efecto: No todo el que me diga: «¡Señor, Señor!» se salvará, sino el que practique la justicia. Por tanto, hermanos, confesémoslo con nuestras obras, amándonos los unos a los otros. No seamos adúlteros, no nos calumniemos ni nos envidiemos mutuamente, antes al contrario, seamos castos, compasivos, buenos; debemos también compadecernos de las desgracias de nuestros hermanos y no buscar desmesuradamente el dinero. Mediante el ejercicio de estas obras confesaremos al Señor, en cambio no lo confesaremos si practicamos lo contrario a ellas. No es a los hombres a quienes debemos temer, sino a Dios. Por eso a los que se comportan mal les dijo el Señor: Aunque vosotros estuviereis reunidos conmigo, si no cumpliereis mis mandamientos, os rechazaré y os diré: «Apartaos de mí vosotros, nunca jamás os he conocido, obradores de maldad.»
Por esto, hermanos míos, luchemos, pues sabemos que el combate ya ha comenzado y que muchos son llamados a los combates corruptibles, pero no todos son coronados, sino que el premio se reserva a quienes se han esforzado en combatir debidamente. Combatamos nosotros de tal forma que merezcamos todos ser coronados. Corramos por el camino recto, el combate incorruptible, y naveguemos y combatamos en él para que podamos ser coronados; y si no pudiéramos todos ser coronados, procuremos acercarnos lo más posible a la corona. Recordemos, sin embargo, que si uno lucha en los combates corruptibles y es sorprendido infringiendo las leyes de la lucha, recibe azotes y es expulsado fuera del estadio.
¿Qué os parece? ¿Cuál será el castigo de quien infringe las leyes del combate incorruptible? De los que no guardan el sello, es decir, el compromiso de su bautismo, dice la Escritura: Su gusano no muere, su fuego no se apaga y serán el horror de todos.

domingo, 6 de noviembre de 2022

Es un Dios de vivos

"Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos".

Al leer este evangelio siempre me trae a la memoria una poesía que nos repetía nuestro padre formador (P. Efraín):
No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de la tumba fría;
Muertos son los que tienen muerta el alma
y aún viven todavía.
Y así es, a veces, pareciera que muchos tienen el alma muerta, y no sólo porque no crean en Dios, sino porque creyendo en Dios han guardado tanto resentimiento, tanto rencor, y, hasta muchas veces odio, que no pueden disfrutar de lo que tienen, no pueden disfrutar de seguir amando, y ni de qué hablar de perdonar.
Nuestro Dios es un Dios de vivos y, lo más importante, es que Vive para darnos Vida y Vida en abundancia, por eso tenemos que estar siempre unidos a Él, lo cual significa que, también, tenemos que estar unidos a nuestros hermanos, porque “si amas a quienes te aman ¿qué merito tienes? Eso también lo hacen los paganos”.
Y esa Vida que Dios nos da la tenemos que “mostrar”, se tiene que ver en nuestras palabras, en nuestras obras, es decir en toda nuestra vida. No podemos andar por ahí, los cristianos que creemos en la Resurrección de Jesús, como si no tuviéramos esperanza, como si no tuviéramos un Dios que ha dado la Vida por mí, somo si fuéramos huérfanos de un Dios que es Padre y, encima, decimos que es Todopoderoso, que ha creado el Cielo y la Tierra, y que nos ha dado a Su Unigénito para que nosotros recuperáramos la filiación divina.
¿Te parecen pocas cosas que ha hecho nuestro Dios por nosotros? Seguro que también en este caminar hay espinas y piedras, tropiezos y caídas, tormentas y nubarrones. Pero también hay sol, hay amor, hay manos tendidas para levantarnos y tantas y tantas herramientas que el Señor pone a nuestro alcance para seguir viviendo, para seguir, como dice san Pablo combatiendo el buen combate de la Fe.

