martes, 14 de diciembre de 2021

Vanidad espiritual

"Jesús les dijo:
«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».
Muchas veces me acuerdo de algo que dijo, alguna vez, el P. Efraín (mi formador y padre espiritual): creo que estamos seguros de quiénes van a ir al infierno, pero nos asombraremos más (si llegamos) cuando en el Cielo no estén los que creian que iban a estar.
Es más o menos lo que decía Jesús. Hay una "vanidad espiritual" en algunos que se creen mejor que los otros y que, por eso, piensan que pueden alcanzar y decir lo que se les canta porque ya han conseguido la santidad, lo que en el refranero popular decimos: más papistas que el papa.
Por lo mismo Jesús ha dicho: "no son los sanos los que necesitan al médico, sino los enfermos". Y, a veces, creo, que los que se consideran muy sanos no tienen en cuenta que, también en ellos, hay pecado original, y por esa vanidad espiritual que han dejado vivir en sus corazones, no llegan a convertirse verdaderamente en discípulos de Cristo, sino que se quedan como simples fariseos mirando y criticando lo que otros hacen en bien del Evangelio.
Y, claro, que en eso podemos llegar a caer todos, porque, lamentablemente, el pecado original habita en todos. Por eso, en este tiempo cercano a la Navidad, se nos presentan estas lecturas para ir "acomodando" nuestro corazón para un Nuevo Nacimiento, que, en realidad, como dice una canción "todos los días es navidad", y, así, todos los días tenemos que nacer de nuevo, porque en el día a día se nos van "pegando" costumbres mundanas que nos impiden ver con claridad hacia dónde nos quiere llevar el Señor..
«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue.
Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue.
¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?».
Es una hermosa pregunta para hacernos todos los días, y así, ir mejorando y buscando siempre el mejor de los caminos que, seguramente no es el más fácil de recorrer, pero sí el que nos lleva a la verdadera Vida en el Señor.

 

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