Del Tratado de san Juan de la Cruz, presbítero, Subida del monte Carmelo
La principal causa por que en la ley de Escritura eran lícitas las preguntas que
se hacían a Dios y convenía que los profetas y sacerdotes quisiesen revelaciones
y visiones de Dios era porque aún entonces no estaba bien fundamentada la fe ni
establecida la ley evangélica, y así era menester que preguntasen a Dios y que
él hablase, ahora por palabras, ahora por visiones y revelaciones, ahora en
figuras y semejanzas, ahora entre otras muchas maneras de significaciones.
Porque todo lo que respondía, y hablaba, y revelaba eran misterios de nuestra fe
y cosas tocantes a ella o enderezadas a ella.
Pero ya que está fundada la fe en Cristo y manifiesta la ley evangélica en esta
era de gracia, no hay para qué preguntarle de aquella manera, ni para qué él
hable ya ni responda como entonces, porque en darnos, como nos dio, a su Hijo,
que es una Palabra suya -que no tiene otra-, todo nos lo habló junto y de una
vez en esta sola Palabra, y no tiene más que hablar.
Y éste es el sentido de aquella autoridad con que comienza san
Pablo a querer inducir a los hebreos a que se aparten de aquellos modos primeros
y tratos con Dios de la ley de Moisés y pongan los ojos en Cristo solamente,
diciendo: Lo que antiguamente habló Dios en los profetas a nuestros padres de
muchos modos y de muchas maneras, ahora, a la postre, en estos días nos lo ha
hablado en el Hijo todo de una vez. En lo cual da a entender el Apóstol que Dios
ha quedado como mudo y no tiene más que hablar, porque lo que hablaba antes en
partes a los profetas ya lo ha hablado en él todo, dándonos al Todo, que es su
Hijo.
Por lo cual. el que ahora quisiese preguntar a Dios o querer alguna visión o
revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios no poniendo los
ojos totalmente en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad.
Porque le podría responder Dios de esta manera: «Si te tengo ya habladas todas
las cosas en mi Palabra, que es mi Hijo, y no tengo otra, ¿qué te puedo yo ahora
responder o revelar que sea más que eso? Pon los ojos sólo en él, porque en él
te lo tengo todo dicho y revelado, y hallarás en él aún más de lo que pides y
deseas.
Porque desde aquel día que bajé con mi Espíritu sobre él en el monte Tabor,
diciendo: Éste es mi amado Hijo en que me he complacido; a él oíd, ya alcé yo la
mano de todas esas maneras de enseñanzas y respuestas y se la di a él. Que si
antes hablaba, era prometiendo a Cristo; y si me preguntaban, eran las preguntas
encaminadas a la petición y esperanza de Cristo, en que habían de hallar todo
bien como ahora lo da a entender toda la doctrina de los evangelistas y
apóstoles.»
lunes, 6 de diciembre de 2021
Dios nos habló por medio de su Hijo
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