sábado, 5 de noviembre de 2022

Fijaros en los sufrimientos de Cristo

Del Tratado de san Ambrosio, obispo, Sobre el bien de la muerte
 
    Dice el Apóstol: El mundo está crucificado para mí y yo para el mundo. Existe, pues, en esta vida una muerte que es buena; por ello se nos exhorta a que llevemos siempre en nosotros por todas partes los sufrimientos mortales de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nosotros.
    Que la muerte vaya, pues, actuando en nosotros, para que también se manifieste en nosotros la vida, es decir, para que obtengamos aquella vida buena que sigue a la muerte, vida dichosa después de la victoria, vida feliz, terminado el combate, vida en la que la ley de la carne no se opone ya a la ley del espíritu, vida, finalmente, en la que ya no es necesario luchar contra el cuerpo mortal, porque el mismo cuerpo mortal ha alcanzado ya la victoria.
    Yo mismo no sabría decir si la grandeza de esta muerte es mayor incluso que la misma vida. Pues me hace dudar la autoridad del Apóstol que afirma: En nosotros va trabajando la muerte, y en vosotros va actuando la vida. En efecto, ¡cuántos pueblos no fueron engendrados a la vida por la muerte de uno solo! Por ello enseña el Apóstol que los que viven en esta vida deben apetecer que la muerte feliz de Cristo brille en sus propios cuerpos y deshaga nuestra condición física para que nuestro interior se renueve y, desmoronándose la morada terrestre en que acampamos, dé lugar a la edificación de una casa eterna en el cielo.
    Imita, pues, la muerte del Señor quien se aparta de la vida según la carne y aleja de sí aquellas injusticias de las que el Señor dice por Isaías: Abre las prisiones injustas, haz saltar las coyundas de los yugos, deja libres a los oprimidos, rompe todos los cepos.
    El Señor, pues, quiso morir y penetrar en el reino de la muerte para destruir con ello toda culpa; pero, a fin de que la naturaleza humana no acabara nuevamente en la muerte, se nos dio la resurrección de los muertos: así por la muerte fue destruida la culpa y por la resurrección la naturaleza humana recobró la inmortalidad.
    La muerte de Cristo es, pues, como la transformación del universo. Es necesario, por tanto, que también tú te vayas transformando sin cesar: debes pasar de la corrupción a la incorrupción, de la muerte a la vida, de la mortal dad a la inmortalidad; de la turbación a la paz. No te perturbe, pues, el oír el nombre de muerte, antes bien, deléitate en los dones que te aporta este tránsito feliz. ¿Qué significa en realidad para ti la muerte sino la sepultura de los vicios y la resurrección de las virtudes? Por eso dice la Escritura: Muera yo con la muerte de los justos, es decir, sea yo sepultado como ellos, para que desaparezcan mis culpas y sea revestido de la santidad de los justos, es decir, de aquellos que llevan en su cuerpo y en su alma la muerte de Cristo.

 

viernes, 4 de noviembre de 2022

No sigais al mundo

 San Pablo le dice a los Filipenses, y nos dice a nosotros:
"Porque - como os decía muchas veces, y ahora lo repito con lágrimas en los ojos - hay muchos que andan como enemigos de la cruz de Cristo: su paradero es la perdición; su Dios, el vientre; su gloria, sus vergüenzas; sólo aspiran a cosas terrenas".
Como dice Jesús en San Mateo:
"Digan sí cuando es sí, y no cuando es no; cualquier otra cosa que se le añada, viene del demonio".
Y esto me lleva a recordar lo del Apocalipsis:
"Conozco tus obras: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero porque eres tibio y no frío o caliente, voy a vomitarte de mi boca".
¿Por qué estas frases? Porque como católicos, como cristianos, debemos formarnos en la radicalidad de nuestra vida, y, hoy en día no estamos por ser fieles a Dios, a Su Voluntad, sino a lo que viene del mundo. A Dios lo dejamos para algunas horas o minutos durante la semana, si es que lo tenemos en cuenta. Y esto no quiere decir si vamos o no vamos a misa, sino que no vivimos según lo que somos: hijos de Dios, cristianos.
Si miramos nuestras vidas, y lo tenemos que hacer cada día para sabrer por dónde caminamos, vamos a descubrir que estamos más cerca de lo que el mundo nos exige que de lo que Dios nos pide. Los valores cristianos del evangelio no los tocamos en nuestra vida, salvo alguno que nos pueda interesar, pero no los que nos hacen verdaderos cristos en medio del mundo. Nos dejamos llevar por las cosas terrenas y no por las espirituales.
La oración, la refelxión de la Palabra, la vida sacramental no son, en lo general, valores que tengamos que conservar y valorar en nuestra vida cotidiana. Esas cosas las dejamos para las personas mayores que tienen tiempo, o, en todo caso, para las mujeres mayores que poco tienen que hacer en sus casas.
Sí, seguro que hay una minoría de nuestra sociedad que vive lo contrario, que busca con mucho ahínco la Voluntad de Dios y por eso se esfuerza, constantemente, de ser Fiel a lo que Él quiere y no a lo que el mundo nos invita a vivir.
Claro que no es fácil seguir a Dios cuando el mundo nos ofrece tantas cosas muy buenas, cuando nos hace creer que el tener es lo que nos da más brillo y que cuanto más títulos y masters tengas eres mejor y más bueno, pero llega el momento en donde todo eso lo único que muestra es un gran profesional, pero al acabarse el tiempo del profesional ¿qué es lo que queda en el centro de la persona?
Dios es el centro y el sentido de nuestra vida, Su Voluntad es lo que nos dignifica y plenifica y aunque nos cueste renunciar a muchas cosas, sabemos y confiamos que lo que Él nos da es lo que más felicidad traer a nuestra vida porque le da sentido y plenitud.

