jueves, 23 de diciembre de 2021

Siempre se hizo así...

"A los ocho días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre intervino diciendo:
«¡No! Se va a llamar Juan».
Y le dijeron:
«Ninguno de tus parientes se llama así»
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre».
Este párrafo del evangelio me hizo recordar a aquella gente que se quiere meter en todo y no le permite a otros seguir el camino de la Voluntad de Dios. Confiados o seguros en lo que "siempre se hacía", intentan doblegar a los demás para que hagan lo que ellos opinan que hay que hacer, pero no se dejan iluminar por el Espíritu, que es Quien sabe lo que Dios quiere.
No somos o no son pocos los que intentan "meterse donde no los llaman" para iluminar, según ellos, lo que los demás tienen que hacer. Pero ¿estamos seguros que lo que yo digo es lo que el otro tiene que hacer? ¿Me he preguntado si lo que yo opino es lo que Dios quiere para la otra persona? O ¿no será que quiero que los demás hagan lo que yo quiero para seguir teniendo "poder" sobre los demás?
No nos olvidemos que el pecado original habita en nosotros y, muchas veces, es el pecado quien dicta nuestras normas y no el Espíritu Santo. Sino miremos lo que pasa en este párrafo del Evangelio: los parientes y amigos querían que el nombre del chiquillo sea Zacarías como su padre, porque eso era lo que siempre se hacía. Pero Zacarías tenía el mensaje del Ángel de cómo se tenía que llamar el niño. Quizás si le hubiesen hecho caso a la gente que opinaba, por el tema esa de no querer quedar mal, a Zacarías no le hibiese vuelto el hablar. Sin embargo por ser obediente al mensaje de Dios Zacarías comenzó a halbar.
No siempre lo que se hizo siempre es lo que Dios quiere que se siga haciendo. Seguramente lo que se hizo siempre es más fácil, lo sabemos hacer, y nos da más seguridad. Pero ¿si Dios quiere otra cosa? ¿Si Dios quiere que hagamos tal o cual cosa? ¿A quién hay que hacerle caso?
Dice la Escritura: "maldito el hombre que pone su confianza en el hombre", o, como le dijo Pedro a los Sumos Sacerdotes: "hay que obedecer a Dios antes que a los hombres".
Por eso, cuando se nos venga a la cabeza "siempre se hizo así", enseguida tengo que cerrar los ojos y pensar: ¿y Dios cómo quiere que se hoy se haga?" Él que vino a hacer nuevas todas las cosas nos pide que también hagamos nuevo nuestro corazón, que dejemos que sea el Espíritu Santo quien ilumine nuestro día a día y nos ayude a transformar el mundo con su Luz y su Vida.

 

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