"Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios.
Esperábamos en él y nos ha salvado.
Este es el Señor en quien esperamos".
Ese día llegó y aunque nunca estuvimos en el milagro de la multiplicación de panes, ni pudimos tocar las llagas de sus manos, creemos que es el Señor quien nos salva y sana, quien nos abre los ojos a la Verdad, al Amor, al Perdón, a la Paz, "pero no como los da el mundo", sino como los quiere y nos lo regala Dios.
"Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
«Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino».
Hoy somos nosotros, los que hemos conocido y creído en el Amor de Dios, los Doce a quienes Jesús nos llama y nos pide que vayamos a alimentar el hambre del hombre, que nos llama y nos envía a llevar al Buena Noticia de la Salvación, quien nos llama y nos pide que sembremos el Verdadero Amor, la Verdad Paz, el Verdadero sentido de la Vida en los corazones de los hombres que viven angustiados, cansados, desesperanzados.
Y ¿cómo le respondemos?
A veces el Señor escucha la misma respuesta que los discípulos:
"Los discípulos le dijeron:
«¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?».
No podemos responderle a Jesús con otra pregunta, sino que debemos confiar que cuando Él nos llama, cuando Él nos envía es porque tiene la solución, la Gracia suficiente y necesaria para que el milagro se produzca. Lo que Él neceesita es nuestra disposición para hacer lo que Él nos pide sin preguntar, sabiendo, pues lo conocemos, que todo lo que nos pida lo podremos hacer, no porque esté en nuestras capacidades, sino porque está en su Poder, en Su Gracia, en Su Espíritu.
¿Sólo tienes dos panes y dos pescados? Es suficiente para alimentar a miles, no porque tú puedas multiplicarlos, sino porque Él puede hacer el milagro si lo dejas todo en Sus Manos.
Y no te preocupes pensando que no te quedará nada para tí, que ya no tendrás tiempo para tí, que no te responderán, que no... cuando dejas todo en Sus Manos siempre hay mucho más para tí, y para seguir repartiendo mientras se necesite, y mientras Él te necesite para seguir saciando el hambre del hombre.
"Él mandó que la gente se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente.
Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete canastos llenos".
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