jueves, 3 de noviembre de 2022

Alegráos con el Señor!

“¡Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido”.
Os digo que la misma alegría habrá tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».
En el cielo hay fiesta por los que se convierten y vuelven a Dios, pero ¿en la tierra nos alegramos por los que vuelven a la Iglesia?
Muchas veces escuchamos: necesitamos que haya más jóvenes, tenemos que hacer pastoral de jóvenes, tenemos que invitar a más gente para esto o para aquello, pero cuando llegan a nuestras comunidades con nuevas ideas, con nuevo impulso, con ganas de vivir la alegría del cristianismo, lo primero que se les dice es: aquí eso no se hace, aquí no se puede saltar, no se puede aplaudir, no se puede cantar, no se puede... toda la vida se hizo así... Y en lugar de alegrarnos por que Dios nos ha enviado a gente nueva los alejamos nuevamente porque somos demasiado viejos y egoístas como para ver lo nuevo de Dios.
Una vez en una comunidad les decía: invitaré a gente nueva, pero ¡cuidado! con decirles aquí eso no se hace porque toda la vida se hizo así. Si Dios nos envía aquellos que rescata y nos los manda a las comunidades con un espíritu nuevo ¿por qué debo ser yo quien le ponga trabas a Dios?
Es que somos muy egoístas los que formamos las comunidades cristianas y no dejamos que los que quieren formar parte con un espíritu nuevo lo puedan hacer.
Lo veía en los comentarios que mucha gente de iglesia, sacerdotes y laicos, hacían de lo que pasó en Roma con los jóvenes. Unas críticas tan destructivas que podrían decir: con esta clase de gente no quiero tener nada que ver pues vuelven a ser los agríos de siempre, quieren que participemos pero que nos encorcetemos a lo viejo. Dejad que Dios inspire cosas nuevas. ¿Dónde habéis visto a tantos jóvenes adorar al Santísimo Sacramento todas las semanas una hora? Dejaos de tanto fariseismo y abrir las ventanas al nuevo soplo del Espíritu que quiere renovar el aire viciado de nuestra Iglesia.
¡Alegraós por tantos que vienen al Señor!

miércoles, 2 de noviembre de 2022

Nos volveremos a reencontrar

Dice el evangelio que cuando Jesús llegó a Betania y fue hasta la tumba de Lázaro lloró porque lo quería mucho. Sí, era su amigo, con el que había compartido muchas horas, muchas charlas, y ese amigo había muerto, y la muerte, hasta al Hijo de Dios le hizo llorar.
Ahí es cuando vemos que el llanto ante la muerte de un ser querido no es un signo de debilidad, de desesperanza, sino que es el sentimiento más puro y noble, pues la tristeza de saber que ya no tienes a quien estaba a tu lado, a quien te escuchaba, a quien abrazabas, a quien... es mucha, es profunda.
Jesús sabía qué era lo que había después de la muerte, pues Él había venido del Padre y volvería a Él. El sabía que en la Casa del Padre hay muchas moradas y que todos, quizas, iremos a habitar una cuando nos llegue el momento. Él sabía que la muerte no era el final. Pero igualmente lloró.
Pero sus lágrimas se volvieron paz y alegría pues Él mismo venció a la muerte, y nos los demostró resucitando a Lázaro: ¡Lázaro sal fuera! y Lázaro dejó la tumba vacía y volvia a la vida, volvió a estar con Él, con sus hermanas, hasta que llegó de nuevo el momento de volver al Padre, pero ahora con la seguridad que tendría una Nueva Vida porque Jesús ya había resucitado y nos había devuelto la Vida Verdadera. El Camino ya había sido recorrido y marcado con su Vida, por eso, seguramente Lázaro moriría con tranquilidad sabiendo que ahora sería él quien se encontraría con su amigo en la Nueva Vida, en el Reino del Padre.
"Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí».
Nosotros ya sabemos cuál es el Camno. Sabemos como es la Casa del Padre. Pero igual que Jesús nos entristece la muerte en cada momento de la vida, porque cada día compartimos la tristeza de los que lloran por sus seres queridos, cada día alguien que conocemos vuelve a la Casa del Padre. Y muchas veces nos toca despedir a quienes amamos, a quienes nos han dado la vida, a quienes hemos conocido y hemos entablado una relación de amistad.
Sí, la tristeza es parte del camino, así como la muerte es parte del Camino. La tristeza se transforma en esperanza cuando la Fe nos ayuda a descubrir cuál es la Nueva Vida que nos espera y que los que se nos adelantan ya viven. Y la muerte sabemos que es la Puerta al Reino Eterno, donde ya no hay muerte, ni dolor, ni duelo, ni tristeza, sino sólo paza, alegría y amor eterno, pues veremos al Padre tal cual es y compartiremos con todos los santos y elegidos la Vida que esperamos y por la cual, cada día, nos entregamos a vivir: venga a nosotros Tu Reino, pero en realidad somos nosotros quienes construimos e iremos al Reino.
Por eso hoy es, también, un día para dar Gracias a los que partieron al Reino, pero que antes de partir dejaron nuestros corazones llenos de nuevos valores, que nos dejaron el corazón lleno de sabiduría y de esperanza, una esperanza que nace del Don de la Fe que nos regalaron y que hicieron posible, pues sabemos que un día compartiremos con ellos el Amor eternos y en un abrazo sin fin nos volveremos a reencontrar.

martes, 1 de noviembre de 2022

Feliz día de todos los santos

Soleminidad de todos los santos. Es la fiesta que celebramos en todo el mundo católico. Pero me gusta pensar que no es sólo la fiesta de aquellos que están canonizados, es decir, los que están en los altares y son exaltados para ser modelos de nuestras vidas. Sino que, también, como llama San Pablo a los cristianos de las comunidades: a todos los bautizados, pues hemos sido todos santificados por el Espíritu Santo que se nos ha dado. Por eso, también, es nuestra fiesta. Una fiesta que debemos celebrar y meditar para nuestro caminar diario, pues ya no somos personas normales, sino que somos, como dice San Juan:
"Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no lo conoció a él".
Está claro que muchas veces no nos comportamos como tales, pero que lo somos, lo somos, y eso no nos lo quita nadie, aunque intentemos borrar la página del libro de bautismo. Hemos sido sellados con el sello del Espíritu Santo y eso queda para toda la eternidad.
"Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es".
Es cierto que todavía no hemos, sobre todo algunos, manifestado lo que somos porque nos cuesta mucho ser totalmente fieles a la Voluntad de Dios, por eso necesitamos seguir intentando: acercándonos cada vez más a la oración, a la reflexión de la Palabra, a la vida eucarística y sacramental. Todo eso son instrumentos de Gracia para fortalecer nuestro espíritu y seguir caminando, seguir creciendo y madurando como hijos de Dios, como lo que el Padre pensó desde siempre para nosotros: "santos e irreprochables en su presencia por el Amor".
"Todo el que tiene esperanza en él se purifica a si mismo, como él es puro".
Y la esperanza es lo último que debemos perder, pues la esperanza es lo que nos anima cada día a levantarnos de nuestras caídas, a alegrarnos de nuestras debilidades y a buscar la fortaleza en la única fuente que da Vida: Nuestro Señor Jesucristo. Su Vida es la única que nos fortalece y convierte y nos anima a seguir combatiendo el buen combate de la fe, hasta que lleguemos al Encuentro con nuestro Dios y Señor, dejando, sobre la tierra y la historia una huella de santidad.